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Viernes, 19 de julio de 2013

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El amigo de la tele

Me despierto el domingo al mediodía con la noticia. Lloro. Me da vergüenza pero tengo que reconocer que la muerte de un tipo que conozco a través de un personaje de ficción que él representa me duele como si fuera un familiar. O no me duele igual. Pero seguro no diría que no tanto. No pretendo darme explicaciones, soy un fanático y se me acaba de morir una imagen. Mas allá de su valor como icono pop, aglutinador de ese dream team pop y maricón que es Glee, figura de amigo leal, “el bueno” de la serie, Finn es mucho más que eso para mí y, por lo tanto, también lo es el actor que lo encarnó. Sinceramente, si te toca un compañerito de la escuela como ése, ¿cómo evitar hacer como Kurt e insistir con un amor no correspondido hasta quemarlo y que ya no quede nada por hacer que entender que el tipo no va a cambiar nunca? O por ahí va a cambiar, o se enamorará de otro, pero de vos no, nene. La dinámica entre Kurt y Finn dice mucho sobre mi historia con mi amigo J. Lo mejor de Finn fue génesis, el trayecto que recorrió entre su rechazo casi viceral ante el cortejo de Kurt hasta terminar aceptando paredes rosas en su habitación y ser el primero en poner el cuerpo para defenderlo de los bullies, hasta quedar, literalmente, hermanados. Y eso es justamente lo mismo que se puede decir del trabajo que J y yo hicimos juntos. En mi caso fueron toneladas de chistes mataputos los que tuve que escuchar en el período en el que mantuvimos una fingida (de mi parte) cofradía entre machos. Pero lo que era deseo encorsetado terminó como terminan las emociones desbocadas que se atragantan en la boca: gritándolo a través de cada poro. Después del rechazo innegociable, vino una etapa de avances y retrocesos. Al tiempo que yo entendí que nada iba a poder hacer para que J me quisiera (y que yo iba a tener que mover mi libido hacia otros lados), J hizo un esfuerzo para irse desprendiendo de lo que más lo separaba de mí y de ser un tipo más interesante para todos, su homofobia. Nuestra historia tiene final feliz como en Glee: si bien yo nunca pude tocarle un pelo a mi amigo, él es hoy mi amigo hétero más loca entre las locas y yo la más suya entre las machos.

Mariano Tobal

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