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Viernes, 2 de agosto de 2013

La Seño

Silvina Maureen Buyutti, maestra titular en Entre Ríos

 Por Dolores Curia

“El año pasado iba a clases con un look ambiguo. Me vestía unisex. O por ejemplo me maquillaba mucho los ojos, pero nada más. Otro día llevaba aros, y así. Lo iba graduando. Nadie me decía nada, pero yo no me iba a sentir bien como para ir como realmente quería antes de tener el documento con mi nombre. Y una vez que lo conseguí, me empecé a vestir como correspondía.”

A Silvina Maureen Buyutti le cuadra por donde se la mire el título de pionera: fue la primera mujer trans en obtener su DNI en Entre Ríos a partir de la sanción de la Ley de Identidad de Género, y también es una de las primeras maestras trans en conseguir la titularidad con su verdadero nombre en el país. Esta semana, con la vuelta de las clases, es maestra en la Escuela 17 de Agosto de Aranguren, una localidad rural del departamento Victoria, que se encuentra a casi 100 kilómetros al este de la capital de esa provincia.

Silvina empezó a trabajar a los ocho años en una verdulería, luego en una explotación apícola, en un taller mecánico, fue panadera y niñera. Empezó el secundario a los 18, a los 25 años le dieron el título de maestra orientadora integradora (es decir, que puede dar clases desde jardín hasta sexto) y ejerce la docencia desde 2005. Con título en mano empezó a concursar y, siendo oriunda de Nagoya, terminó en las Islas del Ibicuy, donde todos estos años estuvo dando clases: “Cuando llegué al Paranacito, hace ocho años, yo de entrada, si bien no fui con un cartel, dije lo que tenía pensado ir haciendo, cuál era mi proyecto de vida, para que de una se me aceptara; o si de buenas a primeras, si me cerraban las puertas, quedara claro por qué era. Los directivos lo tomaron bien. Yo creía que como era en el interior y en una zona tan rural por ahí no iban a entender mi tema, pero nada que ver. Al contrario: hasta me han felicitado por tomar estas decisiones y me quieren mucho en la zona. Estuve en varias escuelas, algunas públicas, otras privadas, con chicos especiales”. Con lxs niñxs de jardín, cuenta Silvina, “se generan situaciones muy graciosas. Por ejemplo, yo había tenido a una nenita en sala de tres, después me tomé una licencia por un año y entonces me la reencontré en la sala de cinco. Cuando otra maestra me presenta, la nena pregunta: ‘¿Por qué la seño tiene voz de papá?’. Y mi colega, muy atenta, le explica que soy trans. Más tarde se presenta ante los chiquitos otra maestra, una mujer biológica con una voz muy muy gruesa, entonces la nena dice: ‘Ah, ¡ella también es trans!’. Siempre les explicamos con paciencia. Lo bueno es que no soy yo sola la que tiene que estar dando las explicaciones sino que todos mis compañeros me ayudan. En general, los chicos lo toman con naturalidad y son charlas muy sencillas. También tenía otro chiquito de cinco que me llamaba ‘seño’. Pero después del fin de semana, volvía el lunes y me decía ‘maestro’. Caímos en la cuenta de que en la casa son de religión evangélica. Supongo que le han inculcado esto. Pero lo gracioso es que él se guiaba por lo que veía y ya el martes empezaba a llamarme seño otra vez”.

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