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Viernes, 31 de mayo de 2013

Con las Barbies no se juega

La palabra gay tiene una resonancia mediática cada vez más friendly (en el peor de los casos) y cada vez más familiar. ¡Se dice en horario de protección al menor! Pero guay que una madre hable de su hijo en esos términos. La polémica en torno de los comentarios y la broma de Florencia Peña da cuenta de límites y limitaciones.

 Por Diego Trerotola

La necesaria discusión sobre la sexualidad y la niñez está muy obturada por ideas que, la mayoría de las veces, están cargadas de prejuicios que antes se usaban para las personas adultas; antes, cuando estaba bien censurar cualquier expresión pública de la sexualidad porque era una cuestión “privada”, íntima entre cuatro paredes, para ponerle un techo a la visibilidad diversa. Ahora bien, si se hace un programa televisivo como Agrandadytos y se les pregunta por novios y novias a niñas y niños respectiva y heterosexualmente, eso no es polémico. Pero que no se confundan los géneros, porque ahí alguien pone el grito en el videograph.

Florencia Peña fue invitada al programa AM y, en una entrevista con Vero Lozano y Leo Montero, salió el tema de uno de los tweets donde la actriz contaba que su hijo menor jugaba con muñecas Barbie. En tono explícito de comedia, casi como si estuviera protagonizando de nuevo la sitcom La niñera, Peña soltó una serie de declaraciones que los medios multiplicaron, la mayoría de las veces se citaron editadas y distorsionadas, para crear una suerte de polémica XXL. Peña dijo: “El nene chiquito mío juega con las Barbies, por suerte. Me salió bastante... Creo que es gay, ya creo que podría darles la primicia. Primer titular: El nene mío, el más chiquito, es gay. Ve películas de Barbie, juega con las Barbies...”. También contó que le habían escondido las Barbies y que su hijo igual las encontró. Cuando Montero preguntó si no podría ser mujeriego en lugar de gay, Peña respondió: “Me tira más la homosexualidad, es una sensación, una intuición como madre. Pero como yo soy abierta y tengo libertad, digo, que el nene haga lo que quiera... Y ahora les corta el pelo a las Barbies, subió un escalón más y es peluquero”.

La polémica armada sobre las palabras de Peña siempre ocultó el nivel de humor e ironía de ella para hablar del tema, lo que hacía difícil tomarse ese relato como diagnóstico serio sobre la sexualidad de un niño que juega con Barbies. Aunque lo que más se ocultó fue la parodia mediática que Peña hizo, ese simulacro de la “primicia” y el “titular”, donde teatralizaba la ansiedad de los medios por revelar intimidades. Los medios no citaron esa burla, tal vez como forma de autopreservación: si se tomaban en solfa la construcción mediática, entonces la polémica es inocua. Pero la polémica existió, por más chiste que se haya hecho, por más que Peña haya tuiteado “Y llegó el día en el que perdimos el humor”: se impuso hablar de cómo puede ser que una madre hable de la sexualidad de su hijo.

El verbo era jugar, pero nadie pudo entender el juego. “¿No pensó Flor en cómo puede repercutir en la vida de su hijo semejante declaración mediática?”, copeteaba el sitio Urgente 24. Ricardo Fort, en el programa Intratables, dijo que le “parece un horror lo que dijo”. El, que es padre y un ejemplo, que hizo castings para elegir novias y negó su orientación sexual durante mucho tiempo. En ese tono creció la polémica, siempre sosteniendo que hablar abiertamente de la sexualidad de niñxs es dañino, dando por sentado que a los cuatro años no saben qué es ser gay y suponiendo que va a ser molestado por serlo. En todo caso, hay que ponerse a pensar cómo evitar que alguien que juega con Barbies sea molestado. No es casualidad que el Plan de Educación Sexual Integral, aprobado por el Ministerio de Educación hace ya tiempo no se implemente en la mayoría de las escuelas del país: tanto en nivel primario como secundario, pocas personas quieren ser responsables de hablar de sexualidad abiertamente y sin prejuicios con alumnos y alumnas.

Igual, es un signo de madurez que los polemistas mediáticos no se hayan escandalizado porque una madre le permita a su hijo jugar con Barbies. Y para sumarnos a los titulares al estilo Peña, tenemos algunas preguntas. ¿No es transfóbica Flor Peña por intuir o tener la sensación de que su hijo es gay, cuando también podría ser trans? Y ahora que le corta el pelo a las Barbies, ¿se parecerán a Ellen DeGeneres o a Anne Heche? ¿Tendrá fantasías con lesbo-Barbies? ¿Al final, el niño no estará reconstruyendo la fantasía pornomachista del voyeur de lesbianas? Los futuros hombres no gays, por otra parte, ¿no merecen una infancia en la que puedan jugar con muñecas, muñecos o con lo que les guste más? Para ese niño, hay un mundo de posibilidades, ser o no ser es parte de un juego. Y por suerte tiene una madre abierta a ese juego, con la libertad suficiente para sumarse con humor.

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