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Viernes, 26 de agosto de 2016

SALIO

COPI NUESTRO

El último tomo de sus obras completas, que acaba de editar El cuenco de plata, explora la relación desviada de Copi con el exilio y la argentinidad.

 Por Martín Villagarcía

La publicación de Teatro 4 de Copi cierra un ciclo de rescate y puesta en valor de uno de nuestros escritores más importantes. Esta tarea comenzó con la edición de las novelas La ciudad de las ratas en 2009 y La guerra de las mariconas en 2010, ambas inéditas hasta entonces en castellano. Afortunadamente, la editorial española Anagrama aprovechó la oportunidad para reeditar el resto de su obra narrativa. De la noche a la mañana, Copi pasó de ser un autor de culto (sus libros eran inhallables, había que pedirlos prestados, fotocopiarlos o leerlos en traducciones piratas en Internet) a desplegar su catálogo en los anaqueles de todas las librerías.

De los 4 tomos que compilan sus obras teatrales, el cuarto es quizás el más interesante porque las cuatro obras que contiene ponen en escena su relación con la Argentina. Siempre fue problemático pensar la relación de Copi con la literatura nacional, especialmente porque escribió la mayor parte de su obra en francés, la lengua que adoptó tras su radicación definitiva en París en 1962. Sin embargo, siempre conservó algo del orden de la sensibilidad argentina. Se puede pensar en su Eva Perón (1970), que convierte a la abanderada de los descamisados en un emblema de la obscenidad (muestra lo inmostrable: los entretelones de su muerte; y fantasea sobre lo indecible: un plan macabro para darse a la fuga con todo), o en su novela La vida es un tango que empieza en Buenos Aires, pasa por París y termina en el litoral y es, curiosamente, la única que escribió en español.

El libro se abre con Lamento por el ángel (Un ángel para la Sra. Lisca) de 1957, la primera obra de teatro escrita por Copi, cuando apenas contaba con 18 años. Al lado del resto de su producción resalta notablemente por su “normalidad”: se trata de una pieza casi en la línea de Gregorio de Laferrere en la que la casa de una madre soltera sirve como punto de encuentro entre su hija, una loca y un muchacho no asumido que escapa de un pasado trágico. A pesar del tono costumbrista y la ausencia total de comicidad, los temas que incluye (sobre todo la abyección, la homosexualidad e incluso el aborto) no dejan de ser un antecedente de lo que vendría después. El otro tesoro que incluye el libro es La copa del mundo, escrita y estrenada en París en 1978 poco antes del Mundial en Argentina, en la que una pareja francesa llega a Buenos Aires para ver el espectáculo y se encuentran con un país al borde del colapso político y moral gracias al golpe de Estado. Tal como ocurrió con Eva Perón, la prensa local recibió la noticia de esta obra como otro golpe bajo al orgullo nacional: “Copi denigra nuevamente a su patria” rezaba el título en el diario Crónica el 7 de Julio de 1978. El libro se completa con la reedición de La sombra de Wenceslao y Cachafaz, también de tema criollo y en las que Copi ejercita la lengua castellana en su variedad rioplatense y, en el caso de Cachafaz, en la tradición más local posible: la gauchesca.

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