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Viernes, 4 de noviembre de 2016

A LA VISTA

LENGUA VIVA

La policía cordobesa detuvo por varias horas a dos adolescentes por besarse en una plaza céntrica. La respuesta: un besazo masivo contra el Código de Convivencia. Más de quinientas personas respondieron con su presencia y sus labios a la convocatoria que hicieron organizaciones como Devenir Diverse, Unidos y Organizados, entre otras.

 Por Marta Platía

En Córdoba, la misma Córdoba donde Macri se impuso por el 71 por ciento de los votos; en la provincia que gobiernan desde hace casi 19 años José Manuel de la Sota y Juan Schiaretti; y en la que la policía cuando no se subleva -como hizo en diciembre de 2013- apenas puede ocultar los métodos que arrastra desde la última dictadura; el domingo se libró y se ganó una inédita batalla a puro beso.La génesis del Besazo ocurrió el sábado 22 de octubre, cuando una decena de policías bajaron de sus (¡tres!) móviles en la Plaza Colón, en pleno centro de la ciudad, para detener a dos pibas que se estaban besando. Según se supo después, habían recibido una denuncia telefónica de una mujer que se quejaba por la “inmoralidad” de las chicas.La acusación contra las chicas, “cometer actos obscenos en la vía pública” y “atentar contra la moral pública de niños y ancianos”. Las pibas fueron sometidas a un largo interrogatorio, fueron cacheadas y demoradas a lo largo de casi una hora hasta que las dejaron ir. Asustadas, angustiadas por lo vivido, pidieron después que no se dieran a conocer sus nombres. “Algo que claro, ha sido respetado”, le contó a SOY Ivanna Aguilera, líder de Diverse. Ella detalló que “mientras muchos sólo miraban, un joven que estaba en el lugar no se amedrentó” ante las órdenes de no filmar con su celular el atropello de la policía, y no se perdió segundo de lo que sucedía. “Lo amenazaron también con detenerlo por supuesta ‘resistencia a la autoridad’, pero siguió”. Mauricio, que así se llama el desobediente, registró y subió la escena a las redes.A partir de allí se desató lo que culminó el domingo con un “Besazo” nada menos que en la explanada de la Central de Policía de Córdoba, y en las narices de “la yuta”, “la cana”, “los cobani”, como se les llama aquí a los “azules”.Más de 500 personas respondieron con su presencia y sus besos a la convocatoria que hicieron organizaciones sociales como Devenir Diverse; Unidos y Organizados; el MST, la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), y demás organizaciones, como los peronistas del centro Mozé (llamado así en honor de uno de los ex seminaristas asesinados en una falsa fuga por las patotas del represor Luciano Benjamín Menéndez).

“Es que esto no se aguanta más. Si es una pareja hétero, no hay problema que se besen donde sea. Pero si somos nosotras, si somos lesbianas, nos agarran y nos tratan como si estuviéramos cometiendo un crimen”, se quejó Milagros, de 17 años. Ella y su novia Valentina, de 19, se disfrazaron de policías y se besaron en sesión continuada en la mismísima escalinata de entrada al edificio, que estuvo todo el tiempo custodiada por una brigada mixta de policías.

“Hacemos todo esto para ver si salimos adelante. Mirá -le explicó a SOY Valentina- es terrible el tiempo que se vive. Encima que nos matan por ser mujeres, la yuta nos persigue ¡por darnos besos! Estamos en el siglo XXI y a las lesbianas nos persiguen; hay mujeres asesinadas todos los días por el machismo; y todavía la mayoría de la gente que no abre su cabeza… A esta altura, perseguir a alguien por tener otra visión de amar, qué te digo, ¡por amar! es algo que no se puede creer”. A su lado Milagros se espanta y se ríe. Todo junto mientras abraza a Valentina y mira a su alrededor buscando a las compañeras y compañeros que están en total acuerdo con sus dichos.

Fue un domingo de rebeldía y alegría en esta ciudad. El clima veraniego, las mateadas, las galletitas, las mascotas con las consignas pegadas en sus lomos; pibxs de la mano de otrxs pibxs y abrazos y besos a mansalva; convirtieron la franja de pasto y flores que tiene el edificio policial en su cara sur, en el lugar de disfrute que jamás ha sido. Un extraño, fervoroso acampe en la gris central de policía que, para los que tienen décadas de periodismo en Córdoba, fue en sí mismo gratificante. Totalmente nuevo. Por una vez fueron caricias y besos los que convocaron: no las balas, ni los reclamos por “gatillo fácil”, ni los crímenes los que atrajeron a camarógrafxs y cronistas.

Detrás de las parejas que se besaron en defensa propia; parte de lxs manifestantes blandieron carteles que clamaron: “Separación de la Iglesia del Estado” y “¡Basta de Lesbodio!”, un neologismo acuñado para uno (más) de todos los odios que flotan en estos tiempos de oscuridad mental que asuela el país desde de la llegada de la Ceocracia y su cohorte hecha de dinosaurias de pantalla; neandenthales con micrófono y demás prensa seudo independiente. El domingo en Córdoba, en la misma contradictoria Córdoba que puede dar frutos tan reaccionarios como revolucionarios, centenares de personas que luchan por amarse sin que los detengan ni señalen; cantaron y se besaron hasta cansarse con la alegría de quien se sacude lastres propios y ajenos. “No a la discriminación”; “Más Chape, menos Yuta”; “La vida es corta, hacete torta” o “Cana, basura, vos sos la dictadura”.

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Imagen: Mechi Ferreyra
 
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