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Viernes, 20 de agosto de 2010

ENTREVISTA A MABEL BELLUCCI

“Carlos fue un aliado del feminismo”

La activista feminista y queer Mabel Bellucci está terminando para editorial Planeta una “biografía política” de Jauregui en la que explora sus alianzas tanto con partidos políticos como con organismos de derechos humanos, la academia y la lucha por la legalización del aborto.

¿De qué modo fue evolucionando el aprendizaje político de Carlos, y su compromiso estratégico con los movimientos sociales?

–Yo veo dos etapas diferenciadas. La primera es su marca en la CHA, desde la presidencia y después al frente de la Secretaría de Derechos Humanos, que permite concientizar a los organismos sobre esa maquinaria represiva sobreviviente que eran los edictos policiales, contra los que ya luchaba el FLH. Y hacerles comprender la necesidad de reclamar en conjunto una ley antidiscriminatoria que contuviese la figura de la orientación sexual, algo que sigue todavía hoy sin esos cambios, cuando ya está legalizado el matrimonio igualitario. O sea, señalo de esa primera época el logro en la articulación con los organismos de derechos humanos, que tienen que reconocer como discurso el libre ejercicio de la sexualidad. A partir de los años ‘90, ya en Gays DC junto con César Cigliutti y Marcelo Ferreyra, que se habían ido también de la CHA por desavenencias con la conducción de ese momento, se produce un giro de posición. Ya el mismo nombre, Gays por los Derechos Civiles, describe un paradigma de acción distinto. Gay en lugar de homosexual, y derechos civiles como agenda de ampliación de ciudadanía, en la línea del movimiento norteamericano. Las conversaciones con activistas e intelectuales que vivían en Estados Unidos, y formaron parte de la movida coalicionista de los años ‘70, creo, influyeron mucho en Carlos. Eso lo lleva a repensar el valor combativo del término Orgullo Gay, y a través de eso la importancia de las marchas, cuando hasta entonces la categoría era dignidad, mucho más centrada en la subjetividad homosexual. También se elabora un proyecto de unión civil, que era de avanzada.

¿Qué cruces podés rescatar de la relación que propone Carlos entre la izquierda democrática y el movimiento Glttbi?

–De ese cruce aprendemos todos. En el partido Democracia Avanzada conoce intelectuales que desde distintos lugares integran el partido, como Boron, Jitrik, Pampa y Tununa Mercado, Grüner, Makarz. Ellos, a su vez, hacen campaña por las minorías sexuales. Además, en la pelea contra la cláusula antiarbotista durante el debate por la reforma constitucional del ‘94 lo encuentra al lado de nosotras. Es que se da cuenta de que a través de su nueva alianza con el socialismo –que le había reservado un puesto lejano de candidato a la constituyente– no iba a poder filtrar los reclamos de la comunidad Glttbi en el debate, y entonces se concentra en colaborar con la Comisión por el Derecho al Aborto, con Dora Coledesky.

Vos remarcás la importancia de las Marchas del Orgullo como principio de organización del movimiento argentino...

–Las marchas se generan mediante una coalición de grupos que hasta entonces no se habían terminado de entender. Los gays, pero también las organizaciones de lesbianas, y con mucha dificultad para ser admitidas, las travestis y transexuales, que trajeron lo popular, y la presencia numerosa. Yo considero que el activismo lésbico, el activismo trans, le deben mucho a Carlos. Y no me voy a cansar de rescatar la figura de Ilse Fuskova, que fue la primera feminista lesbiana en hacerse pública. La única, en ese momento. Digo que Ilse fue al movimiento lésbico lo que Carlos al gay: dan la cara, son mediáticos, hacen coaliciones. Pero, a la vez, lo interesante de la personalidad de Carlos es que tiene presencia en la política, y abre espacios, su agenda, pero no se apropia de las otras voces. Era de una generosidad y un brillo que no vi nunca más en el movimiento argentino.

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