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Viernes, 30 de enero de 2015

TEATRO

Erótica dietética

La versión en cartel de Otro estilo de vida apenas dibuja un triángulo light que no hace honor a la voraz y transgresora pluma de su autor, Noël Coward.

 Por Paula Jiménez España

Noël Coward, el dramaturgo gay nacido en 1899 y fallecido en 1973, fue un tipo exitoso: recibió un Oscar honorífico en 1943 y celebridades como Vivien Leigh, Judy Garland y Marlene Dietrich, por nombrar sólo algunas, se disputaban su amistad. Pero su vida de arte y plumas, pletórica de cocktails y buenos muchachos, lo estuvo aún más de producciones teatrales, películas dirigidas y actuadas por él y hasta de populares canciones nacidas de su inspiración. Coward fue un glamoroso transgresor cuyas obras eran tan livianas como aquello que buscaba retratar: la superficialidad de una clase socialmente acomodada, reprimida y prejuiciosa frente a elecciones de vida tan libres como escandalosas. Es decir que, pese a lo que su apellido indica (coward quiere decir “cobarde”), fue valiente para vivir como quiso, y escribir y actuar, dentro de lo que su época le permitió, todo lo que se le dio la gana. Su segunda obra, The Better Half, data de 1920 y trata sobre la relación amorosa de un hombre con dos mujeres. Aquella fue una sátira que, antes de que la Lord Chamberlain’s Office le impusiera su reprobación y decidiera su corto destino en las tablas londinenses, llegó a ser disfrutada por un público boquiabierto en el Teatro Little. Pero Coward no agotó allí el tema de las triangularidades amorosas, retomado una década después en la escritura de Otro estilo de vida, la obra que Lía Jelín acaba de estrenar en el teatro Tabarís. Por el problemita de la censura, esta comedia ligera pero eterna (la versión original dura cuatro horas) no llegó a ver la luz en la Inglaterra de los años ’30 y fue puesta por primera vez en escena en 1939 en la glamorosa Nueva York de preguerra.

En este momento, aprovechando la volada de los temas sexuales, Lía Jelín ha decidido dirigir Otro estilo... en la adaptación abreviada que hizo Jorge Schussheim. Gracias a su espíritu sintético, podemos verla en una versión que, por suerte, apenas llega a la hora y media y que termina de manera abrupta y obvia. “Yo amo a Claude y a Leo. Leo ama a Claude, Claude ama a Leo y los dos me aman a mí. Los tres nos amamos”, concluye antes de que caiga el telón, Gilda –la aspirante a decoradora interpretada fallidamente por Inés Estévez– como quien dice Colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Es muy probable que para poder introducir este tema en el imaginario social de 1930 haya sido útil encuadrarlo en un marco narrativo ingenuo y explicativo, pero lo cierto es que estamos en 2015 y Lía Jelín no parece haber podido aggiornar la obra desde su elección de puesta para volverla actual e interesante y hacer justicia al gesto escandaloso que Coward se propuso en su escritura, hace más de ochenta años. Por ejemplo, en la versión actual Leo y Claude se cansan de besar a Gilda porque la adoran, pero entre ellos, que también se adoran, nunca sucede nada de nada. La omisión de Jelín a esta altura de la soirée es, desde mi punto de vista, lo escandaloso (de todos modos, para asombrar a ese público no se necesitaba de mucho, ya que la mención a las cuestiones sexuales parecía alcanzar para que se riera a carcajadas). La versión original fue intervenida con la inclusión de un personaje compuesto por Dan Breitman que aparece para contar las partes recortadas del texto de Coward. Este personaje es el de la mucama del trío, mezcla de Mamá Cora de Gasalla y Violencia Rivas, que luce sus dotes de stand up y desencaja con el resto de las actuaciones y con la trama. Resulta a todas luces un recurso de vodevil o televisivo que difícilmente hubiera conformado a Coward, autor de obras tan resonantes como Vidas privadas o The Vortex. Por su parte, las interpretaciones del elenco no logran tampoco zanjar la falta de lo que la dirección no ha logrado. Ni siquiera Alberto Ajaka, destacado actor de puestas de Mauricio Kartun o Luciano Suardi, logra lucirse demasiado en esta obra, que más que aportar su granito de arena al tema de las sexualidades como lo hizo Noël Coward en 1930, saca de él su tajada, sin riesgos, sin gracia y sin estilo.

Últimas funciones: hoy a las 21, sábado a las 20.30 y a las 22.45 y domingo a las 20.30, Teatro Tabarís, Corrientes 829.

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