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Viernes, 16 de julio de 2010

PD

Igualdad y derecho

cartas a [email protected]

Queridos amigos, estoy muy emocionado con el voto del Senado.

Amanecí y haciendo catarsis escribí estas palabras, quería compartirlas con ustedes, que fueron parte de esta lucha social por los derechos e igualdades...

Cuando yo era chico uno tenía que ocultar que era gay. Ser homosexual (puto, trolo) era objeto de insultos, burlas, agresiones. Las viví yo, y las vivimos muchos que habíamos sentido una sexualidad diferente (digo sentido y no elegido, porque uno no elige ser gay, uno acepta, reconoce, ser gay, la elección viene después, a la hora de asumir con dignidad la propia identidad sexual).

Crecer gay en una sociedad discriminatoria, avasallante, con una mayoría heterosexual, no fue fácil. Uno siempre se siente menos que los demás, por debajo, se nos enseñó a sentir vergüenza por nuestra identidad sexual, a sentirnos culpables, desubicados, a esconder cualquier tipo de manifestación sobre nuestra sexualidad. Incluso entre los homosexuales nos autocensuramos con frases como “no se me nota” (que soy gay). ¿Cuál es el problema que se te note lo que sos? Los gays (hombres, mujeres, trans) no la pasamos bien. Muy pocos crecimos en un ambiente de aceptación y cariño, por lo general lo hicimos en un clima de desaprobación y desigualdad.

En mi juventud, este derecho, esta ley, hubiera sido impensado, tal vez un sueño anhelado, pero muy difícil de concretar. Los gays no se casaban. Ibamos a los casamientos de los otros, veíamos a las novias de blanco, sabiéndonos condenados a estar excluidos de ese mismo derecho, a ser solterones aunque conviviéramos con nuestra pareja homosexual. Hoy todo eso ha cambiado. Hoy la ley nos reconoce y ampara. Hoy ser homosexual no es mala palabra. Hoy los medios hablan de nosotros, se solidarizan con nuestra causa, reconocen nuestra identidad sexual y ponen en un plano de igualdad a todas las personas “que habitamos el suelo argentino”.

Lo que se votó en el Congreso fue mucho más que una ley de matrimonio gay. Fue una ley que plantea nuestra igualdad de derechos, una ley que reconoce nuestra identidad sexual, una ley de inclusión social y reivindicación.

Estoy orgulloso de que esta ley se haya votado en la Argentina, que seamos los primeros en Latinoamérica, el décimo país en el mundo. Estamos haciendo historia. Estoy orgulloso de los representantes que se enfrentaron a duras críticas y llevaron adelante este proyecto. Estoy orgulloso de todos los militantes (gays, trans) que lucharon por nuestros derechos, que perdieron horas de sueño, que prepararon la ley y la hicieron posible. Hoy, el chico que yo era cierra una herida. Tardará un tiempo en cicatrizar. Ganamos nuestros derechos, ahora viene el trabajo de hacerlos valer y ejercerlos.

Algo cambió. Los niños ya no sentirán vergüenza por ser diferentes ni tendrán que ocultarlo, una ley los ampara. Hoy sí somos todos iguales (en nuestra diferencia) frente a los ojos de la ley.

Gabriel Rugiero
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