turismo

Domingo, 30 de agosto de 2015

FRANCIA LA CAPITAL MUNDIAL DE LA GEOGRAFíA

En nombre de América

Al pie de los Vosgos, un macizo montañoso en el noreste de Francia, Saint-Dié fue construida en torno de un monasterio donde obraban los mejores y más informados cartógrafos del Renacimiento. Aquellos que pusieron –y nombraron por primera vez– las Américas en un planisferio.

 Por Graciela Cutuli

¿Puede un mapa costar diez millones de dólares? La biblioteca del Congreso de Estados Unidos pagó una suma superior por el primer mapa que mencionó y representó el Nuevo Mundo. Este planisferio –impreso en 1507– se conoce entre los geógrafos como el “Acta de nacimiento de las Américas”. Para verlo hay sólo dos opciones en el mundo: una está por supuesto en Washington, y la otra en el este de Francia, en un pequeño pueblo que se promociona con dos títulos para atraer visitantes, ya que es a la vez la Capital mundial de la geografía y la Cuna de América. Bienvenidos a Saint-Dié-des-Vosges, escondida en el macizo montañoso del cual tomó su nombre, en el noreste de Francia.

Mundus novus Los topónimos que los europeos dieron al continente carecen de lógica: Colombia tendría que ser la isla de Bahamas que Colón y sus marineros pisaron durante su primer viaje. ¿O por qué no el continente entero? En su lugar se lo llamó América, para homenajear a otro navegante italiano, Amerigo Vespucci, que no fue el primero en llegar al Nuevo Mundo, pero sí fue quien tuvo el mejor “servicio de prensa”, por decirlo con palabras de hoy... Amerigo –también conocido como Américo, o Albericus en latín– no fue entonces el pionero en llegar a las Américas, pero sí el primero en entender que se trataba de un nuevo continente y no de una periferia del Lejano Oriente al que querían llegar los europeos del Renacimiento navegando hacia el oeste desde la Península Ibérica. Luego de sus expediciones, entre 1500 y 1502, empezó a circular un libro que decía ser de su autoría, hacia el año 1504, y fue todo un bestseller para la época: su primera edición en latín se imprimió en París y luego se reimprimió en Florencia (su ciudad natal), Venecia, Amberes y varias ciudades alemanas. Además fue traducido al alemán, el holandés, el checo, el español y otros idiomas. Pero ¿qué relación tiene con Vespucci y los Vosgos? El libro se llamaba Mundus Novus, el Nuevo Mundo, el nombre que tuvo efímeramente el continente americano.

El resto de la historia transcurre en el silencio de un monasterio al pie de montañas cubiertas de densos bosques de pinos. Sobre la ladera de habla francesa de aquellas montañas –bajas pero muy frías y con abundantes nevadas durante los largos inviernos– el religioso y humanista Vautrin Lud fundó una escuela para estudiar las ciencias y una imprenta para difundir ideas nuevas en geografía, geometría o música. Este Gymnasium Vosagense se destacó por agrupar a los más destacados geógrafos de su época: Lud mismo, el alemán Martín Waldseemüller, el imprentero Mathias Ringmann, el erudito latinista Jean Basin y varios más. Gracias a ellos la ciudad hoy se puede proclamar Capital Mundial de la Geografía en los carteles de sus distintos ingresos. También para recordarlos, cada año organiza el Festival Internacional de Geografía, desde el año 1990, en el mes de octubre. En menos de un cuarto de siglo el Premio Vautrin Lud, que se entrega durante estas jornadas, se ha convertido en una especie de Nobel para los geógrafos y cartógrafos, que por su profesión podrían ubicar Saint-Dié en un mapa sin haberla visitado personalmente.

Para los demás, sin embargo, no es tan evidente. El pedemonte occidental de los Vosgos está lejos de cualquier circuito turístico habitual. Hay que cruzar la sierra para ir a Estrasburgo y los pequeños pueblos vitícolas de Alsacia. No se viaja tan hacia el este para visitar Nancy y Reims, los dos grandes centros de Lorena y Champagne, en el este de Francia. En realidad, llegar hasta ahí es arribar a un mundus novus para muchos turistas, franceses o extranjeros. Como Amerigos modernos guiados por un GPS, hay que pasar por Baccarat (la ciudad donde se hacen los famosos y carísimos cristales de mesa) y finalmente llegar a una región de bosques de pinos que fue durante muchos siglos la frontera entre el mundo latino y el germánico.

El País de la Geografía Para sus huéspedes geógrafos y para los fanáticos de los mapas de peregrinación, la oficina de turismo de la ciudad armó un itinerario temático donde la estrella es la reproducción a gran escala del famoso planisferio de los diez millones de dólares. El tour se llama Viaje al País de la Geografía y pasa por distintas calles donde hay murales referentes al famoso mapa y a Amerigo Vespucci. También lleva a rotondas en cuyos centros se colocaron globos terráqueos. Se recorre la Plaza del General de Gaulle, donde hay una reproducción en roca arenisca típica de los Vosgos del continente americano dibujado por Martín Waldseemüller, desde el norte de Canadá a la Tierra del Fuego. Este mapa simboliza el “nacimiento” académico del continente en esta misma parte de la ciudad, hace más de cinco siglos.

No sólo Vespucci había intuido haber llegado a un nuevo continente: también lo pensaron así los miembros del Gymnasium, y sobre todo Waldseemüller, el encargado de dibujarlo. La obra que Lud y su grupo publicaron se llamó Cosmographiae Introductio y era la suma de todos los conocimientos que se tenía del mundo en el año 1507. En la Sala del Tesoro de la Centro Cultural de la ciudad se puede consultar una versión digitalizada de la obra y del mapamundi que la acompañaba.

Hay otro facsímil del mapa en el piso de una de las salas, donde se pueden ver mejor los detalles, y entre ellos el más buscado de todos: “América”, sobre el actual Brasil. Al detallar el mapa, llama la atención la idea precisa que aquellos monjes tenían del continente, sin haber casi nunca salido de sus salas de estudio. De paso, existe una polémica en torno al mapa, que no dejan de recordar los guías durante las visitas: aunque los navegadores hayan llegado solamente a las costas atlánticas del continente, los cartógrafos dibujaron claramente las largas cadenas de los Andes y las Rocosas, que eran supuestamente desconocidas para los europeos en 1507...

¿Intuición o datos recopilados a partir de exploradores chinos que habrían llegado hacia el año 1420 a la costa pacífica de las Américas? El misterio seguramente nunca será develado. Y hace aún más intrigante este primer mapa del Nuevo Mundo, dibujado e impreso en una pequeña ciudad perdida en medio de los bosques, que parecía más destinada a inspirar cuentos de hadas y brujas que descubrimientos geográficos.

Martin Waldseemüller es todo un héroe en Saint-Dié-des-Vosges, igual que Amerigo Vespucci, cuyo nombre convirtió en sinónimo del continente. Pero fue otro cartógrafo que pasó a la historia quien afianzó el nombre: Gerardus Mercator. Ahora se lo considera como belga, pero en su tiempo era originario de los Países Bajos españoles. Sus mapas fueron más fieles que los anteriores, gracias a la proyección que lleva su nombre, y tuvieron un éxito duradero entre navegantes y eruditos del Renacimiento. El también eligió el nombre de América para designar a este nuevo continente, dejando para Colón algún país a futuro que quisiera recordarlo... El navegante genovés, que perdió la batalla de los topónimos, ganó sin embargo la de la memoria: sus viajes y su figura son recordados detalladamente en los libros de historia, mientras Amerigo Vespucci pasó a ser un nombre más en la larga lista de exploradores que aquellos tiempos nuevos lanzaron a los maresz

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Réplica gigante del mapa donde América fue nombrada como tal por primera vez.
Imagen: Oficina de Turismo St. Dié
 
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