turismo

Domingo, 11 de diciembre de 2011

JORDANIA. EL BICENTENARIO DE PETRA

Te llamaré “Piedra”

Maravilla del mundo, tesoro arqueológico, escultura nacida de la roca viva, Petra estará de fiesta en 2012. La postal turística más conocida de Jordania fue “redescubierta” hace 200 años por un explorador suizo, y el año próximo lo celebrará con galas especiales, un concurso y, por supuesto, la llegada de miles de turistas dispuestos a ver con sus propios ojos la maravillosa ciudad rosa.

 Por Graciela Cutuli

“Sheikh Ibrahim” lo llamaban, pero había nacido bajo el nombre más occidental de Johann Ludwig Burckhardt en Lausana, y había estudiado en Alemania e Inglaterra antes de decidir en 1809 arriesgarse a una expedición que iría en busca de las fuentes del Níger. Eran otros tiempos: exploradores y científicos surcaban un mundo todavía semidesconocido revelando sitios naturales y monumentos que las dificultades del transporte y la ausencia de medios de comunicación mantenían vedados al resto del globo. A Burckhardt le tocaría “descubrir” uno que lo pondría en la historia: la extraordinaria Petra, la reina rosa del desierto jordano. No habían sido en vano sus esfuerzos; vale recordar que antes de iniciar su viaje había estudiado árabe, había aprendido a alimentarse con el agua de las plantas y se había convertido en un experto en el derecho musulmán y conocedor del Corán.

El hallazgo se remonta a 1812: este año, Jordania rinde homenaje al bicentenario del redescubrimiento de Petra y, de paso, recuerda también los 50 años del estreno de Lawrence de Arabia, que se filmó en parte en el desierto jordano. Junto con una campaña intensiva en las redes sociales y una multiplicación de workshops en todo el mundo, serán apuestas importantes para convencer a los turistas de que Jordania tiene una estabilidad propia diferente a la del convulsionado Egipto post “primavera árabe”: en todo caso, los operadores esperan un año favorable de la mano de un aniversario que permita conjurar la crisis europea, gracias a precios más accesibles por el ingreso de nuevos “jugadores” –incluyendo aerolíneas de bajo costo– en el tablero turístico de un destino tradicionalmente caro.

La “Ciudad Perdida” está literalmente tallada en la roca que le da nombre.

PETRA, PIEDRA Se cuenta que Burckhardt consiguió encontrar el sitio de la “Ciudad Perdida” –como se suele conocer a Petra– engañando a los custodios del sitio, ante quienes se presentó como un árabe de la India que deseaba realizar un sacrificio en la tumba del profeta Aarón. Antes había tenido que convencer a su guía de llevarlo hasta el lugar donde se decía que se encontraba la misteriosa, ciudad, totalmente desconocida para los occidentales. No era tarea fácil ni apta para no iniciados: Petra se encuentra en un valle muy angosto, al este del valle del Aravá, que va del mar Muerto al Golfo de Aqaba. Antiguamente tenía una situación de privilegio, que la convertía en un alto ineludible en la ruta de las caravanas que comerciaban con especias y otros productos –seda, perlas, marfil– entre Medio Oriente y el Mediterráneo. Debía su prosperidad a los nabateos, el pueblo que la ocupó en el siglo VI a.C., pero el paso de los siglos la sumió en la crisis y el olvido, con su consecuente “desaparición” de los mapas. Sólo quedaban, como testimonio de que realmente había existido, los escritos de Diodoro de Sicilia y Estrabón, que alabaron sus riquezas y la industriosidad de sus habitantes.

Para el turista moderno las cosas son más fáciles: la ciudad se encuentra a unos 200 kilómetros de Amman, y el trayecto lleva sólo unas tres horas del vehículo. Todo el mundo sabe dónde está: Petra es, de hecho, la gran embajadora turística de Jordania en el mundo y el principal atractivo para los visitantes extranjeros. Cada recién llegado se puede sentir como un nuevo descubridor: es que Petra –“piedra”, literalmente– está mimetizada con la roca, cavada en la piedra misma, disimulada entre los pasadizos que el agua labró con paciencia a lo largo de milenios. Sólo se puede acceder a través de un sendero de montaña por el noroeste, o bien por un cañón de casi dos kilómetros de largo –el Siq– que se estrecha hasta apenas unos dos metros en su sector más angosto.

Hoy todo el conjunto de la antiquísima ciudad troglodita forma parte del Patrimonio Mundial de la Unesco, y está rodeado de un Parque Nacional Arqueológico. Literalmente esculpida en arenisca rojiza, un tipo de piedra que se formó a partir de la sedimentación de la arena, Petra es una superviviente de numerosos terremotos y también de la napa subyacente de agua salada, que dañó los cimientos de varios de sus monumentos. El más famoso de ellos es Al Khazneh, “El Tesoro”, la famosísima fachada que se vislumbra al final del Siq, muy difundida en las imágenes de “Indiana Jones y la última cruzada”: 30 metros de ancho y 43 de alto, íntegramente de piedra rosa, sirven de tumba a un rey nabateo y sellaron la celebridad de Petra desde su redescubrimiento hace dos siglos. La ciudad es todo un conjunto de sectores privados junto a edificios públicos, monumentos y tumbas de estilo ecléctico, donde los rasgos árabes se mezclan con los helenísticos y los de otras civilizaciones: allí quedan testimonios típicos de la arquitectura de Medio Oriente junto con calles construidas por los romanos; terrazas naturales cavadas en la roca junto con sitios que fueron sagrados para los nabateos; una vieja muralla y casas humildes junto con grandes mansiones. Además de “El Tesoro”, los sitios más conocidos son la calle central (KhaznealFiraun), el teatro construido por los nabateos y ampliado por los romanos; el templo Qasr alBint y las iglesias decoradas con mármol y granito al estilo bizantino. Petra, entre mágica y sagrada, también se puede visitar por la noche, en visitas que captan lo más fascinante de su antigua esencia y revelan que, después de miles de años, sus secretos siguen intactos.

Columnas que forman parte de los restos arqueológicos de una ciudad romana.

LAWRENCE DE ARABIA La “Ciudad Perdida” debía ser también una de las locaciones de Lawrence de Arabia, que tuvo todo el apoyo del rey Hussein de Jordania cuando se llevaron a cabo las filmaciones a principios de los años ’60. Recuerdan los memoriosos incluso que allí conoció a Toni Gardiner, una inglesa que se convertiría en su segunda esposa y en la madre del actual rey Abdulá II.

Aunque, enfermedades y costos mediante, parte del rodaje terminaría trasladándose a España, Lawrence de Arabia se filmó en parte en el desierto jordano de Wadi Rum, donde hoy se puede tomar un tour especial inspirado en la película y bien provisto de jeeps, camellos y campamentos en la arena. En una vena más futurista, aquí también se filmó Marte rojo, en el año 2000 (aunque Wadi Rum se conoce en realidad como el Valle de la Luna). Antiguo territorio de los nabateos, hoy viven aquí tribus de beduinos que organizan para los visitantes distintas salidas de ecoturismo por un sitio realmente extraordinario, famoso también por los petroglifos del cañón Khazali y por el paso de Lawrence de Arabia durante 1917-1918. Finalmente, los conocedores recomiendan no dejar de visitar la cercana Reserva Natural Dana, una reserva de la biosfera en torno a un valle que desemboca en el Aravá: se visita partiendo del pueblo de Dana y se pueden recorrer las cuatro zonas geográficas que caracterizan el paisaje jordano: la sudanesa, la mediterránea, la saharo-arábiga y la iraní-turaniana. Como para ponerle un broche natural a un viaje que se interna por el pasado arqueológico de Medio Oriente

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