soy

Viernes, 4 de noviembre de 2016

EL PUNK NUESTRO

Su máxima del “hacelo vos mismo” y su carácter libertario hicieron del punk un caldo de cultivo para que todo tipo de activismos, agites e incomodadores seriales, incluidxs lxs de la disidencia sexual, empezaran a tender lazos. A principios del milenio “¡homo rebelde, únete!” era el grito de guerra con el que el músico Rafael Aladjem convocaba a crear más espacios de encuentro homopunk desde el fanzine Homoxidal 500, una bomba textual contra la frivolidad bolichera gay de los 90. Por estos días, un rescate emotivo: se reeditan los cuatro números de aquel histórico zine. Una oportunidad para pensar cómo fueron tomando forma, desde los 80 hasta hoy, las alianzas entre la escena hardcore punk y la diversidad sexual.

EL PROFE, MARGINAL Y PIONERO

En los 80, un sector del punk argentino encarnó una perspectiva disidente en materia de políticas sexuales. Se armó una bien gorda: anarquistas, gays, tortas, punks y otrxs descarriados intercambiaron estéticas y estrategias contra los abusos policiales y de otras dependencias del Estado. Con el derecho a no encajar como bandera, El Profe (Eduardo Valenzuela) fue un impulsor del homocore (cruza de homo con hardcore) en estas tierras.


Por Pablo Cosso *

Punks, activistas gays y trabajadoras sexuales lucharon conjuntamente por las libertades democráticas durante la década del 80 en Buenos Aires. La “postdictadura” fue una etapa donde los punks y esxs “otrxs marginalxs” aunaron cuerpos y acciones ante los embates de los remanentes autoritarios de la dictadura. Algunos integrantes de esta red de reivindicaciones sociales, eran además, activistas “inclasificables”. Eran gays y trabajadoras sexuales con actitudes políticas punks y también eran punks-gays “salidos del closet”. Ciertas personas hacían de nexo entre “movimientos sociales”, por ejemplo El Profe (Eduardo Valenzuela), activista político-gay que escribía en el fanzine Resistencia, visitaba el Puesto Heavy del Parque Centenario y concurría a recitales punks. El Profe publicó en 1989 la primera nota conocida sobre el “movimiento homocore” (punks-homosexuales u homosexuales-punks) en Buenos Aires: “Existe […] otra gente cansada de caretear, harta del sentimiento y la blandura, que quedó seducida por el HC [Hardcore]. Son gays que nunca se sintieron representados por la imagen convencional del homosexual: cobarde, burguesito y frívolo. Muchachos que aman a los muchachos, pero salvajemente, con la fuerza y la velocidad del HC. No puedo explicarles mi alegría cuando me enteré que existía el movimiento homocore. No estoy solo. Existen en el mundo otros locos iguales a mí, gays recopados con el hardcore […] la onda es obviamente anarcopunk y lucha por la libertad sexual, por los derechos de la mujer y contra la homofobia (“Homocore”, en fanzine Resistencia, n°5, 1989)”

Hoy desde la distancia histórica se pueden interpretar estas líneas escritas por El Profe, desde un punto de vista más cercano a su situación de punk marginal, aún entre los punks de la década de los 80. Su nota en Resistencia, puede (y debe) ser interpretada, no simplemente como una exposición novedosa acerca de esa corriente interna surgida dentro del “movimiento hardcore-punk” (norteamericano-canadiense), debe atenderse también, a su crítica clasista contra los gays “burgueses y frívolos”. Se trata de un texto donde deja asentada su identidad sexual bajo la impronta emotiva del reconocimiento de esos “muchachos que aman a los muchachos [… a] la velocidad del HC” al igual que él. Proseguía la nota, dando algunas coordenadas existenciales sobre la escena Punk de la década de los 80 en relación a la censura y la represión interna subyacentes en las relaciones sexuales y de género: “andando por los recitales todos los días se ven boludos que agreden a las chicas de las bandas solo por ser minas; forros que te quieren boxear [pelear] porque sos gay; heavys o punks bisexuales que curten con vos de canuto [a escondidas] porque no se quieren hacer cargo de que los chicos les gustan. Lo peor es que todo este machismo de cuarta se da en una ‘escena’ que se las da de super-rebelde y libertaria. ¿Es libertario ser un facho que no respeta la elección sexual de los demás? (Ibídem).” El Profe daba una descripción exacta de la “atmósfera machista” que penetraba los gigs punks, en particular, aquellos en donde tocaba la banda Cadáveres de Niños, con Patricia Pietrafesa en bajo y Carol como cantante. Queda expuesta, también aquí, su situación de “blanco predilecto” de los punks machistas tras el reconocimiento público de su “elección sexual”. Finalmente, este precursor del “movimiento homocore” en Argentina hacía un llamamiento a la lucha conjunta entre los integrantes de los colectivos marginales de la “postdictadura” para enfrentar a la institución policial. Pedía, ante todo, una instancia de respeto mutuo, más allá de las diferencias identitarias: “Es hora de que nos demos cuenta de que la policía nos da palos a todos, no les importa si sos straight edge o anarkoborracho, trasher o punk, heterosexual o gay. Si realmente queremos abrirnos un espacio de libertad en este barril de mierda, tenemos que luchar todos juntos, cada uno en la suya y respetándonos mutuamente. Los homocore somos un grupo más de entre las ratas que peleamos en medio del basural (Ibídem)”. Asimismo, El Profe formando parte del GAG (Grupo de Acción Gay) estaba en contacto con gente de la CHA, de GAYS DC (Gays por los Derechos Civiles) y con el poeta-ensayista-antropólogo Néstor Perlongher. Relaciones entre militantes (historiadores como Carlos Jáuregui y antropólogos como Néstor), punks (también estudiantes de ciencias sociales, algunos de ellos) que se dieron en un tiempo-espacio particular de la década de los 80, bajo luchas identitarias y políticas durante la “postdictadura”. Sin una participación conocida dentro del movimiento Punk, pero cercano en su forma de pensar y actuar frente al sistema político hetero-normativo y hegemónico, Jorge Gumier Maier, artista y activista/militante gay, escribía en diciembre de 1984 en la revista El Porteño, el siguiente texto: “Muchos gays sostienen que su cuestión compete a los Derechos Humanos. Sí, si recordamos que aún hoy se asesina a gays impunemente; o si recordamos, también a aquellos que están presos por su modo sexual […] o a los que murieron en campos de concentración (de Argentina, claro) […] O si sabemos que dependencias del Ministerio del Interior solicitaron los datos de todos los activistas gays de B.A.” (“Derechos Humanos, sexualidad y autoritarismo”; en revista El Porteño, n° 36, p.80). Gumier Maier denunciaba que un organismo estatal solicitaba una base de datos sobre los activistas gays. Durante la “primavera democrática”, la censura, la persecución ideológica y hasta el asesinato de personas homosexuales continuaban vigentes como marcas de una violencia institucional inaugurada por la dictadura militar. Jorge remataba su crítica sobre la represión de los gays porteños y bonaerenses con las siguientes palabras: “La marginación y hasta la violencia contra el gay son necesarias para garantizar la represión sexual general que el sistema opera para poder imponer su norma” (Ibídem). Los activistas gays, como Jorge, estaban, sin saberlo, homologando sus críticas antisistema con los punks. El “sistema” reprimía la libre orientación sexual, como otra manera más de imponer su lógica de dominación social. Pero el “sistema” eran (y son) personas, con y sin uniforme, con o sin armas, no simplemente un constructo teórico del sentido común. Enrique Symns, periodista y creador de la revista contracultural Cerdos & Peces, pocos días antes del retorno de la democracia, en diciembre de 1983, escribía en la revista El Porteño una nota titulada “El sexo en la Argentina (Epílogo)” donde explicaba que los edictos policiales actuaban como medios de regulación coercitiva sobre el contacto interpersonal y la sexualidad.


NON SANCTO REMEDIO

Este fin de semana, en la 5º Feria del Libro Punk se presenta Homoxidal 500 (Alcohol & Fotocopias / Inerme), volumen que compila los cuatro números del fanzine aparecidos entre 2001 y 2003 más algunos agregados. A horas de su salida, Rafael Aladjem, editor histórico, y Patricia Pietrafesa, compiladora y aliada de Homoxidal, conversaron con SOY sobre las páginas de ayer y hoy.

FOTO: SEBASTIAN FREIRE

Por Alejandro Dramis

“Causas impuras siguen buscando adeptos. Pudrite del todo con Homoxidal 500. Si no sos torta, si no sos puto, seguro que te hacés”. Oráculos en fotocopias, pastiches y encuadernación artesanal. Boca en boca, cientos de cartas de lectorxs y algunos mails que de a poco iban cayendo en la Bandeja de entrada sin salida. Estallaba el milenio y ante la frivolidad menemista que parecía devorarlo todo, y especialmente a un amplio espacio del así llamado “ambiente gay”, un grupo de jóvenes disidentes agitaba los ánimos empuñando sus instrumentos y meneando sus plumas sobre hojas en blanco que rápidamente se convertían en fanzines. Entre ellxs, Rafael Aladjem y su Homoxidal 500: una guerra textual contra toda homonorma carcelaria que atacaba con municiones de triángulos rosa fusionados con símbolos anarquistas, historias adolescentes de salidas del closet, rescates emotivos de rebeldes olvidadxs, cine trash, casetes pirateados de punk marica, escenas subterráneas furiosas y alejadas de las modas asimilacionistas. Copar espacios, calles, destaparse, verse, coger, amar, amigarse, pelearse, abandonar las sombras del armario para no volver jamás. El mundo será queer o no será nada: ¡Homo, rebelde, únete!

Hoy, trece años después, cual bienvenido número maldito, los cuatro ejemplares históricos con algunos bonus tracks se reeditan en un solo volumen por obra y arqueología del trabajo de archivo y edición de Patricia Pietrafesa, escritora, música, activista e historiadora del punk. ¿Hacer historia del punk es hacer punk hoy? ¿Trazar una genealogía de la disidencia hardcore-punk queer es un modo de actualizar aquellas discusiones, rearmar los espacios de disidencia y de cuestionamiento constante en un colectivo lgbtiq post leyes igualitarias que aún tiene muchísimo por hacer y luchar? Homoxidal 500, no disponible en farmacias pero de venta libre en la Feria del libro punk este fin de semana, promete contraindicaciones recomendadas para todo espíritu inconforme. En diálogo con Soy, Rafa y Pat advierten sobre el viaje irreversible que produce esta automedicación y recomiendan que, ante cualquier duda, no consulte a su médico: resuélvala usted mismx.

¿Cuál fue la urgencia de la aparición del primer número de Homoxidal 500 en mayo de 2001?

Rafael Aladjem: Apareció en un momento en el cual Patricia, yo y otras personas estábamos involucrados en una serie de actividades y produciendo un festival que se llamaba “Homocore”, un espacio de visibilización lgbt dentro de la cultura under y punk de acá. Habíamos hecho una fiesta que sorpresivamente generó bastante movimiento y se me ocurrió que tenía sentido bajar a papel algo que la gente se pudiera llevar a la casa como para reflexionar sobre ese espacio.

A pesar de ser completamente artesanal el fanzine tenía gran alcance y circulaba mucho por Buenos Aires, el interior y algunos países de Latinoamérica.

R. A.: Es loquísimo, porque empezó a moverse mucho más de lo que me podía imaginar. Nunca hice más de 500 copias por número, pero lo leía mucha más gente.

Patricia Pietrafesa: Porque se prestaban, se pasaban, se fotocopiaban.

R. A.: Tal cual, porque el fanzine es una cosa para compartir. Había necesidades personales, conocer gente para hacer amistad, sexo, pareja, lo que fuera, pero en el ambiente en el que te sentías cómodo. Hacia fines de los 90 hubo una ola de corrección política en el decir, pero no se visibilizaban las personas. La intención de Homoxidal era esa, saquémonos las caretas, basta de ser políticamente correctos. Salgamos y hagámoslo.

Las notas plantean la necesidad de estar alerta, de no moldearse, no dormirse en los laureles de ciertas conquistas. Son muy actuales.

R. A.: Cuando lo releo ahora lo siento desactualizado de mí mismo. Pero reconozco eso que decís, cierto espíritu de disconformidad, de no caer nunca en una zona confortable. Por otro lado, también me encuentro con un fanzine que delata el paso del tiempo, lo noto súper cándido.

Pero tiene textos como el de homosexualidad en el colegio, la sexualidad preadolescente, las historias de salidas del clóset, bandas aún hoy desconocidas para muchxs. En varios aspectos es de avanzada.

P. P.: Tiene muchas notas que son vanguardistas, rupturistas hoy, como la nota del Frente de Liberación Homosexual. Todavía en sus páginas podés encontrar cosas que seguramente nunca leíste en otro lado, además de toda la música y la data que traía.

R. A.: Seguramente las miles de incorrecciones que tiene, los errores y las omisiones son porque atrás había una persona que estaba empezando a conocer un montón de temas que no manejaba. Quizás es lo que más me gusta hoy, que haya sido el reflejo de ese proceso en el que muchos otros contribuyeron.

Y volcaste ahí muchas de tus historias personales y privadas

R. A.: Me seducía ventilar mi intimidad, pero también me preguntaba a quién le podía importar esto, pero el fanzine generaba un canal de comunicación extraño y eso creaba el apego con la gente.

P. P.: Todas las personas que no fueran comunes y corrientes, a mediados de los 80, lesbianas, gays, travestis, trabajadores del sexo, punks, caían en lo mismo. A mediados de los 90, muchos que parecía que tenían que estar reclamando cosas ocuparon un lugar totalmente establecido, y dentro de eso, las nuevas generaciones que querían sentirse en una escena menos careta tenían que tomar la posta.

DESHAGALO USTED MISMO

Rondando el cambio de milenio, la primera fiesta Homocore se organizó como un espacio de encuentro y una suerte de presentación del disco Perversos, Desviados, Invertidos, el primer compilado queercore, editado por Rafa, centrado en bandas de la escena latinoamericana, entre ellas She Devils, y otras de afuera como Limp Wrist. El objetivo: reconocerse en el lodo sudoroso del pogo, desbordar la libido y darle la espalda a la frivolización que se vivía en la escena gay de los 90, a su consumismo normativizado por un país que dormía una larga siesta y clamaba por despertarse, penetrarse y tomar las calles.

¿Cómo pegó la denominación Homocore, que acá no se conocía demasiado?

R. A.: La leí por primera vez en Resistencia, el fanzine de Patricia, en el que el Profe Valenzuela daba cuenta de la existencia de este movimiento en una nota que destilaba euforia. Yo estaba tapado, no había salido del closet y eso me movilizó.

Además el fanzine encaró una batalla contra el ambiente gay de entonces.

R. A.: Tras unos 80 muy duros, de mucha persecución, llegó como una primavera neoliberal que se desarrollaba en los sótanos de los boliches y se vivía como un gueto muy aislado, que no me generaba ninguna empatía. Algo estaba faltando y había un clima de época que lo pedía.

P. P.: Ese clima que cuenta Rafa se venía gestando desde mediados de los 90. Bandas como Fun People y su “hardcore gay antifascista”, el fanzine Drag! que hacía Pilar de She Devils, el disco de She Devils y Fun People El aborto ilegal asesina mi libertad en el año 98 por la despenalización del aborto, los festivales Belladona. Había ganas de empezar a hablar de otras cosas.

¿Y cómo fue que dejaste de hacerlo?

R. A.: Sentía que en cada número tenía que poner algo bueno, si no, no tenía sentido sacarlo. Y no me considero tan bueno como para generar contenidos buenos con tanta frecuencia. Los elementos revolucionarios que vos podés ver en algo hacen su recorrido, y pierden fuerza si el discurso es siempre el mismo.

HOMOXIDAL RECARGADO

“Mientras más sepas de lo que sucedió antes que vos, también sabés que no todo vino de afuera. Y si eso no lo publicamos, ¿dónde está?”, asegura Patricia, concentrada en seguir adelante con este valiosísimo rescate “antropopunk”, como ella misma lo llama. Lejos de sostener que en algún momento las cosas fueron mejores o peores, la idea es mostrar, reflejar y dejar sentado que todo esto existió y que puede proporcionar una raíz, una cadena de influencias.

¿Creés que cambió en algo la realidad actual con respecto a aquellos años?

R. A.: El quiebre del 2001 generó un montón de cosas. Era un momento de mucha agitación de los sectores más marginados, como el colectivo trans, que históricamente se llevó la peor parte. Se empezaron a organizar, como en el año 2000 con Diana Sacayán y su movimiento M.A.L. Pasaban un montón de cosas que no se habían visto antes.

¿Y la comodidad, hoy, de cierto conformismo post matrimonio igualitario de quienes piensan que se logró lo que hacía falta?

R. A.: Desde el momento en que seguís encontrando a una chica trans golpeada o muerta en una alcantarilla, como pasó el otro día, la comodidad ganada por el matrimonio igualitario me la paso por las pelotas. El espacio de la discusión debería ser apenas la antesala de la acción. Hay que accionar sobre el total de la sociedad para logar algo, si no, no pasa nada.

P. P.: Hay personas que necesitaban de esas leyes, y también acá se habla de personas que están en contra de esas leyes, porque no les interesa el matrimonio, porque claman por el fin de las etiquetas identitarias. También hay personas que necesitan la reivindicación de su identidad. Eso sabrá cada uno o una cómo hacerlo, pero como dijo Rafa, frente a estas matanzas, que parecen un plan de exterminio, tenemos muchas cosas para hacer.

Compartir: 

Twitter
 

SOY
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2019 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.