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Viernes, 17 de diciembre de 2010

ENTREVISTA

Las hermanas sean unidas

En 2008, Tania Luna recibió su partida de nacimiento rectificada: por primera vez el Estado argentino reconocía la identidad de una persona trans sin exigirle operación alguna. La abogada que la representó en esta demanda fue su hermana Verónica. Ese fue su primer caso. Tania tuvo que dominar su ansiedad para esperar a recibir su documento en el momento justo: ahora que la ley de identidad de género está en debate. Fue dos semanas antes de que Flor de la V recibiera el suyo, aunque Tania, también actriz, no tuvo el privilegio de sortear las pericias a que se somete a las personas trans que reclaman el reconocimiento de su identidad. Sobre ese proceso y este logro hablan las hermanas Luna.

 Por Flor Monfort

¿Cómo fue crecer con Tania?

–Le llevo siete años y recuerdo muy bien que Tania desde muy chiquita tenía predilecciones y gestos de nena. En el jardín jugaba en el rincón de las muñecas y la maestra no lo podía creer; pero siempre tuvo mucho carácter, es una persona que se planta, y yo creo que eso le ha permitido ir para adelante y decir “yo soy así”, sin dar lugar a oposiciones. Cuando vos estás dispuesto a enfrentar quién sos (y no digo que sea fácil, pero sí creo que es el mejor camino), cuando vos te la bancás, la gente ya no te molesta. Fue algo paulatino, no es que un día Tania se levantó y dijo: “Hola, soy mujer”.

¿Cómo fue la relación de hermanas?

–Cuando me preguntan cuándo fue que la vi a Tania como luce hoy, no me acuerdo cuándo fue. Ella se dejó crecer el pelo desde chica, entonces el pelo largo ya lo tenía, los modales femeninos ya los tenía. Una vez nos sacaron una foto y ella tenía dos años y un ademán totalmente de nena. De adolescente, un día se pintó las pestañas, y otro día se puso una pollera... y bueno, fue progresivo. Tenemos muchas anécdotas. Una vez, mi otra hermana se había comprado un corpiño divino de Caro Cuore que en ese momento era lo máximo, y el corpiño desapareció. Con los años, Tania confesó que se lo había robado ella: quedó para nosotros como “el misterio del corpiño” (risas). En algún punto nos sentimos más afortunados que otros, porque hemos tenido la posibilidad de compartir una familia donde cada cual pudo sostener su proyecto de vida. No nos cae mal el prejuicio de los otros, pensamos que no tuvieron la suerte de crecer en la diversidad. Cuando me dicen “qué molesto debe ser estar en una conversación social donde la gente te cuestiona”, yo siempre digo que a mí no me molesta; me dan pena, siento que están menos evolucionados.

¿Tus padres lo entendieron desde que Tania era chiquita?

–Yo creo que para ellos fue difícil y sorpresivo. Ahora hay mucha más información: hoy, un papá con un hijo o hija que se identifica con el sexo opuesto al biológico tiene más elementos. Yo he trabajado en Mar del Plata con un caso de una chiquita de 14 años que en el colegio habían aceptado que en las listas figure su nombre de mujer. Fijate qué cambio en la mentalidad. En el caso de mis papás, ellos tuvieron un bebé que se manejaba como una nena, para los cumpleaños ni pelota ni auto: no te daba ni bola si le regalabas algo de varón, entonces le regalaban cosas neutras: animalitos, ladrillos... En ese momento era entendible, no le compraron una Barbie, pero como nosotras somos cinco (hay un varón en el medio), entonces Tania le sacaba los juguetes a mi hermana menor. Al principio fue desconcertante, sobre todo para mi papá, que hoy tiene 76 años, es de otra generación, es el típico tanguero. Pero se la han bancado.

¿Y tu mamá?

–Yo destaco que ella nunca demostró frustración, porque a veces pasa esto: los padres se sienten frustrados, entonces los hijos o hijas trans que ya tienen la carga de luchar, se sienten culpables por la frustración de los padres. Mi mamá acompañó, no me preguntes de dónde sacó eso, pero es lo que hizo, intuitivamente. Eso es lo que yo más remarco en estos casos: no cerrar las puertas, porque ya es muy difícil abrirse paso en la sociedad. La familia es donde uno descansa de la lucha, es una puerta que no se tiene que cerrar nunca, eso es lo que les va a permitir a las personas que están luchando por su identidad no bajar los brazos.

¿Recurrieron a alguien, pidieron asesoramiento? Porque muchas veces esa mediación define, para bien o para mal, la actitud de una familia.

–Hicieron lo que todo el mundo: hablaron con el pediatra, y la respuesta que obtuvieron, ahora nos damos cuenta, fue desde la desinformación y desde el prejuicio. Yo he tenido clientas de amparo que los pediatras les inyectaban hormonas masculinas, algo gravísimo porque ellas lo que buscan es suprimir los caracteres masculinos, entonces esto les crea un trauma más grande al exacerbar el crecimiento del vello, el cambio de la voz, etcétera. Recuerdo el caso de un nene que había nacido nena. Se arrancaba las polleras y se iba a patear con otros varones, a los 8, 9 años; y el padre lo traía de los pelos, literalmente.

¿Cuáles fueron los argumentos legales para pedir el cambio de nombre?

–No me resultó difícil. Tania es Tania, en el amparo cuento su historia: toda su vida contra un documento que dice una mentira y que no usaba. Nunca renovó su DNI de los 8 años: no votaba, no tenía tarjeta de crédito, no llevaba documento encima. Era un muerto civil, como todos los trans. El documento es tu carta de presentación ante la sociedad. ¿Vos te la imaginás a Tania en una cola de hombre para votar? Obvio que no vota. Y también hablo de los problemas de no tener un DNI, la limitación laboral porque, cuando sos adulto, ¿dónde vas a pedir trabajo sin un DNI? Tania lo resolvió porque se volcó a lo artístico, donde no es tan necesario, pero hay transexuales que trabajan en negro por esta situación, están afuera del sistema, no pueden pedir un crédito... Desde lo jurídico esto puede traer otras complicaciones; por ejemplo, en la obra social, a Tania le pusieron Tania Luna en el carnet, pero si algún día le pasaba algo, ellos se hubieran podido desentender completamente, porque ése no era el nombre que figuraba en el DNI, entonces esta situación lleva a muchos al ostracismo. Uno no anda por la calle desnudo mostrando sus genitales, uno anda en la calle mostrando su DNI, entonces que el DNI diga quién sos, no tus genitales; ése es el punto.

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