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Viernes, 12 de febrero de 2010

Vení que te cuento

Las tardes de verano se prestan para la charla íntima. Sobre todo si hay aire acondicionado y un té bien servido, como ése del que dieron cuenta Naty Menstrual –escritora– y Maiamar Abrodos –actriz, escenógrafa y docente– en un café que, ellas dicen, ya no se llamará Tortoni. La construcción de la identidad, la transformación del cuerpo, la sexualidad, el género, el amor, los sueños, los prejuicios; la vida misma, en definitiva, en una charla imperdible.

Naty Menstrual: Nos conocimos en la presentación de la última revista El Teje y te vi con un look diferente: me hiciste acordar a la estética del cine de los años ’30, el cine de oro argentino. Ese maquillaje, el pelo rubio, corto, medio ondulado... toda vestida de negro con ese tapado. Estabas platinada, ¿no?

Maiamar Abrodos: –Sí... me oscurecí el pelo.

Te confieso que me llamó mucho la atención, en lo poco que hablamos, la decisión tardía de cambiar de sexo, de transformarte.

–No, no fue tardía. En realidad, tardío fue descubrir que podía y cómo podía hacerlo. La decisión es de toda mi vida, lo que pasa es que descubrí tarde que podía vivir como mujer libremente, sin pruritos.

¿A qué edad empezaste la transformación?

–A los 41.

Pero... vos decís haber descubierto recién a los 41 que podías vivir como mujer; sin embargo, atravesaste épocas en las que era sabido que las cosas habían avanzado muchísimo.

–Sí, pero hay cosas que se saben en núcleos, círculos de personas que están ligados al tema. Pero la mayoría no lo sabe.

¿Vos no estabas relacionada con grupos de chicas trans?

–En realidad yo soy actriz, me relacionaba en un ambiente actoral y no conocía chicas trans, ni tenía vinculación. Sabía que existían, que había, por supuesto, pero no conocía a nadie personalmente. De todos modos, creo que, más allá de lo que podés saber, es una instancia en tu vida, una instancia interna, como si dijeras: “Bueno, yo construí hasta acá, que era lo que podía construir, pero así no puedo seguir más”. En ese momento fue una decisión mezclada con otras, personales, complicadas. Fue jugarme a estar en la vida siendo yo misma.

¿Andabas como gay antes del cambio?

–Era como gay y como andrógina.

¿Ya tomabas hormonas?

–No, yo empecé el tratamiento hormonal cuando empecé el cambio. Hay gente que me pregunta desde cuándo me visto de mujer, y yo digo desde hace muchísimos años, lo que pasa es que jugaba a esa androginia, a esa cosa de artista, social, desde los 18.

¿Y ahora cuántos tenés...?

–43. Fueron muchos años donde no cuadraba en ningún lado, porque tampoco cuadraba como gay, ni como travesti, ni como trans; no cuadraba. Ahora puedo entender qué pasaba con mayor claridad.

¿Qué era?

–Que yo nunca me sentí hombre, jamás. Y ése fue el tema central en mi vida.

Y las relaciones humanas, la gente, tu familia, ¿cómo te trataban? ¿Los hombres?

–Las relaciones humanas se mantenían un tanto distantes; mi familia... nada, una vinculación rara. No se habla... mucho. No es que no supieran, pensarían que era gay. Nunca oculté nada.

¿Seguís relacionándote con ellos?

–Sí. Cuando hice el cambio, fue clarísimo para todos. Porque realmente mi vieja me dijo un día que ella lo veía siempre, pero que no sabía qué hacer, ni cómo hacerlo. Ahora mi vieja tiene miedo a la operación, como a cualquier operación. En eso puedo decir que no he tenido problemas vinculares en nada.

Vos sos docente.

–Soy docente en el IUNA, en el Instituto de Arte Dramático; y en la EMAD (Escuela Metropolitana de Arte Dramático) soy docente de escenografía y vestuario, que fue mi primera carrera. Antes de ser actriz me recibí de escenógrafa y vestuarista.

¿En tu carrera de actriz siempre hiciste roles femeninos?

–Al principio, en la escuela no me dejaban hacer personajes femeninos. Después, en mi proceso, dije: “Bueno, basta de hacer de hombre”. Y llegó un momento en que sentía que mi vida sólo pasaba por el escenario. Una vez, una amiga me dijo: “En el escenario se te ve feliz, y en la vida se te ve como amargado”. Era amargado. Vivía amargado.

¡Qué buen regalo que te hiciste a vos misma cuando decidiste dejar de ser amargado!

–En realidad, fue decidir seguir viviendo.

¿Por qué? ¿Estabas a un punto de...?

–Sí... estuve a un punto, pero... me angustia un poco pensar en esa situación porque pensás que nunca va a llegar, pero hay un momento en que no te da más la vida. Y ahora lo puedo tomar con más tranquilidad. Porque a veces me cuestiono qué hice 40 años de mi vida, qué hice conmigo. Hice lo que pude hacer.

¿No pensás que a veces uno se maneja como centro del universo y te das cuenta de que, más allá de un problema propio, observás que hay mucha gente que se hace esa pregunta por encima del tema sexual? Hay gente que vive hasta los 40 casada con alguien que no quiere. Yo te veo a vos, que pudiste tener un lugar, dar clases de algo que te gusta. Hay un montón de logros. Pero es como que uno centrara la energía en algo específico y le resta importancia a todo, ¿no?

–Lo que te pasa es que quizás hay que aprender en el tránsito que las cosas te pueden y que hay un punto en que se ancla el dolor. Yo soy muy shakespeareana, tengo que aprender que no es necesario el dolor.

Uno a veces se regodea en el dolor, si vos te ponés a pensar... ¿Qué es lo que te impedía decidir a los 30, o a los 35, lo que decidiste hoy?

–Estar conviviendo con reglas burguesas de la sociedad, de la educación, de un montón de mandatos que son difíciles de erradicar y que hoy en día aún las sigo teniendo; viviendo ya como mujer, sigo teniendo un montón de asociaciones burguesas ridículas. Sabés que son ridículas, pero emocionalmente no las podés superar.

Si fuera tan fácil, seríamos todos inmensamente felices. ¿Cómo es tu relación con el espejo?

–Viene mejorando de a poco, a medida que me voy viendo mejor yo.

¿No se te dan relaciones, digamos, bipolares con el espejo? ¿Verte hombre, encontrarte mujer... más femenina, menos femenina...?

–Sí... más femenina, menos femenina. Hay una película que me representa porque es lo que a mí me pasó, Mi vida en rosa. Yo de chica pensaba que había un error que se iba a corregir, que la lógica de Dios, del mundo, del cosmos, de lo que sea, lo iba a corregir...

¿Tuviste una niñez con dolor?

–Tuve una niñez intermedia...

Digo con el entorno, con los compañeros de colegio... ¿eras el maricón del barrio?

–Claro. No el maricón: el puto, el puto total del barrio. Lo sufría, eso sí que lo sufría y también me aislaba, me aislaba bastante. Tenía, sí, muchas amigas...

Como todas...

–Amigas, millones. Y novios. Sueños de novios.

¿Sueños de novios solamente?

–Sí, porque no podía decir nada; yo me sentía una nena, pero los demás no veían una nena.

¿Y cuándo dejaron de ser sueños?

–Todavía son sueños.

¿O sea que pasaste al contacto carnal con lo masculino más que a lo sentimental?

–Tampoco he pasado por muchos contactos carnales en mi vida. He tenido muy pocas relaciones en mi vida. Muy pocas.

¿Cuántas?

–Siete relaciones concretas en la cama... Novio no tuve nunca; tuve un amor muy grande, con quien nunca concreté nada, pero esperé mucho tiempo ese amor...

¿Era un amor tuyo o de dos?

–No sé, yo sigo creyendo hoy que fue amor, pero él nunca habló. Aunque hoy ya estoy muy tranquila conmigo misma. El es un hombre heterosexual.

En tu vida, como necesidad principal, ¿no está el amor?

–Sí, está, pero no aparece. De alguna manera lo fui sublimando, pero sigo creyendo que no puedo vivir sin el amor.

Me estabas contando anteriormente que primero te pusiste los pechos y ahora estás por hacerte el cambio de sexo.

–Sí, estoy esperando la sentencia de la jueza para operarme y el cambio de documentación. Ya hice la pericia médica y psiquiátrica, y me dio que estoy apta para la operación de cambio de sexo.

¿Estás en el Hospital Durand haciendo el tratamiento?

–Sí, estoy en el Durand, con el doctor Adrián Hellien, psiquiatra, el que te hace la admisión; y con el doctor Nagelberg, que es el endocrinólogo, del grupo del doctor Oscar Levalle.

Hablando con otra chica, me contaba de un análisis que le hacían para ver el porcentaje de hormonas femeninas o masculinas que tenía en el cuerpo.

–A mí me dio alta la población de hormonas masculinas; pero cuando empecé la hormonación, mi cuerpo la absorbió muy bien.

¿Vos pensás que, según dicen, el puto nace, se hace, es desequilibrio hormonal, es puto cultural, es puto edípico, es puto educacional?

–Mirá, yo creo que depende, hay gente que es XXY y no lo sabe, no es gay y no está vinculado con la sexualidad. Yo creo que la sexualidad viene en otro plano, que la identidad de género es otro plano.

¿Como qué plano?

–Yo podría, por ejemplo, ser lesbiana –que no lo soy–, gustarme las mujeres y nunca jamás haberme sentido varón.

Es más complejo de lo que la gente piensa.

–Mucho más complejo; a mí no me toca porque siempre tuve una mirada heterosexual desde un lugar específicamente femenino, en ese aspecto ni siquiera gay, pero creo que hay que desvincular, que hay que romper con esta cosa de los estigmas y de los nombres.

Cuando empezaste a dar clases con esa androginia, ¿cómo fue la reacción de los alumnos?

–Nunca tuve problemas. Igual, siempre di clases a adultos.

Y se supone que, por el medio donde te habías insertado, era gente artista, gente más abierta...

–No te creas que el medio promueve tanta apertura; es mucho más pacato de lo que aparenta. Tiene códigos establecidos, lo que pasa es que, por ser cool, hay cosas que no se dicen.

Hipocresía...

–Claro, hay mucha. A veces te das vuelta y capaz que dicen “mirá este hombre que se cree mujer”, o boludeces de ese tipo, o “este travesti”. Porque lo peor que hay es eso.

Pero también hay gente que el tema del género no lo maneja del todo, y no a propósito o por maldad; muchas veces la intención tiene más peso que la palabra en sí.

–Lo que pasa que muchas veces coincide la intención con la palabra. Igual yo creo que los grandes destructores de todo esto son, últimamente, los medios de comunicación, que juegan con la sexualidad y que en realidad tendrían que darse cuenta de que un buen medio de comunicación tiene que educar a una sociedad, y están mal educando cada vez más y creando cada vez más violencia. Y no sólo contra el puto.

Volviendo atrás, por lo visto ni siquiera sos típica en lo sexual. En general, el puto y la travesti se identifican con una conducta promiscua, con coger, coger, coger y coger.

–Soy más típica transexual; en general, las chicas transexuales somos bastante así. El problema no es el amor: me parece que el problema está cuando el amor se vincula con el afuera.

Es el prejuicio... Más de uno se enamoraría, pero...

–No lo puede sostener o no lo puede mostrar.

¿Te pasó con alguna relación?

–Yo creo que sí.

Vos antes dijiste que eras muy shakespeareana y tenés como un alma compleja muy sensible, muy sentimental...

–Sí...

Esa sensibilidad es la que hace todo más difícil, elijas lo que elijas...

–Quizá por creer en un ideal, en el príncipe azul..

Dicen que, tarde o temprano, los príncipes azules también destiñen...

–Pero recién me estoy dando cuenta.

¿Estás disfrutando de esta vida sola?

–Estoy muy cansada últimamente, pero por mucho trabajo; estoy nerviosa por la espera de la operación...

Conozco a otra chica que presentó la demanda para el cambio de sexo, y me dijo que se le está haciendo más larga la espera de lo que pensaba. ¿Pensás que la ley se retrasa, como toda ley, o por algo en particular?

–Yo no me puedo quejar porque desde que empecé la demanda, o el amparo, fue muy rápido lo mío. Lo que pasa es que me la habían rechazado de un juzgado porque a veces se declaran incompetentes con el tema y pasa a otro. Yo ya soy una mujer de 43 años, profesional, universitaria, tengo una vida lógica, entre comillas. ¿A mí qué me pueden decir? ¿Que no? Bueno, apelaré si es un “no”.

La pelearé...

–La pelearé, sí; lo que nunca hice lo voy a tener que hacer con la Justicia; tengo muy claro lo que quiero.

Se sentaron precedentes acá en la Argentina. ¿O no?

–Sí, pero no sé cuántos. Y no quiero hablar por hablar, como algunos que salen hablando boludeces en los medios diciendo que nosotras, las que nos operamos, nos volvemos locas y que nos suicidamos.

Se corre esa bola...

–Una ridiculez total. Que entren en la página de Carla Antonelli en España, por ejemplo.

Pueden ser mitos que hayan quedado de otros tiempos cuando se castraban, por decirlo de alguna manera.

–Pero, ¿por qué se castraban algunas? Porque era la única manera que tenían de que las operaran, aunque parezca una locura. Pero cuando leés en el diario anuncios que dicen “Te hago volver el amor a cualquier precio”... ¿No es una locura querer imponerle a una persona que esté con vos? ¿Cuántas locuras hay? ¿No vivimos en ámbitos de locura, desesperados?

La diferencia asusta también...

–Lo desconocido asusta, los estereotipos de la sociedad. Hay que empezar a romper con eso y con las críticas. Mucha gente ha criticado a Florencia de la V, pero ella logró llegar a la sociedad y ponernos en un lugar más de lo cotidiano. Y eso es bueno, más allá de su capacidad artística.

Cambiando de tema, la relación con tu pene, ¿cómo fue y cómo es?

No es buena, nunca lo fue. En lo cotidiano, sí.

¿Te masturbabas?

–Sí, pero nunca lo quise; por suerte, cuando empecé la hormonización, la cosa se fue transformando.

Y en las situaciones sexuales, cuando tenés una elección como la tuya, ¿cómo es el tema del goce, del disfrute? Uno tiene algo tan machista que piensa que un tipo sólo goza si acaba.

–Lo que pasa es que para mí ahora todo es distinto, porque es todo el cuerpo, no es una parte nada más. Es todo tu cuerpo cuando estás caliente; ahora para mí pasó a otro lugar, antes se focalizaba en un lugar que tampoco entendía mucho, yo no entendía qué me pasaba. Tengo un montón de amigos gays y sus relatos con lo erótico son muy diferentes y opuestos a los míos.

Es como que se les para la pija y punto.

–Claro, es más como que la meten fácilmente en cualquier lado. Más allá de ser pasiva toda mi vida, yo no puedo estar con alguien si no siento algo.

El sexo vendría a ser algo que se deriva del amor, como un cierre...

–No digo que no pueda ser pasional, erótico y único; puede ser, pero como resultado del amor. Tiene que existir algo más. A mí no me ha sucedido de otra manera.

¿Cómo te ves después de la operación de cambio de sexo?

–Tengo un montón de fantasías pero, la verdad, no sé. Quiero sentirme en paz conmigo misma, sentirme entera, que ésa es una sensación que hasta hoy no puedo sentir.

Yo pienso mucho en la vejez. El otro día pensaba: “Yo ahora me visto de mujer, me hago la exótica”. Y dentro de mi mambo, pienso: “Ser viejo debe ser complicado para todos, pero ser un puto viejo, ¿será peor?”.

–Y ser transexual y vieja, no lo sé, pero calculo que seré como una viejita.

¿De cuáles mujeres aprendiste?

–De mi abuela, de mi vieja, de Ascensión, que fue la señora que trabajaba en mi casa cuando era chica y me crió junto a mi mamá; de Marta Serrano, de Nora Rodríguez, que fueron profesoras mías, actrices. Mujeres de armas tomar, no eran mujeres Heidi. Yo soy machona también, eh...

Somos tan machistas y vivimos en un patriarcado tan marcado que ser decidida y tomar las armas se asocia con lo masculino.

–Ya te dije antes que hay libertades que las podés tomar y vivir, y hay otros mandatos que te cuesta mucho sacarte de encima.

¿Pensás que una mujer puede transgredir o enfrentarse al mundo sólo tomando una actitud masculina?

–No, para nada, hay mujeres que han transgredido y quedan vinculadas con el mundo desde un lado muy femenino y profundo. Se viene la era de la mujer, y hay que aceptarlo y vivirlo.

Bueno, esperemos que puedas recibir esta era con tu nueva conchita.

–Y que la pueda estrenar muy bien.

Ese debe ser un tema también.

–Y sí, ya veremos qué pasa.

Estrenarla con amor...

–Bueno...

Ya te me estás liberando un poco...

–Pero es porque estoy aprendiendo; de a poco voy a aprendiendo que no todo tiene que ser amor, ni encanto.

Fue realmente emocionante la charla. Empezaremos a disfrutar de la era de la mujer que decís que se aproxima.

–Empezaremos...

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Imagen: Sebastián Freire
 
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