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Viernes, 2 de septiembre de 2016

ADIÓS A JUAN GABRIEL

YO ME VOY

El Divo de Juárez se fue dejando cien millones de discos vendidos, canciones y camisas brillantes para la historia del melodrama latino. Su repertorio fue el soundtrack del
activismo gay mexicano y de la educación sentimental de todxs lxs demás.

 Por Dani Umpi

Juan Gabriel resopla, mira a los costados, frunce el ceño, hace una sucesión de tics molestos y aseñorados para decir con suma tranquilidad su frase célebre: “Lo que se ve no se pregunta”. Es el año 2002 y el periodista que quiere que el gran divo confiese su homosexualidad es Fernando del Rincón en el canal Univisión, antes de estar en la CNN. Luego de semejante respuesta Juanga propina otras máximas para el recuerdo: “El arte es femenino. Eso es lo que puedo exteriorizar”, “estoy en el infierno y hago mi propia gloria”. Evade la pregunta sobre su sexualidad como solo podría hacerlo una gran mostra, cuestionando la labor periodística amarillista y, de paso, reflexionando sobre el sentido de la vida. Nivel.

El viernes pasado, dando el último concierto de su gira “MeXXIco es Todo 2016” en un escenario de Los Ángeles, cobijado por 60 músicos de orquesta y mariachis, dio sus últimas palabras sobre un escenario: “Felicidades a todas las personas que están orgullosas de ser lo que son”. Tras su muerte quedaron cien millones de álbumes vendidos, canciones que se cantan con lágrimas de felicidad y tristeza, rumores y más rumores, fotos de paparazis, notas venenosísimas en los programas de corazón y una leyenda épica de megaestrella difícil de superar que incluye fuga de un internado siendo adolescente, un año preso acusado falsamente por robo, venta de “burritos” en la calle, demandas por evasión de impuestos, una serenata a Nicolás Maduro, recitales para miles de personas y algún otro privado para narcotraficantes, además del culebrón de su amistad con Rocío Durcal. Esta última es una historia que ameritaría un capítulo aparte en las crónicas de la llamada “Música Melódica Internacional”. Juanga y Rocío fueron una de las duplas más aplaudidas de la música ranchera desde que se encontraran en 1977 hasta que, supuestamente, Rocío descubriera el romance del cantautor con su marido Junior, según cientos de periodistas de farándula y según el libro Juan Gabriel y yo escrito en 2008 por el ex asistente y abogado de Juanga, Joaquín Muñoz.

Los mitos que despertó llegaron a Everest en el 2014 cuando tuvo que salir a desmentir su propia muerte tras un descontroladísimo tsunami de twitts. Murió el mismo día en que Televisión Azteca emitía el capítulo final de la serie sobre su vida. Tenía 66 años, caminaba y bailaba por el escenario moviendo los hombros, quebrando muñeca, guiñando los ojos, haciendo brillar con giros y saltitos las pedrerías de sus chaquetas, camisas e himnos infalibles para los corazones melodramáticos latinos. La vida era perfecta hasta que te conocí.

Se dice que cuatro generaciones se formaron escuchándolo, que su voz fue imprescindible en la banda sonora de nuestra educación sentimental latina. Parece no ser tan así en las nuevas generaciones hasta que en las competencias televisivas para encontrar las nuevas voces se continúan eligiendo sus canciones y los karaokes estallan en su honor.

En los boliches gays de esta zona por los años ochenta, más precisamente en 1988, con la salida del disco Desde Andalucía producido y compuesto por Juanga para la tonadillera española Isabel Pantoja, la canción “Así fue” ingresó directamente en la playlist de hits para el lip sync de drags, tranformistas y quien quisiera subirse al escenario a cantar algo que desgarrara efectivamente los corazones de una platea. Curiosamente, luego del éxito, cuando Juanga incorporó en su repertorio “Así fue”, la mantuvo “heterosexualizada”, llevándola al chongo y cantando “soy honesto con ella y contigo, a ella la quiero y a ti te he olvidado” aunque en nuestras mentes siempre quedara la versión que popularizara Pantoja de “soy honesta con él y contigo, a él lo quiero y a ti te he olvidado, si tú quieres seremos amigos”. Es que los gays con corazón de radio AM siempre fantasearon con las letras de sus canciones y sus ademanes en escena, pensando que fueron compuestas por un hombre para otro hombre que tal vez, volvió con su mujer, sus hijos, esas tragedias frecuentes del amor sufrido y característico del continente.

“¡Mirá qué cola le hicieron a Juanga!” escuché una noche viendo con unos amigos borrachos la estatua en su honor en Plaza Garibaldi del DF. Desde el lunes mariachis y muchas personas llorando, filmando con celulares, se han juntado a cantar y ofrendar flores alrededor de esa misma imagen, la de Juanga con su traje de charro mirando el horizonte. Ahora veo que sí, que era cierto, quien haya esculpido esa estatua le hizo una buena cola para la posteridad. Bien ahí.

Es un poco triste que para lamentar su muerte tantos estados de Facebook hayan optado por linkear el cover que hizo de “Have you ever seen the rain”. Aunque haya sido su último video, su lista de éxitos es demasiado larga y más de la mitad de sus canciones fueron escritas especialmente para este momento, con los acordes ideales para que caiga el telón, comiencen los aplausos de pie y que, por arte de magia, se vuelva abrir.

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