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Domingo, 19 de octubre de 2008

TURQUIA > EFESO, UNA JOYA GRECORROMANA

Escrito en la piedra

En cercanías del mar Egeo, las ruinas de la antigua ciudad de Efeso atesoran legendarias historias. Grandes personajes como Alejandro Magno, el filósofo Heráclito y hasta la propia Virgen María habrían habitado su suelo. Un recorrido por calzadas de mármol entre los fabulosos restos del Templo de Artemisa y el anfiteatro griego. Y, también, escrituras grabadas en la piedra que sobrevivieron al paso de los siglos.

 Por Pablo Donadío

Los pies de San Juan se habrían detenido ante la atenta mirada de María, en el mismo lugar por donde hoy desfilan cientos y miles de turistas. El apóstol pescador habría llevado a la madre de Jesús –por pedido expreso de su hijo– hasta esa tierra para construirle la casa donde la Virgen vivió hasta su muerte. Este sitio es hoy, naturalmente, mucho más que viejas rocas.

Efeso está a 20 kilómetros de Kusadasi, en Turquía. Muchos relatos verídicos y alguna que otra fábula (aunque a veces resulta difícil saber cuál es cuál) subyacen en las legendarias ruinas. Se sabe que fue fundada por los griegos en el siglo XI a.C., aunque una leyenda les atribuye su origen a las amazonas. Fue en el pasado una de las doce ciudades jónicas sobre el mar Egeo, y los restos del templo consagrado a Artemisa (uno de “los” lugares a recorrer) fueron distinguidos como una de las Siete Maravillas de la Antigüedad, junto a las pirámides de Giza y otros monumentos arqueológicos. Muchos coinciden, además, en que la ciudad fue un importante centro religioso, cultural y comercial. Proveedor de una inagotable fuente de historias, Efeso atrapa a los visitantes con una escenografía deslumbrante en la que destellan, además del templo, un teatro griego, la primera biblioteca del mundo y nada menos que la casa donde habría vivido la Virgen María.

POR LA AVENIDA DE MARMOL Efeso gira en torno del templo de Artemisa (Diana para los romanos), una obra dedicada a venerar a la diosa griega. Unos 120 años después de su construcción, iniciada por el rey Creso de Lidia, el templo fue destruido por Heróstrato la misma noche en que nació Alejandro Magno. Casualidad o puro mito, cuando Alejandro entró a la ciudad (que no tuvo más remedio que entregarse a él de inmediato) ofreció pagar todos los gastos de la reconstrucción, pero los efesios alegaron que no era correcto que un dios levantara un templo a otro dios. Así, con astucia y hábil oratoria, impidieron que el conquistador se hiciera cargo del templo de “su” diosa.

En la actualidad, en medio de las ruinas centrales todavía permanece en buen estado una enorme calzada de mármol que fue conocida como “la avenida santa”. Caminando sobre ella se llega a la primera biblioteca del mundo, cuya perfecta fachada descansa sobre 16 columnas. Se trata de una de las obras más espectaculares de la antigüedad, construida por el consejo de la ciudad como monumento a Julio Celsus Polemeanus. En los nichos del primer piso, unas estatuas simbolizan las cualidades de Celsus: la sabiduría, la ciencia, la fortuna y la virtud. Frente a lo que debió haber sido el lugar donde se leía y se discutían obras (algo así como un auditorio) se encontraron restos que narran la victoria de Marco Aurelio y Lucio sobre los partos. Hoy, esos restos están en Viena.

Hacia el otro extremo del camino de mármol aparecen los vestigios del ágora comercial, custodiada en su tiempo por señoriales columnas a ambos lados. No muy lejos, otra maravilla deja perplejos a quienes sólo han visto por TV un típico teatro griego. También perteneciente al período helénico y más tarde restaurado por los romanos, ese abanico escalonado es ahora, como en tiempos grecorromanos, un espacio donde se brindan espectáculos y conciertos al aire libre, como el Festival Internacional de Efeso. Desde la grada superior del auditorio, a unos 30 metros de altura, se ve perfectamente el dibujo del escenario sobre el cual los actores y poetas se dirigían a un auditorio de 24 mil espectadores. Algunos hasta aseguran que allí tuvo la oportunidad de predicar San Pablo, en momentos en que el cristianismo comenzaba a expandirse por toda la región.

AUGE Y DECLINACION En el siglo VI a.C., el soberbio templo de Artemisa, que fascinaba a los habitantes, atrajo también a filósofos como Heráclito y a poetas como Calínico e Iponaso, quienes dedicaban obras a la diosa. Dicen que el florecer artístico de Efeso, y su fama de polis próspera y con peso político, llevó a Creso de Lidia a incorporarla a su reinado en 560 a.C. Luego vendría el paso de Alejandro y tras él, cerca del 300 a.C., el dominio de Lisímaco junto a todo el reino de Antígono. Bajo ese gobierno se produjo la mayor transformación de la ciudad: Efeso fue trasladada a las laderas de los montes Coreso y Pion, donde hoy se ubica, para resolver de una vez para siempre los problemas que provocaban las inundaciones. Se construyó una muralla de varios kilómetros y se pobló hasta ser una verdadera ciudad helenística, quizá la más poblada de Anatolia. En ese pasa-manos interminable que vivieron muchas ciudades de la antigüedad, Efeso se vio beneficiada bajo el dominio de Roma con obras públicas que mejoraron notablemente el bienestar de sus habitantes. Lo más notable sin dudas fue un sistema de suministro de agua de varios kilómetros, con numerosos baños y fuentes, canalizado a través de un acueducto desde el río Marnas.

Antes de que Augusto asumiera el poder, Mitridates VI llegó a Efeso tras invadir Jonia y mandó a asesinar (aproximadamente en el 88 a.C.) a todos los romanos que vivían en “la provincia de Asia” y se negaban a pagar los impuestos. El exterminio de 80 mil personas se conoce como las “Vísperas de Efeso”, y es una sombra que la antigua ciudad carga sobre sí. Reconquistada por Roma, Augusto la nombra capital de la provincia de Asia en lugar de Pérgamo. Hacia el siglo III d.C. comienza un período de declive a manos de los godos, que saquean la ciudad y el templo de la diosa. Finalmente, la ciudad helenística no pudo renacer de los ataques de las tribus árabes que sufrió a lo largo de los siglos VII y VIII, y su tiempo de esplendor quedó en el recuerdo.

Hoy, los expertos dicen que el sitio arqueológico de Efeso no ha sido excavado por completo y que se espera, aunque cueste creerlo, aún más. Más maravillas legendarias como el teatro, la biblioteca y los restos del fabuloso templo de Artemisa.

La casa de Maria

Con la expansión del cristianismo en Efeso, sus símbolos comienzan a instalarse al igual que las historias sobre sus personajes. En las cercanías de la ciudad se consagra una basílica a la Virgen María, y los efesios pasan de generación en generación la versión que asegura su presencia allí. También que los restos del apóstol Juan fueron enterrados en una pequeña iglesia construida sobre la colina cercana al templo de Artemisa. Pero la historia más fascinante gira sobre una pequeña casa de dos habitaciones donde María habría vivido sus últimos años de vida. La pequeña edificación fue descubierta a finales del siglo XIX, a unos 400 metros de altura en la montaña Bülbül, y tres pontífices la han visitado en el último siglo. Para llegar hay que ascender unos nueve kilómetros hasta el sector donde se habría asentado el grupo pioneros de cristianos, pasando la puerta superior de Efeso. En la actualidad la casa ha sido restaurada con piedras de la zona, siguiendo las líneas de las viviendas de esas épocas. Se encuentra rodeada de árboles y tiene un importante patio de lajas.

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El anfiteatro griego tiene una capacidad para 24 mil espectadores.

Entre las columnas de Efeso, un texto en griego tallado en un gran bloque de piedra.
 
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