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Viernes, 12 de agosto de 2016

Otro chico maravilla

Llegó un superhéroe gay a las filas de la justicia con rayos y centellas. Se llama Sereno. Creció en paralelo a los trabajos que el argentino Luciano Vecchio hacía para Marvel y DC Comics y llegó para aportar matices, nuevas voces y nuevas dudas, además de tensión sexual entre el bien y el mal.

 Por Dani Umpi

Luciano Vecchio nos recibe en su nuevo apartamento de Congreso. Habla pausado, serio, acariciando un gato que parece acabar de nacer. Toma café y describe a Sereno. No es ése el nombre de su gato, sino el de su superhéroe encargado de llevar la luz a las sombras y, de paso, darse unos besos con Serafián, un villano malvado y bastante atractivo. Es imperdonable adelantar un detalle que recién se sabe a la mitad de la historia pero la tentación es demasiado grande. En el cómic tradicional de superhéroes, un mundo aparentemente tan mutante, escasean las sexualidades diversas y se continúa sectorizado desde la heteronorma. Parecía que no era tan así, entre tanto duende y pokemón. Por suerte a algunas de las dignas excepciones las tenemos cerca y podemos charlar con ellas.

¿Qué referencias de superheroínas o superhéroes homosexuales hay en el cómic?

–Pocos, ninguno súper conocido. Por ahí están el hijo de la Bruja Escarlata, Wiccan con su pareja Hulkling en Marvel. En DC, en Young Avenger, están Midnighter y Apollo, una pareja que son como análogos de Superman y Batman, pero esos personajes son la versión superhéroe del pibe de barrio machito, putos pero muy guachoporonga, hiperviolentos. También hay chicas, Batwoman es torta. En la última década se están expandiendo e incorporando personajes.

Vecchio puede hablar con propiedad sobre el tema porque ha tenido la felicidad y el privilegio de dibujar los personajes que admiraba de chico, cuando vivía en Zárate por los años ochenta. A los 19 años abandonó la carrera de Diseño Gráfico y al poco tiempo ya estaba trabajando para Marvel y DC Comics en sagas popularísimas como Liga de la Justicia, Guardianes de la Galaxia, X-Men, Wolverine, Silver Surfer, Batman, Spiderman, Green Lantern, Ben 10 o Wonder Woman, esta última en versión para público infantil, pero no parece lejana la posibilidad de dibujarla en “canon”, en el universo principal. Desde agosto de 2014, a ritmo semanal, fue saliendo a través del sello digital Tótem Comics, “Sereno”, la primera obra en la que es autor integral, dibujando y guionando. En pocos días será llevado al papel, en una hermosa edición de la novel editorial GutterGlitter.

¿Por qué en las descripciones y presentaciones no mencionás que Sereno es gay?

–Lo doy por hecho. De entrada quise que fuera gay pero no quería promocionarlo así. En Superman, por ejemplo, el romance que tiene con Luisa Lane es importante pero la historia no trata de eso, es una subtrama. Quise hacer un paralelismo, que fuera un dato importante en el momento en el que haya un interés romántico pero tampoco que su vida pase por ahí, ni su misión. No es una postura tomada sino algo en función de esta obra. Lo más importante para mí era deconstruir el aspecto de superhéroe masculino patriarcal. Sereno no intenta ser fuerte ni macho. Su sexualidad es secundaria. Me parece que está bien que haya personajes que se promocionen como personajes gays y que cumpla su función de identificar y encontrar representación pero creo que si se marketinea desde ese lado queda circulando solo en lo que ya conocemos. Lo que pasó con Sereno es que al incorporar el dato a la mitad de la historia siento que se contrabandeó la lectura de un personaje lgbt a un público mayormente de varones heterosexuales.

Superambiguo

Sereno es un superhéroe ambiguo, que se mueve con planteos poéticos, filosóficos y metafísicos. Aunque esté en lucha contra la oscuridad mantiene una suerte de “histeriqueo” y encuentros sexuales con el “otro polo”, llevando la tensión al concepto de “dualidad” hermetista que tanto parece interesar al autor. Eso ayuda muchísimo a complejizar y humanizar sus personajes.

¿No tienen un romance?

–No es un romance. Tienen onda y sexo ocasional. Me pareció más genuino con lo que nos pasa en la vida, que no tuviera que terminar la historia con ellos convertidos en pareja, felices. No sé si a Sereno le conviene Serafián románticamente pero se gustan.

¿Cómo ideaste los personajes?

–Empezó como un ejercicio de creación en un taller con Patricio Oliver donde buscamos qué tenían en común las historias que te marcaron. Sereno es una gran mezcla de cosmovisiones, una neo mitología medio new age cruzada con el género de superhéroes. Empecé a ver el género en un plano discursivo poético. Los superhéroes para mí son una mitología pop actual, donde muchos meten mano en un mismo personaje que representan arquetipos e ideales aspiracionales, con bajadas de línea sobre el bien y el mal, los modos de lidiar con los contratiempos o los enemigos. Me pasa que me gustan los superhéroes y a la vez pienso que si existiera Batman en la vida real me caería muy mal. Sereno es un superhéroe con poderes de la luz, tanto física como mística. Los villanos que aparecen son humanizaciones de abstracciones o de temas que tienen más que ver con la psiquis, reflejos externos de procesos íntimos con los que el personaje lidia. Al mismo tiempo trato de que sea una lectura divertida de leer, no un libro de autoayuda de superhéroes.

¿Cómo trabajaste la dimensión esotérica?

–Estoy interesado en una línea de pensamiento que ve que los mitos del héroe han sido construidos sobre la figura del guerrero que enfrenta los problemas, los conquista y los destruye desde una rivalidad. Es un abordaje medio obsoleto o que responde a una lógica que, a esta altura, se podría cambiar. Se podría aplicar otro modelo, por ejemplo, reemplazando el guerrero por la figura del mago, que no destruye al dragón sino que lo doma y lo incorpora. Hay personajes que van por ese lado como Wonder Woman. El tema fue que al cierre del libro me encontré que mi sensibilidad había mutado y que todo ese discurso NewAge de la revolución íntima estaba en manos del enemigo.

¿Cómo es eso?

–Cuando empecé Sereno, hace dos años, estábamos habitando un imaginario colectivo donde podía jugar a que ser gay no era un dato importante. Sereno vivía rodeado de monstruos pero la putez no era un problema. Producía una página por semana y sobre el final de la historia la realidad se nos dio vuelta y, de repente, a un montón de sentidos comunes que creíamos conquistados hay que volver a ponerle otra presencia, otro discurso, otra fuerza de lucha, otra vez. No es la misma violencia en la calle ahora que hace siete meses. Siento que lo que podía decir a través de esa cosmovisión positivista ahora es un discurso que se lo agarró para fomentar individualismo y negación. Las espiritualidades disidentes fueron coaptadas por el neoliberalismo y las volvieron a convertir en opio. Somos una generación que habitó el deconstruir su religiosidad impuesta y algunos de los caminos de exploración que encontramos fue tener una espiritualidad propia, mashup, antidogmática.

¿Ya no tiene superpoderes el sincretismo caprichoso y libertino New Age?

–Lo antidogmático, creer en todo y no creer en nada, se redujo a su mínima expresión en modos manipulables y te adoctrinás a no presentar batalla ante la injusticia. El rol de habitar la espiritualidad y el misticismo en el individuo es encontrar un diálogo poético con la naturaleza para coexistir de algún modo. A esta altura estamos tan en las antípodas de llegar a conectar que ese discurso se volvió una carcasa.

¿Será que los arquetipos son de quién se los apropia?

–No sé pero me pienso en el contexto que habito.

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Imagen: Sebastián Freire
 
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