turismo

Domingo, 6 de noviembre de 2016

GRAN BRETAÑA GóTICA, ROMANA Y CON ESTILO

Siglos de alma inglesa

Pequeña y antigua, para los amantes de la tradición más británica York es un alto obligado entre Londres y Edimburgo. De la Catedral a los jardines, de las columnas romanas al pasado vikingo, la rodean colinas salpicadas de cottages y pueblos de imperecedero encanto rural.

La capital de provincia más grande de Inglaterra, York es la capital de Yorkshire, como su nombre invita a suponer- reúne parques, campo, historia, mercados, arquitectura gótica y también romana. Todo en medio del norte inglés, en versión reducida y con un entorno que invita a un permanente vaivén entre historia y naturaleza: porque el 40 por ciento de Yorkshire está cubierto de parques nacionales y áreas protegidas, entre las que se destacan los Yorkshire Dales o los North York Moors. En esta región, además, se encuentra la mayor cantidad de abadías y monasterios eclesiásticos desde el siglo XIX.

En otras palabras, de nada podría cansarse el viajero. York es elegante, medieval, divina e impecable. Los amantes de los castillos y los fanáticos de las ruinas también serán complacidos, en tanto a minutos de la ciudad la campiña espera a quienes necesitan porciones más amplias de verde, multiplicado en colinas de distintos colores salpicadas de cottages que ofrecen al viajero un contacto con el aspecto rural y más auténtico del país. Cottage es una palabra que rápidamente se suma al vocabulario del viajero de paso por York: son las casas rurales inglesas, que por fuera parecen salidas de una película de época, pero por dentro presentan todo el confort del mundo actual. Una combinación soñada, parecida a la vivienda donde va Cameron Diaz cuando intercambia casa con Kate Winslet en The Holiday.

ESTACIÓN E HISTORIA Si se elige el tren como opción para llegar, el tiempo de viaje serán dos horas de pura tranquilidad y bellos paisajes. Al salir de la estación, construida en 1839, las murallas y el río ofician de anfitriones: estamos en York. Al lado se levanta el Museo Nacional del Ferrocarril, de entrada gratuita. En consonancia con la tradición ferroviaria inglesa, es el mayor museo del ferrocarril del mundo.

Para entrar a la ciudad hay que subir y bajar las murallas, no es cuestión de simplemente atravesarlas, como sucede para entrar a Cartagena o Asís. Mientras uno sube puede entretenerse entreviendo, o intentando entrever, de qué se trata lo que está al otro lado (suena hermoso, pero mientras tanto hay que cargar con el equipaje por las escaleras). Ya al bajar, la promesa de descubrir un lugar increíble es un hecho.

Que York sea una reducida y perfecta combinación de estilos se lo debe a su historia. Fue fundada por los romanos en el año 71 y fue capital de la Britania romana: más aún, por dos años el Imperio Romano fue gobernado desde York. Unos cuantos años después, allá por el 886, los vikingos se adueñaron de la ciudad. Su nombre fue cambiando a la par de sus conquistadores: los romanos la llamaron Eboracum, los vikingos Jorvik y los sajones Eoforwick.

York está al alcance del viajero porque para abarcarla solo es necesario disponerse a caminar un par de cuadras adoquinadas. No hay mayor requisito que ese. La ciudad es peatonal y pequeña, de modo que caminar es la única opción. Aunque también se puede comprar un York Pass (por uno, dos o tres días) para recorrer desde un double-decker –los famosos micros, descubiertos y de dos pisos colorados– que incluye todos los puntos turísticos con la posibilidad de parar a conocer todos los sitios deseados (el pase incluye la entrada a los 30 sitios del itinerario).

CIUDAD EN FLOR La estrella de York es la Catedral. Imponente, es el templo gótico más grande del norte de Europa y se diferencia de todo el resto por su altura y estilo. Ascender cúpulas de iglesias siempre es garantía de grandiosas vistas y esta Catedral es una de las tantas que lo permiten. En los exteriores del acceso sur aún está de pie una columna perteneciente a la antigua basílica romana, mientras en las proximidades del Museo de Yorkshire se pueden ver los vestigios de una torre defensiva.

Como toda ciudad inglesa, las flores se disponen a embellecer edificios. El mismo papel cumplen los colores brillantes que contrastan perfectamente con los ladrillos o las paredes centenarias. Son lugares preparados para recibir visitantes desde hace siglos y saben conquistar al público.

La Torre Clifford, una de las dos erigidas en la ciudad en tiempos de los normandos.

En el río Ouse, que atraviesa la ciudad, la imagen de película de jóvenes remando en barcos de madera lustrosa se hace real cada dos por tres. Es posible quedarse con esa imagen desde la muralla, acercarse para caminar por las orillas o inclusive tomar paseo en barco. Una excelente idea para hacer un alto a media tarde y tomar una cerveza es ir a algún bar a la vera del río.

Caminar por The Shambles, una de las calles medievales británicas mejor conservadas, es transportarse al siglo XV. Dato curioso: ganó el premio a la calle más pintoresca en Google Street View, al punto que cuesta distinguir si uno está en una calle o en un set de filmación. Antiguamente era la calle de los carniceros y se pueden ver aún algunos detalles de esa época, como los ganchos donde colgaban las reses. La otra calle comercial por excelencia es Stonegate.

Entre las recomendaciones necesarias no hay que soslayar los mercados, porque son coloridos y vistosos. Alegres y movidos. Porque hay cosas típicas, atípicas y ricas. Porque es válido para deleitar los sentidos. Golosinas, pescados, flores, lo que sea. Gente del lugar y turistas, viendo qué comprar.

York también cuenta con un profundo legado vikingo. En el Centro Vikingo Jorvik se puede conocer todo sobre aquellos navegantes nórdicos, en tanto para conocer sobre los tiempos gregorianos y victorianos los lugares para ir son el Museo del Castillo de York y la Torre de Clifford.

EL FESTIVAL Dicho todo lo fantástica que es York, tengo que confesar que para ir reservé hospedaje solo unos días antes y no encontré lugar en la ciudad. Estaba todo tomado porque en la temporada de verano se organiza el Yorkshire Ebor Festival, un evento glamoroso que hace colapsar la ciudad. El Ebor es una carrera de cuatro días que se realiza desde 1843. Cada uno de estos días tiene tradicionalmente su particularidad. Todo esto lo supe cuando atravesé las murallas rumbo a la Oficina de Turismo, atestada de turistas como yo, desesperados por un lugar para dormir. Finalmente logré conseguir una habitación en Brandsby, un pueblito a unos veinte kilómetros de distancia.

Encontrar el bed & breakfast a las afueras de York no resultó tarea sencilla, aunque la vista del recorrido sí fue soñada. The Bothy, el B&B reservado, resultó ser perfecto. Una casa reciclada por sus dueños, un matrimonio de arquitectos retirados que se dedica a pasear en casa rodante y a recibir viajeros de vez en cuando. Mientras esperaba para pasar a la habitación me invitaron a conocer el jardín de la casa, que reunía todos los requisitos de un jardín inglés: canteros impecablemente desorganizados con lavandas y bien verdes, una carretilla por ahí, y un limonero por allá. Era mágico. El jardín, a su vez, ofrecía un paisaje hermoso porque estaba en altura, contrastando con un cielo celeste intenso, excepcional en Inglaterra. Al pasar a la habitación me encontré con unos ventanales que solo permitían ver verde y más verde. Estaba en mi paraíso.

Y aún faltaba más: al despertar, me encontré con un desayuno extraordinario. En una vajilla típicamente inglesa me esperaban frutas y cereales orgánicos, huevos, panceta, panes, té negro y jugo de naranja. La idea era dar una vuelta por la campiña, pero el cielo azul del día anterior se había trocado en llovizna. Tocó entonces ponerse el impermeable y dejarse llevar por los caminos y lomadas. Las tranqueras y las ovejas parecían a la espera de posar para la foto, como sabiendo que junto con la llovizna y el verde se volvían cinematográficas. La conclusión del paseo es sencilla: en Brandsby hay básicamente cien casas y granjas, más la iglesia que da nombre al lugar. De hecho la historia del pueblo es en realidad la historia de la iglesia, que se remonta al año 1086, cuando nació entre las arboladas colinas de la región de Howardianz

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Catedral de York, la segunda en estilo gótico más grande de Europa.
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