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Domingo, 6 de noviembre de 2016

ESPAÑA EL MUSEO ARQUEOLóGICO NACIONAL

La dama primero

¡Toc! La herramienta definitivamente había dado con algo inesperado. Era una calurosa mañana del mes de agosto de 1897 –hace ya casi 120 años– y un chico de catorce años, Manuel Campello, sintió el golpe seco en el metal cuando trabajaba la tierra. Ocurrió en Elche, cerca de Valencia. Después de correr el material suelto que la tapaba, de las entrañas del suelo apareció, de manera casi fantástica, el rostro de aquella a quien se suele llamar “la mujer más hermosa del mundo”.

A partir de ese golpe en el piso, la Dama de Elche ha recorrido miles de kilómetros para descansar finalmente en el renovado Museo Arqueológico Nacional de España. Con ella como estandarte –del museo, pero también de todo un país– la institución representa la puerta de entrada a la historia y prehistoria de la Península Ibérica. Una visita ineludible en la Madrid de hoy, para conocer y comprender su pasado.

ENTRE TRES SIGLOS El Museo Arqueológico Nacional abrió sus puertas en 1871 en el sitio donde se encuentra en la actualidad, sobre la calle Serrano, a pocas cuadras de la emblemática Puerta de Alcalá y el acceso al Parque del Retiro. Todos símbolos madrileños a más no poder, ubicados al alcance de una caminata. El edificio fue remodelado recientemente y su recorrido es una experiencia completamente nueva y moderna. De hecho, su aggiornamento (con un costo de 65 millones de euros), que se realizó entre 2008 y 2013, se enmarcó en un proceso de renovación de varios de los más importantes museos de la capital española, como el del Prado, reinaugurado en 2007 con una inversión de 152 millones, y el Museo Nacional de Arte Reina Sofía, en 2005 (con 92 millones invertidos).

Coronando una construcción monumental de una manzana completa, que se comparte con la Biblioteca Nacional, la fachada realmente impacta. Ya en su interior, lo contundente pasa a ser el aire moderno logrado con la remodelación, esa mezcla de la estructura antigua conviviendo con la tecnología y el diseño del siglo XXI.

La exposición permanente del MAN abarca nada menos que cuarenta salas, entre la planta baja, primero y segundo piso, más un entrepiso. Son tres grandes áreas temáticas para recorrer desde la prehistoria hasta el presente. La primera parte del recorrido (la llamada de Arqueología y Patrimonio) nos pone digitalmente en tema, con una presentación multimedia de los principales yacimientos arqueológicos españoles, desde los orígenes de la hominización hasta hoy. La segunda área se llama España, lugar de encuentros y es el eje principal de todo el recorrido, desde los orígenes de la humanidad hasta el siglo XIX. El último tramo es el denominado De Gabinete a museo y narra la historia de la institución y el proceso de formación de las colecciones.

LA BELLA DAMA Al comenzar recorriendo la planta baja del MAN se descubren dos cosas: primero, los pormenores de la prehistoria de la península –caminando entre puntas de flechas, obras de arte, restos óseos, ídolos y el todo el legado de la Edad de Bronce– y segundo, que si no se apura un poco el paso el recorrido por el museo puede llevar, digamos, dos días. Por eso, tener en cuenta que una tarde completa debe ser como mínimo el tiempo destinado al MAN, si se lo quiere aprovechar dignamente.

El paso al primer piso, a través de las nuevas escaleras –que parecen una moderna versión de una escalera caracol, con sus vértices rectos y el vidrio dominándolo todo– se hace por el sector de la protohistoria, que reúne al período que va de los siglos IX al I a.C.. Ahí aparece el hierro ocupando un lugar importante en las vitrinas, pero también la plata y el oro, con las técnicas traídas por los fenicios a la península alrededor del siglo VII a.C.

Dominando con elegancia el espacio número trece de la sala, aparece ella, la Dama. Descansa sobre un pedestal y dentro de una caja de cristal, que impide que algún distraído pueda tocarla. En rigor, la pieza es un busto femenino, de rostro encantador y decorado con ornamentos de lo más llamativos. A los costados de la cara dos enormes rodetes en forma de discos enmarcan la cabeza, y una cofia y collares completan los adornos. Uno de los puntos que la han tornado más intrigante es el orificio que tiene en la parte posterior, fuente de teorías según las cuales se habría usado como urna funeraria. En esta sala está dispuesta de una manera que puede rodearse, por lo que se puede ver perfectamente la parte de atrás.

El busto pasa sus días tironeado por dos polémicas. O por lo menos, visiones encontradas. Por un lado, el consenso teórico coincide en afirmar que está datado entre los siglos V y VI a.C., por lo que estaría cumpliendo nada menos que 2500 años, aunque siguen existiendo voces que afirman que se trataría de una obra más reciente.

La segunda cuestión es más candente, y tiene que ver de manera lisa y llana con la pertenencia: pasado más de un siglo de su hallazgo en Elche, la Dama tuvo varias residencias: apenas fue sacada de la tierra la compró el arqueólogo hispanista francés Pierre Paris y fue a parar al Museo del Louvre. Allí fue donde se la bautizó como Dama de Elche, y estuvo en sus salas nada menos que cuarenta años. Al producirse la invasión nazi de Francia en 1940, se la trasladó por seguridad al Castillo de Montauban, en el sur francés, y al año siguiente una negociación entre gobiernos permitió el traslado de regreso a España. Pero no a Elche, sino al Museo del Prado de Madrid, donde estuvo otras tres décadas. Según algunos historiadores, España entregó a cambio de la dama obras de Velázquez, de El Greco y de Goya. Desde 1971 la Dama pertenece al Museo Arqueológico Nacional.

En síntesis, la Dama ha pasado mucho tiempo en varios sitios, menos en Elche. Solo ha estado allí en dos oportunidades y en forma de préstamo: en 1965 y en 2006. Actualmente, el tire y afloje por ella no ha cesado: desde la Comunidad Valenciana se asegura que una de las maneras de lograr su traslado definitivo sería convirtiendo el Museo Arqueológico y de Historia de Elche (MAHE) en subsede del MAN.

Buscando clarificar un poco las idas y vueltas, busco a Raúl Díez González, uno de los responsables de la comunicación del MAN. Su respuesta en cuanto a la posible cesión es contundente: hoy por hoy la medida no se contempla. Para esto, el museo se basa en la última respuesta parlamentaria sobre la cuestión, del 8 de abril de 2015. Desde entonces se determinó que la “Dama de Elche es un bien de dominio público, de titularidad estatal, adscrito a la colección estable del Museo Arqueológico Nacional con la finalidad de prestar a la colectividad un servicio público de índole socio-cultural”.

Ese mismo documento parlamentario plantea otras dos cuestiones, dice Díez González: “En la actualidad, es una pieza clave dentro del nuevo discurso museográfico del MAN. Su montaje junto a otras esculturas y objetos ibéricos hallados en diversos puntos de la geografía española la convierten en una pieza de referencia para el museo y para el estudio de la cultura ibérica. Por otra parte, el MAN, como museo del Estado, cumple un papel de representación de los pueblos y culturas que han trazado la historia de España. Y es en este ámbito donde la Dama cobra sentido como referente de la cultura ibérica”.

ESCALERAS ARRIBA Pero como no solo de damas vive el MAN, aún nos quedan muchos escalones por recorrer después de pasar frente a la joya de Elche. En el mismo piso, en el bello patio norte, se levanta el Pozo Moro, un monumento funerario del siglo VI A.C. reconstruido al detalle. Un poco más allá, en el ala contraria se despliega la Hispania Romana, que se inició un par de décadas antes de Cristo, cuando el emperador Augusto terminó con las últimas resistencias y se produjo la unificación política del territorio. Imperdible en este tramo la escultura de Livia, esposa de Augusto, que se dice es la representación más bella de la emperatriz.

De esta misma parte del recorrido, entre otros puntos interesantes, no se pueden dejar pasar los monumentales mosaicos que se despliegan a lo largo y a lo ancho de paredes y pisos, en un estado de conservación fabuloso. Más adelante, subiendo en espiral al ritmo del paso de los siglos, aparecemos inmersos en los días de Al-Ándalus. De aquellos días se puede conocer parte del Tesoro de Guarrazar, del que el MAN expone varias coronas, entre las que se destaca la corona de Recesvinto, con sus brillos dorados y sus pendientes. Antes de seguir, no dejar de pasar por debajo del alfarje del palacio de Alfonso XI, que data de alrededor del año 1300. Con sus colores y escrituras intactas, es un viaje en el tiempo.

El último tramo en el museo nos lleva hasta la planta superior, entrando ya en los reinos cristianos y la Edad Moderna: con el descubrimiento de América y la “expansión de la civilización occidental”. Se destacan por aquí los astrolabios, esos instrumentos astronómicos que por aquellos días eran de los más demandados. El cierre incluye una especie de coda temporal en el recorrido: un espacio dedicado a la historia de la moneda (bien puede dejarse este entrepiso para el final) y las salas del último piso dedicadas a Grecia y Egipto, con algunas piezas increíbles, como el sarcógafo de Taremetchenbastet (664-525 antes de Cristo).

Entre sala y sala, y caminando entre milenios, el día se fue. Escaleras abajo solo nos quedan unos minutos antes de que el museo cierre y nos pongan en la calle. Esos minutos bien pueden dedicarse a un paso por la tienda. Allí la Dama de Elche se vuelve souvenir, olvida su andar milenario y entra en un bolsillo para salir a recorrer el mundoz

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La Dama de Elche, joya principal del Museo Arqueológico Nacional de España.
Imagen: Gentileza MAN
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