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Viernes, 4 de noviembre de 2016

TEATRO

NO TODO LO QUE BRILLA ES HOMO

El orgullo incipiente, la emergencia de la cultura gay como un novedoso nicho de mercado, los reductos de la resistencia, el neoliberalismo feroz y muchos más hits de nuestros años noventa aparecen reunidos y revueltos en Lluvia y Arcoiris.

 Por Adrián Melo

Lluvia y Arcoiris se sitúa en un espacio y tiempo socio-histórico complejo y poco explorado por la dramaturgia argentina: las comunidades gay y trans a principios de los años 90. Época aún de dolor y paranoia por el sida, época de exclusión social pero en la cual paradójicamente los gays -preferentemente blancos y masculinos- comienzan a ser aceptados en el espacio público sobre todo como sujetos de consumo; época de frivolidad, ocultamiento y mentiras en la familia y de discriminación en las calles y también de reconocimiento de personería jurídica para la Comunidad Homosexual Argentina.

Para expresar este momento nadie mejor que Margo (Luis Podestá), una transformista madura de pasado tortuoso. Ironías de las existencias humanas: su esplendor artístico coincide con los tiempos más oscuros de la historia argentina en donde su transformismo era una forma de militancia contra la injuria y el odio social. Ahora relegada -y no reconocida como tantas trans que dejaron su vida en la lucha por el reconocimiento de derechos- a un pequeño pub llamado El París encuentra una forma de evasión al dolor en la fantasía de convertirse en Judy Garland, Barbra Streisand o Carmen Miranda y en el universo del cine. Así y a partir de una dirección impecable de Marcelo Roitman y de un texto inusual por la cantidad de referencias cinematográficas Podestá compone un personaje a la vez entrañable, escéptico y emotivo. En frases de películas de cine cursis, graciosas y hermosas y siempre acertadamente intercaladas Margo encuentra una forma de ser y también una máscara que la protege de la hostilidad. El protagonismo de Podestá no invalida las excelentes actuaciones de Federico Prado interpretando a Norman, el amigo fiel de Margo, frívolo y románticamente conservador que preanuncia como un tipo ideal gay los tiempos por venir y de Diego Brevacuore que logra encarnar a un encantador Tim, el hermoso veinteañero que llega tarde a la crepuscular vida de Margo.

Mirada ineludible sobre el pasado que permite también reflexionar entre risas y lágrimas sobre el presente respecto de qué se perdió y qué se ganó desde aquella época en donde el matrimonio igualitario, la adopción y las identidades de género eran utopías de mentes desvariadas o demasiado ilusionadas.

Lluvia y Arcoiris. Sábados a las 21, Teatro Buenos Aires Rodríguez Peña 411.

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