turismo

Domingo, 6 de enero de 2008

SUR DE CHILE > PUERTO VARAS

La Ciudad de las Rosas

Tal es el apodo que recibe esta apacible localidad emplazada en la Región de los Lagos, frente al majestuoso (y siempre nevado) volcán Osorno y a orillas del inmenso lago Llanquihue. Desde allí pueden realizarse muchos paseos en medio de una naturaleza privilegiada y combinada con la rica historia de la colonización alemana de fines del siglo XIX.

 Por Mariana Lafont

Puerto Varas transcurre sus días junto al segundo lago más grande de Chile –descubierto por Pedro de Valdivia en 1552– y bajo la mirada del Osorno, un volcán ubicado en plena Cordillera de los Andes que permanece inactivo desde hace más de 125 años. Sin embargo, su solemne imagen hace pensar que puede estallar en cualquier momento. ¿Qué habrá sentido Darwin en 1835 (en su histórico viaje a bordo del Beagle) cuando presenció, desde Chiloé, la erupción de este gigante? Estando a sólo 60 km de Puerto Varas, su gran altura (2652 msnm) lo hace visible desde toda la provincia de Osorno y desde algunos puntos de la isla de Chiloé. Para aquellos amantes del trekking su cima es una irresistible tentación a la que se llega luego de unas 6 horas de marcha y por la vía sencilla (la ladera oeste).

Colonizacion alemana

La ordenada fisonomía de La Ciudad de las Rosas es el resultado de la colonización alemana promovida por el gobierno para poblar la región de Llanquihue y Valdivia, explotar sus abundantes recursos naturales y evitar posibles ocupaciones extranjeras. Este proceso colonizador influyó en el sur argentino debido al importante intercambio comercial entre ambos lados de la cordillera. Corría el año 1840 cuando los primeros colonos arribaron al sector más atrasado y apartado de Chile. A partir de la sanción, en 1845, de la Ley de Colonización, el navegante Bernardo Philippi fue el encargado de reclutar colonos en Alemania que estuvieran dispuestos a emprender la aventura de vivir en un territorio alejado de la civilización. Y a esa ardua tarea se le sumó la oposición del sector católico que no veía con buenos ojos la llegada de colonos protestantes. Sin embargo, en 1846 Philippi logró asentar a un primer grupo en la zona de Valdivia y a partir de allí exploró la cuenca del lago Llanquihue en busca de nuevas tierras. Entre tanto Vicente Pérez Rosales implementaba y organizaba el proceso de colonización desde Chile. En 1850 reemplazó a Philippi y dos años después desembarcó en la actual Puerto Montt con familias germanas que se instalaron a orillas del lago Llanquihue. Pero Pérez Rosales fue más allá y convenció al gobierno de formar el Territorio de Colonización de Llanquihue y en febrero de 1853 fundó Melipulli (luego renombrada Puerto Montt en honor del presidente homónimo) y de igual forma, Puerto Varas fue fundada un año más tarde homenajeando a uno de los políticos y ministros de Estado chilenos más importantes e influyentes del siglo XIX, Antonio Varas.

Con cada oleada migratoria, y a medida que la agricultura avanzaba, el paisaje sureño fue cambiando poco a poco y hacia 1870 el proyecto de colonización era todo un éxito. Gracias a ciudadanos laboriosos y emprendedores, el sur de Chile dejó de ser un olvidado confín para pasar a ostentar el mayor dinamismo económico del país hasta comienzos del siglo XX cuando el ímpetu comenzó a decaer. Tiempo después, el atroz terremoto de 1960 derribó puentes y construcciones levantados en largos años de trabajo.

El parque mas antiguo

En homenaje al gran impulso que Pérez Rosales había dado a la zona el parque nacional más antiguo de Chile lleva su nombre. Además de político y hombre de Estado, este gran aventurero había sido minero y comerciante y si bien había nacido en Chile su infancia la pasó en Mendoza, escapando de las Guerras de Independencia. Muchos años después, con el brote de fiebre de oro en California, partió hacia allí en busca de aventuras y cuando regresó a su patria el gobierno le encomendó organizar la Colonización de Llanquihue.

El parque, con una superficie de 251.000 hectáreas, preserva grandes extensiones de selva virgen con árboles nativos como coihues, ulmos, olivillos y arrayanes y en su interior se encuentra el Lago de Todos los Santos. Este lago se formó a partir del retroceso de los glaciares y de la aparición del volcán Osorno y está rodeado de tres imponentes volcanes nevados: el Osorno, el Puntiagudo y el Tronador. Los jesuitas (que habitaban la isla grande de Chiloé) descubrieron este hermoso lago color esmeralda buscando una ruta para instalar allí una misión. Del mismo modo descubrieron en 1670 el lago Nahuel Huapi y la ruta se usó hasta 1718 cuando abandonaron la misión en territorio argentino debido a la matanza de cinco miembros de la orden. De ese modo el lago pasó al olvido hasta que fue redescubierto a mediados del siglo XIX por unos expedicionarios que habían ascendido al volcán Osorno.

Varias son las actividades que se pueden realizar en el bellísimo entorno natural del parque. Caminatas por senderos, en especial el que lleva a los Saltos del río Petrohué, paseos lacustres, kayak y relajantes baños termales en Vuriloche, Ralún y El Callao.

Viejas tejuelas

A pie o en bicicleta, recorrer la ciudad permite apreciar la peculiar y distinguida arquitectura de Puerto Varas con sus construcciones plagadas de infaltables tejuelas. Las más antiguas solían ser de madera de alerce (la más resistente para el clima húmedo de la zona) pero en la actualidad su tala está prohibida y se usan otras maderas. Sin embargo, también hay casas con muros de planchas de hierro acanalado que les dan un toque único. Hay una pequeña ruta a través de la cual se pueden ver las ocho casas más llamativas de Puerto Varas y que fueron declaradas Monumento Nacional. Ellas son: la Casa Angulo, la Casa Gotschlich, la Casa Kuschel (de 1915, de estilo ecléctico y restaurada por su actual dueño: el millonario Douglas Tomkins), la Casa Maldonado, la Casa Opitz, la Casa Raddatz, la Casa Yunge, la Casona Alemana y la Casa Jüpner. Pero no son las únicas, y en toda la ciudad hay construcciones de todo tipo y color que avivan el usual cielo gris que sólo se pone azul y soleado durante el verano.

Siguiendo la costanera que bordea las aguas del Llanquihue se llega a una pequeña elevación donde se encuentra un hermoso parque con abundante vegetación, el Parque Philippi. Subiendo por un camino en espiral se llega a un mirador desde el cual se tiene una espléndida vista de Puerto Varas, su lago y los inconfundibles techos rojos de la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús. Este templo –inspirado en la Iglesia Mariekirche de la Selva Negra alemana– es prácticamente un ícono de la ciudad y fue construido entre 1915 y 1918, con maderas de ulmo y roble.

Desde la costanera llama la atención un hermoso barco que flota solitario en la bahía. Es el Capitán Hasse, un motovelero de 65 pies, diseñado y construido en madera nativa en 1999. Aunque su estilo semeja el de un barco antiguo, la nave cuenta con todas las comodidades y zarpa cada día para navegar las aguas del infinito lago hasta que el sol se esconde y dibuja en el horizonte una nueva silueta del imponente volcán.

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Los saltos Petrohue del Parque Nacional Pérez Rosales. Al fondo, el volcán Osorno.
 
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