turismo

Domingo, 17 de marzo de 2002

GUATEMALA PROCESIONES DE SEMANA SANTA

La Pasión según Antigua

Durante tres días, los habitantes de Antigua cubren con alfombras de flores, semillas y aserrín coloreado las calles por donde pasarán las procesiones. El fervor místico en la ciudad que preservó las casonas y calles empedradas de la época colonial y que sigue siendo el lugar más visitado, junto con Tikal y el lago de Atitlán, por los turistas extranjeros que llegan a Guatemala.

Guatemala “es” un país tropical. Su clima, sus costas y el color de sus verdes montañas y valles son tropicales, y como tal puede visitarse en cualquier época del año. Aunque quizá una de las mejores oportunidades para conocer este país centroamericano sea a fines de marzo, cuando comienza la Semana Santa guatemalteca. Si bien las celebraciones se realizan en todo el territorio, el lugar más convocante es, sin duda, Antigua, la ciudad colonial que, como recuerda su nombre, fue la antigua capital de Guatemala.
En esos tres días de Semana Santa, un olor a incienso y aserrín impregna el aire de Antigua, el color morado opaca los ocres y rojos de sus casonas y las calles se convierten en alfombras de pétalos de flores con creativos diseños. Con místico fervor, los pobladores de la ciudad preparan las escenográficas procesiones que recrean la historia de la Pasión. Desde la madrugada del viernes, cientos de hombres vestidos de púrpura caminan lentamente cargando figuras del Cristo crucificado sobre sus hombros. A las tres de la tarde, las calles se oscurecen: todas las ropas son negras. Familias enteras vestidas de luto deambulan en procesión al ritmo de música sacra. Ese día, Antigua permanece en vigilia, como si los siglos no hubiesen transcurrido. Las velas iluminan la noche prescindiendo de la modernidad... y de los turistas europeos y guatemaltecos que llenan todos los hoteles y asisten como peregrinos-espectadores a esta expresión religiosa y multitudinaria.
El sábado despierta a los visitantes con el delicioso aroma de las típicas torrejas (masas fritas bañadas en mieles de azúcar) y buñuelos hechos con banana molida y frijoles negros, que llega desde los innumerables puestos callejeros. Los colores vuelven a surgir y la ciudad se transforma en una gran romería que culmina con la fiesta del domingo. Nadie escapa a la Pascua en la que todos los habitantes de Antigua han contribuido a engalanarla, preparando durante meses el diseño de las alfombras, tan fantásticas como fugaces. Cuando llega el día, vecinos, amigos y también turistas, arman pacientemente el rompecabezas de polvo y pétalos de flores, aserrín teñido de diversos colores, frutas, verduras, semillas y ramas de pino que forman los efímeros tapices que cubren las calles por donde pasarán las procesiones.
Con el fin de la Semana Santa, la ciudad recupera su calma ancestral. En la Plaza Mayor, lugareños y turistas se sientan en los bancos y cafés a esperar el atardecer, mientras el aire se llena de música. Los visitantes recién llegados recorren sus calles empedradas bordeadas de casas bajas y casonas que en la época colonial fueron palacios de duques y marqueses. Rodeada por volcanes, Antigua es una joya del pasado en el corazón de Guatemala.

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