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Viernes, 14 de diciembre de 2012

ENTREVISTA

Pretérito imperfecto

Para Daniel Melero la indefinición puede ser un valor
y la diversidad es, sin dudas, materia prima de su genio y figura. Presenta disco, prepara otro, Guerra de almohadas, con una selección de músicos sub-21; acaba de publicar su libro y encuentra el mejor sitio de pornografía.

 Por Facundo R. Soto

“A los 12 años empezó a estudiar guitarra con una profesora del barrio y demostró su inhabilidad para tocar el instrumento. Al poco tiempo abandonó las clases. En 1976 comenzó a frecuentar el Teatro San Martín, donde tuvo contacto con la música electroacústica. En ese momento decidió ser músico.” Así, entre el fracaso, la ternura y la iluminación, Wikipedia resume muy bien los comienzos de Daniel Melero. El libro que acaba de sacar de pensamientos y conversaciones (donde el compilador, Gustavo Alvarez Núñez, arrancó las preguntas y sólo dejó las respuestas cual aforismos) y la colección de cuatro discos que presenta esta semana, completan con densidad esta biografía. Entre lo under y el mainstream, icono de la música indie y de buen gusto, Melero hace un culto de la ambigüedad. ¿O mejor llamarla libertad? Mientras habla sobre el género y la identidad sexual de la música, nos recomienda un site de pornografía. “Estoy terminando la producción, al mismo tiempo, de Guerra de almohadas, mi próximo disco, con músicos jóvenes, donde el más grande tiene 22 años. No lo termino de mezclar de tanto que me gusta. Es mi juguete. Estamos yendo a grabar y no se sabe qué. Yo tengo una lista de palabras, algún acorde, algún sonido. Afortunadamente hemos podido graficar muchas más ideas de las que presuponía. Estoy a favor de que la gente baje de forma libre los discos por Internet. Me parece un absurdo hacer un disco nuevo y es eso lo que más me atrae. Hay cierto vértigo que me atrae, porque no hay una productora atrás.”

En el libro decís: “Creo que una de las claves es que muchos creen que soy puto, gay u homosexual. Antes, en el barrio y en el club, yo era el puto...”.

—Mucha gente me veía como que yo podía ser gay, y eso era muy atractivo para las mujeres, ¿sabés? El marido ideal para cualquier mujer es un puto, digamos, básicamente. Yo creo que, tal vez, el mensaje de un joven tiene que estar siempre enmarcado a no tener que estar aferrado a tener que ser de una manera. La vida te va poniendo ciertos circuitos, que te pueden atraer o no. En la juventud, un grado de indeterminación siempre es necesario, me parece... porque, si no, no nos vamos con nada de acá. Yo valoro haber tenido ese aspecto que producía dudas y atracción al mismo tiempo.

¿Lo exageraste en algún punto?

—No. Era como era. Dicen que yo era muy amanerado antes, y que con los años dejé de serlo. Yo creo que no me di cuenta. La verdad es que zafé de todos esos pensamientos que hubieran hecho que fuese de una manera o que la gente que estaba al lado mío fuese de tal o cual forma.

En 1994 sacaste Travesti. ¿Por qué ese título?

—Pienso que todo el mundo es travesti. Por eso en la primera edición del disco había un hombre común, con barba, que era el productor del disco. Alejandro Ros hizo esa tapa. El concepto que yo manejaba era que realmente todos somos travestis. Por eso me atraía poner una persona común, por eso yo estoy con barba y fumando, también. Eso de alguna manera produce una reflexión y un corrimiento sobre la idea de que la travesti es una loca. Locos estamos todos. Mirate vos: ¿sos normal?, ¿no te parece una locura vestirte así, de normal?

En el libro decís que “lo bueno del cine porno es que no gasta tiempo en el adorno de los conflictos: va directamente al conflicto, lo cual es interesantísimo”. ¿Te gusta la pornografía?

—Sí, sí, sí. La pornografía, básicamente, es hiperrealismo, sobre todo las películas de pija-culo, son hiperrealismo, de meta y saca. A mí durante los últimos años me atrajo el criterio inglés, de la pornografía sin genitalia, pero altamente pornográfica, no soft porno. Tiene más que ver con la dominación y sumisión, pero sin las necesidades del golpe del sadomasoquismo.

¿Qué es lo que más te gusta del porno?

—De las investiduras: la ropa. La ausencia de temas y que la investidura esté representada igual. Me parece mucho más interesante el género fetish que ver una lamebotas, hay mucho más ahí. La gente cree que el porno es de una o dos maneras, y es como decir “a mí las comedias no me gustan”; pero, eh, ¿comedia?, ¿comedia dramática?, ¿qué comedia no te gusta?, ¿comedia clásica?, ¿de qué estamos hablando? Para mí, todo está en los detalles, y en la pornografía mucho más. La ausencia de detalles es el gran detalle. Cuando hay mucho detalle lo atractivo es el gran detalle, ver cuál es. Puede ser que en una película porno me importe nada la puesta en escena, o cómo actúan, sino qué sucede con los objetos a los que le rinde culto esa situación.

¿Algún site para recomendar?

—En www.kink.com la diversidad de pornografía que hay es increíble, la propuesta de conceptos es profundísima. Es una manera nueva de mirar las costumbres sexuales. Me llama la atención todo de ahí. La sección upperfloor, el piso de arriba, pero también están los bondage y películas donde no se sabe qué tipo de sexualidad estamos teniendo o qué sexo tienen los involucrados o la representación de qué sexo. Es fascinante el contenido de ese sitio y supera lo que la gente cree del porno. El porno del siglo XXI, para mí, está ahí.

Vos decís que el rock libera. Estoy de acuerdo pero, a la vez, ¿no pensás que también estigmatiza y hay mucho machismo y represión?

—Durante años tuve un grupo de acompañamiento donde todos eran gays y yo no me había dado cuenta. Conozco también a un montón de gays que son súper grasas, es un mito que la homosexualidad es re-fina, eso es una pelotudez. Cuando yo estoy tratando de crear algo, pienso en algo más abstracto que sobre el uso de los esfínteres. Para mí no es un tema eso. A mí me gusta, definitivamente, la gente sexy y lo sexy trasunta otra cosa, que tiene que ver con la atracción, con ser atraído. A mí Bowie me encantaba y jamás me detuve a pensar ni me resultaba de importancia que él fuera gay. La figura pública de Ziggy Stardust, que era una loca extraterrestre; a mí me parecía fascinante que una estrella de rock fuera así. El es una persona que lo hizo. A los 17 años fue a la televisión a reclamar que lo trataban como una mariquita. Eso te dice todo sobre él. Cambió al mundo para no cambiar él... Sería mejor que fuese un heterosexual encubierto... sería mejor, pero no me importa eso.

¿Por qué?

—Porque dirían: ¿cómo este tipo es macho y hace estas cosas? Por plata, lo hace por plata, dirían para resolverlo. Yo tuve la suerte de tener a Iggy Pop en mi casa, la primera vez que vino, y yo lo que vi es un caballero, no esa bestia que dicen que es: preguntó si tenía un apoyavasos para no marcarme la mesa de madera. Hay cierta cosa en los artistas que es una impostura que asumen, su parte actoral y esa actitud es una parte muy importante de eso que están diciendo.

¿Se puede hablar de una música que tiene que ver con alguna identidad sexual, de género (gay, queer o lo que fuese)? Digo, los sonidos tienen una energía, de eso estoy seguro, pero ¿sexo?

—¿La música? Para mí casi siempre tiene una identidad. Porque tiene mucha más suerte que la literatura, porque es más abstracta y las habilidades están en producir un campo en el cual el otro pueda depositar lo que necesita que lo excite. Que haya un lugar para cualquiera de la situación que te excite y que puedas entrar en ella. Por eso también siempre y cada vez más, como se ha recorrido desde el silencio absoluto hasta la cacofonía más grande, hubo una época en que las palabras esclavizaban a la música. Pero ahora creo que no. Ahora creo que pasan a hacerla distinta, si uno sabe implementar pocas palabras y con la amplitud necesaria. Para mí, cuanto más cosas pueda completar el que te escucha, con lo que es él, mejor es la composición.

EL LIBRO DE LA BUENA MELERO

Ahora, antes y después es el libro que compiló Gustavo Alvarez Núñez con charlas que mantuvieron durante 12 años. En un momento contaste, hace unas semanas, en la presentación del Cceba, que pensaste dejar el libro porque te parecía viejo, ya era pasado. ¿Qué fue lo que te llevó a decir ok, que salga?

—A mí me daba vergüenza, me parecía que tenía un lenguaje muy pueril, que era demasiado coloquial. Gustavo (Alvarez Núñez) no me dio ninguna pelota y siguió, siguió y siguió, tratando de avanzar con el libro. Yo no quería que saliera, pero me dijo que lo atractivo era que ya había pasado mucho tiempo y que suscribo a algunas cosas del libro. El extrajo lo que podría ser más continuo en mí. Pero también hay ideas vencidas, como “va a haber bandas virtuales de músicos en Internet”.

Es como comprar un libro de horóscopos del pasado y ver que se cumplieron esas premoniciones...

—Eso es muy extraño, porque yo odiaba cuando me preguntaban qué era lo que iba a pasar...

Daniel Melero. Lanzamiento de Cuadro
19 de diciembre, a las 19
Ultra, San Martín 678, CABA

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Imagen: Rodrigo Ottaviano
 
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