soy

Viernes, 9 de abril de 2010

SALIO

El alma del álbum

LA LLUVIA ANTES DE CAER Jonathan Coe
ed. Anagrama
250 paginas


Por Daniel Gigena

Desde La cámara lúcida, que Roland Barthes escribió luego del fallecimiento de su madre a partir de un ordenamiento de fotos, el vínculo entre fotografía y muerte quedó establecido. El teórico creaba conceptos para explayarse sobre las reacciones emocionales, las respuestas instrumentales y las constelaciones de ideas ante las imágenes fijas. Al mismo tiempo, el tono elegíaco del duelo se filtraba entre líneas. Esto provocó que cada registro fotográfico se considerara un espacio funerario, una huella irrecuperable, un vestigio inabordable y otros excesos metafísicos. En La lluvia antes de caer, el británico Jonathan Coe (Birmingham, 1961), autor de festejadas obras satíricas (¡Menudo reparto! y El club de los canallas, entre otras), les devuelve a las fotografías una potencia del porvenir: su fuerza narrativa. Mediante veinte fotos precisamente fechadas y descriptas, Rosamund, antes de morir, ha grabado en varios casetes el registro del tiempo anterior al nacimiento de la destinataria de ese testimonio, Imogen, una joven ciega. La historia del pasado familiar de a poco cede lugar al enigma de la narradora: la admiración por Beatrix, su prima; la forzada soledad rural de una adolescente con sentimientos confusos y poderosos; su lesbianismo, al principio vergonzante y difícil de sostener, alimentado por imágenes de una estrella de cine de la época (los años ’50); la creación de uniones, como algunas lluvias, pasajeras, y el lento proceso de revelación de secretos, placeres y modos de percibir.

La novela de Coe, poblada de personajes femeninos, resuelve el carácter anacrónico del procedimiento (al fin y al cabo, los casetes son como las cartas de una novela epistolar) con la presencia de Gill (la sobrina de Rosamund) y sus dos hijas, justificadas por el formidable capítulo del concierto de una de ellas, un intervalo en la escucha del relato de la anciana muerta. El álbum familiar, en apariencia inocente y cursi, con sus círculos de experiencia y pautas de comportamiento, sus marcos de época y posibilidades sofocadas, presta a los lectores, ciegos como Imogen, una energía y una vitalidad inesperadas para transformar el recorrido de una vida ordinaria en una pequeña obra maestra, tenuemente melodramática, sobre el ejercicio de la pasión.

“Así como la fascinación ejercida por las fotografías es un recordatorio de la muerte, también es una invitación al sentimentalismo. Las fotografías transforman el pasado en un objeto de tierna contemplación, embrollando los distingos morales y desmantelando los juicios históricos mediante la emoción generalizada de observar tiempos idos.” La lluvia antes de caer parece trabajar en contra de esta afirmación, luego matizada, que Susan Sontag hizo en los años ’70.

Sucundum sucundum

MDP MAR DE PIJAS
Alejandro Quesada
Ed. el fin de la noche
112 paginas


Por Pablo Pérez

Lo sé por experiencia: la palabra “pija” en la tapa de un libro obnubila a algunos lectores; y si en el primer capítulo hay sexo explícito, mucho más: algunos dejarán de leerlo con el argumento de que se trata de pura pornografía, como si el sexo o la pija no merecieran un lugar destacado en la literatura; otros, en cambio, avanzarán con la lectura ávidos de momentos calientes y tal vez se sentirán decepcionados cuando descubran que no se trata sólo de correrías sexuales. Mar de pijas es la primera novela de Alejandro Quesada, marplatense nacido en 1974, guionista de televisión. Su narrador es ELDELOSRULOS AMARILLOS, que tras la muerte de la “abuelagorda” que lo crió y con quien vivían juntos, entra al chat, se morbosea, coge y se pajea en todos los rincones de la casa paterna donde quedó viviendo solo: “Por primera vez salgo moviéndola por la casa. Está bien parada. Señala todo: a la muñeca y a sus caniches de porcelana, al gato, a los portarretratos con las fotos de la familia. [...] Si ella sólo hubiera salido a hacer los mandados, yo no me atrevería a tanto”. ELDELOSRULOS... trabaja de mozo en el Cristóbal, donde no gana mucho: la diferencia la hace cogiéndose a pescadores en el puerto. Vive alzado, conoce por la pija a todos sus amigos surfers, y la lista de partenaires sexuales crece día a día: ELDELAMANCHA, ELMUSCULOSOTATUADODELASTILLERO, ELFLACODELINTERIOR, ELTUERTODELPUERTO.

Como contrapunto al desenfreno sexual, MDP nos muestra también una serie de postales de Mar del Plata, tristes, grises, ventosas: en esta novela rara vez brilla el sol. El protagonista vive una racha de pérdidas: además de la muerte de la abuela, su tabla de surf se parte al medio durante una maniobra en la que casi se ahoga, más tarde le roban la bicicleta que dejó en la calle sin candado mientras cogía con un amigo.

Se enamora de él LADELOSRULOSCOLORADOS, que sin demasiadas chances intenta conquistarlo. Ella se levantaba todas las mañanas a las cinco para ir a trabajar a la fábrica del puerto como filetera, hasta que enfermó: “Al principio no quería usar el barbijo, pero la obligaron cuando su tos se volvió constante. Debajo del delantal blanco se abrigaba amontonando poleras de todos los colores; sin embargo, el frío le penetró los pulmones”.

El hilo conductor hace honor al título: las pijas son catalogadas a lo largo de toda la novela desde una perspectiva marítima: plancton, cornalito, nudo marinero y marea roja, entre otras; y los capítulos lo refuerzan parodiando títulos de la literatura universal: “Don Pijote de la Mancha”, “En busca del miembro perdido” o “San Manoteador Gaviota”. Este último recurso es tal vez el menos logrado de la novela, por distanciarnos e interrumpir el sueño vívido en que nos sumerge por momentos MDP, una historia bien escrita, auténtica, contada con sensibilidad, donde coinciden y se enriquecen el erotismo y el dolor, el prosaísmo y la poesía.

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