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Viernes, 31 de julio de 2015

TELEVISIóN

La hermanita perdida

¿Qué inquieta, qué gusta, qué contribuye a visibilizar y qué interroga la presencia de una persona trans en la casa de Gran Hermano? Valeria Licciardi, en conversación con SOY, brindó, además de algunos entretelones de la experiencia-reality, su derecho a réplica.

 Por Dolores Curia

Durante los dos meses que Valeria Licciardi pasó en la casa de Gran Hermano hablaron por ella desde los títulos vetustos del diario Clarín (en los que, por ejemplo, la palabra “transexualidad” aparece hasta el hartazgo ligada a la “confesión”) hasta las injurias de la panelista Victoria Vanucci. ¿Qué inquieta al público? Inquieta, hacia un lado y hacia el otro, que Valeria hable de sí misma como alguien que no se siente obligada a dar explicaciones, ni a definirse. La negación a plantearse como fenómeno es algo muy difícil de digerir para quienes con las mejores intenciones ubican a la transexualidad del lado del escándalo o de lo difícil de tolerar.

¿Qué te llevó a querer participar de Gran Hermano?

–Mi participación en Gran Hermano tiene varias aristas. Un poco esto de ser curiosa y vivir nuevas experiencias. Desde lo más obvio: me resultaba interesante la idea del juego de estar conviviendo en una casa con personas que no conocía, interactuando y que todo se estuviera viendo en la pantalla. Hasta la idea de pensarlo, por qué no, como algo casi performático. Poder decir “ésta soy yo, ésta es mi historia, opino así, siento esto, si me pasa esto otro, yo reacciono de esta manera”. No entré con ninguna estrategia más que ser yo sin máscara. Una afirmación. Poder mostrarme.

¿Y cómo te fue con esa estrategia?

–Quizás por eso ya no esté en el programa. Tal vez si hubiera hecho un personaje, la cosa hubiera sido diferente. Uno detrás de un personaje es capaz de hacer las cosas más tremendas. Pero cuando eso no está, es más complicado, o más sencillo, según desde dónde se lo mire. Fui con el objetivo de poner en práctica cosas que vengo trabajando. El ser más tolerante, por ejemplo, más abierta, un poco menos rígida con respecto a seguir las estructuras.

¿El casting cómo fue?

–Se hizo durante el verano. En un principio, eran entrevistas en las que me preguntaban sobre mis gustos, lo que hacía, cosas así. Se pasa por varias instancias, básicamente son charlas y pruebas de cámara. Hasta que llegás al test psicológico y los análisis clínicos. No hay mucho más.

¿Pensás que el canal tuvo la intención de extraer cierto plus mostrando a una persona trans? ¿O tal vez de mostrarse “más diversos”?

–No lo veo de esa manera. No subestimo a la televisión, para mí es un medio muy importante. Entra a las casas sin pedir permiso y me dio la posibilidad más que de decir, de irradiar la idea de que personas como nosotras con historias similares podemos interactuar incluso en espacios como ese. Lo vi más desde el lado de la visibilidad que desde el aprovechamiento de lo “vendible”. Es decir, no me importan cuáles hayan sido las motivaciones del canal: yo hice mi juego dentro del de ellos. Y el balance para mí fue positivo. De todos los participantes soy la única que no se comió ninguna puteada por parte de los televidentes, ¡eso es bastante!

Sí, una visibilidad de 24 horas. ¿Cómo te llevaste con la mirada constante? ¿Llegabas a olvidarte de que estabas en TV?

–No me incomodaba. Es verdad que llegado un punto ya no sos consciente de que te estaban filmando. Yo creo que si estás todo el tiempo pensando en que te están mirando, corrés un riesgo de alienación impresionante. Si bien las cámaras estaban y las veíamos, el aislamiento previo que son tres días antes de entrar a la casa colabora para que pases por una transición. Me llevo bien con la mirada del otro. No me preocupaba mostrarme sin maquillaje o que me vean bañar. Supongo que porque acepto mi cuerpo.

¿Tampoco la producción te “orientaba” sobre qué cosas contar?

–En ningún momento nos dicen lo que tenemos que hacer o decir. Pero plantean tópicos, consignas. Uno de esos tópicos fue, por ejemplo, “el momento más triste de tu vida”. Yo necesité contar sobre mi identidad de género en un primer momento, ni bien entramos a la casa, porque necesitaba que ellos pudieran entender cosas que me pasaban a mí y por qué yo decía lo que decía. Al principio, claro, seguramente pensarían “qué complicada esta mina, ¿por qué no define?”. Bueno, no defino porque mi historia tal vez me haya llevado a comprender que no todo es blanco y negro, que hay matices. Y me muevo más por lo que siento que por lo que me dicen que tiene que ser. También, contarlo me sirvió para tantear el panorama con el que me iba a enfrentar ahí.

E incluso en ese mismo momento tuviste algún chispazo con el chico gay de la casa.

–Sí, por eso digo lo de ver un poco el panorama general. No me encontré con personas que naturalizaran el tema, más bien lo banalizaban y estaban más interesadas en saber qué tenía o no tenía entre las piernas y qué significaba y en qué casillero ponerme. Estas cosas suelen pasar en muchos lugares, ¿por qué pensar que acá no iban a pasar? No me enganché. Comprendo que para algunas personas nosotras seamos un espejo de su libertad. Porque venimos a traer preguntas en torno a lo sexual. Mirá, si nosotras empezáramos a preguntarles a otrxs de la manera en que nos preguntan a nosotras sobre nuestra intimidad, ¿cuántos de ellxs podrían contestar sinceramente? No esperaba encontrarme con chicos que curtan “la cultura del cuerpo libre”, pero tampoco encontrarme con personas tan estructuradas. Hay que trabajarlo, lo estamos trabajando, también entrar a Gran Hermano es una forma. Cuando eso sucede se abre algo totalmente nuevo. Alguien me dijo la frase “eliminar un prejuicio es más complicado que eliminar un átomo”. Yo creo que es posible.

“Prejuicio” remite también a los dichos de Victoria Vanucci y a la discusión que por este tema tuvo con Sofía Gala. ¿Te enteraste de eso estando adentro?

–En la casa no nos enterábamos de nada, salvo en las galas donde Jorge Rial nos comunicaba alguna noticia. Después vi algunos videos. Agradecí al cielo la presencia de Sofía en el panel porque pudo decir y explicar lo que muchas veces no nos dejan hacer a los participantes por falta de tiempo o por lo que fuere. Entiendo que en la televisión hay algunas personas incapacitadas. Deberían formarse más.

¿Qué más pasó cuando saliste de ahí?

–Vas a un hotel. Quedás aislada por un día, como para que no sea tan abrupto. En la calle algunas personas te reconocen. Te dicen “la de Gran Hermano” o “Valeria”. Me tuve que abrir un Twitter, yo no tenía. Y hay gente que te sigue. Los miércoles, los que fuimos saliendo tenemos que asistir a las galas. Y ahí hay gente que se me acerca, hasta me dejan cartitas de seguidores. En general se acercan a saludarme personas ligadas a historias como la mía, hay chicas trans que me han agradecido mi paso por el programa. La TV es un medio que entra a todos lados. Y está bueno cuando se la puede usar para decir cosas interesantes o que circulen historias que no escuchás por otros lados, o contadas de manera diferente. Ayuda a modificar los prejuicios y mucho.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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