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Viernes, 4 de noviembre de 2016

ASTERISCO I

LOS NUEVOS MONSTRUOS

Bela Lugosi y Boris Karloff en un cruce cuerpo a cuerpo, pánicos morales, linchamiento de vampiros, migrantes y otras otredades tan temidas. Todo eso puede encontrarse en la sección Monstruos Homoeróticos del Festival Asterisco: películas que van de los años 30 a los 90 y dan rienda suelta a la potencia revulsiva de lo raro.

 Por Alejandro Modarelli

La piel que habito puede ser también la piel quemada de un niño por el loco arrebato de la propia madre, que empuja su bracito sobre la hornalla. La primera de las películas en la sección Monstruos homoeróticos, dentro del capítulo Asterisco La piel que habito, se llama No entres a casa (Don´t go in the house, Joseph Ellison,1979) y pertenece a una época donde, según nos avisa Fernando Martín Peña en el catálogo, no era habitual el intento de buscar empatía en el público con un personaje capaz de prenderle fuego al prójimo. El niño quemado devino de adulto un monstruo que sólo puede relacionarse con las mujeres quemándolas, es decir, quemando a su propia madre.

A fin de cuentas, el Dios del Antiguo Testamento tampoco fue ajeno a sembrar el fuego sobre la humanidad, y por una cuestión de fobia sexual. Nos endilgó para la posteridad a los obreros del culo una categoría luciferina encantadora, la de sodomitas. Producto de marca que, aunque ya no asuste tanto, nos incluye en los arrabales inquietantes que es el (trans)sujeto queer.

Hablando de sodomías (imaginarias) Diego Trerotola nos anuncia que en El gato negro (The black cat, 1934), de Edgar G. Muller, por primera vez Bela Lugosi y Boris Karloff cruzaron sus caminos, y que lo hicieron para registrar en la historia del cine de terror las huellas de un combate cuerpo a cuerpo, seguramente con deseo de "algo más": Lugosi deja en cueros a Karloff maniatado, en un jueguito mimético, en el borde gozoso de la muerte. Una recreación de la escena sadomaso en la década del treinta; de hecho se trata de dos ex soldados de la primera Guerra Mundial, uno de los cuales era el superior del otro y le robó la esposa, cuando el subordinado cayó prisionero del enemigo. La imaginación de un espectador entrenado en el acceso al universo fantasmático del deseo triangulado difícilmente lo pase por alto. El monstruo también tiene el nombre de multitud, aunque no en el sentido emancipatorio que le quiso dar Toni Negri: ¿de qué manera conservar la identidad de ciudadano cuando en el pueblo donde se nace y se vive adviene la amenaza de Lo Otro bajo la forma de un vampiro (hoy un refugiado, un subsahariano) que ataca niños y niñas? ¿De qué modo seguir siendo El Mismo si se rebela que puedo convertirme en un asesino, más brutal que el vampiro, producto material de mi propio terror a desubjetivarme? Albertina Carri analiza bajo este horizonte la imagen de una huella digital que llena la pantalla en la célebre película El vampiro negro (Fritz Lang, 1931). El linchamiento del vampiro lleva a la pérdida efectiva de la identidad, pero justamente por terror a perderla en manos de ese Otro, y convierte en monstruosa a la propia sociedad cuando se aleja del estado de derecho. Un monstruo es multitud y engorda en la mímesis erótica, a lo Bela y Boris, tanto como en la violencia recíproca y mimética.

Por último, la sección acerca el filme No puedo dormir (J´ai pas sommeil, 1994) en el que Claire Denis -escribe Romina Paula- instala su cámara en los márgenes de Godard o de Truffaut, en un París igual de inhóspito que hoy para la diferencia cultural. La mirada de Denis sobre los hombres "en situación de hombres que de tan masculinos pasan a ser cálidos, delicados, accesibles", escribe Romina Paula, la directora "se traviste, para ver el mundo desde otro lugar". El monstruo es, sin embargo, uno de los mil nombres de Lo Bello y siempre resulta un personaje de película. Habita en el III Festival Asterisco, como acto de justicia. Precisa para deslumbrar, eso sí, de una infinita libertad de movimiento y locación, de los vórtices y los subterráneos, las multitudes y sus revueltas. Así de rebelde, reniega en la mesa de montaje, donde el cineasta busca para él un encuadre y una razón de ser. Monstruo es el creador y monstruo el creado. Las buenas películas sobre monstruos deben ser miradas como si fuesen manchas imprecisas en el cuerpo de un tigre. l

No entres a casa. Viernes a las 23, ENERC, Moreno 1199. El vampiro negro. Sábado a las 18.10, ENERC, Moreno 1199. No puedo dormir. Sábado a las 21.50, MALBA, Av. Pres. Figueroa Alcorta 3415. El gato negro. Viernes a las 21.30, ENERC, Moreno 1199.

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