turismo

Domingo, 7 de agosto de 2005

NEUQUEN ARTE Y RELIGIóN

Un Via Christi mapuche

En la ladera de una montaña, en las afueras de la ciudad de Junín de los Andes, fue instalado un parque temático sobre los principales episodios de la vida de Cristo. Las esculturas fueron concebidas con una mirada artística que resignifica la Pasión con hechos de la historia argentina como el genocidio indígena, la impunidad y los flagelos del neoliberalismo.

 Por Julián Varsavsky


La imagen está cargada de un simbolismo bíblico combinado con temas terrenales. Hace referencia al encuentro de Jesucristo en una sinagoga con un hombre que tenía la mano tullida, a quien pretendía sanar. Pero ese día era sábado y estaba prohibido cualquier trabajo, incluso curar a alguien de manera milagrosa. Jesús es advertido por los presentes de que lo que iba a hacer era considerado un delito por los partidarios de Herodes, ante lo cual hizo caso omiso y actuó. La lectura actual del episodio que realiza el artista Alejandro Santana se relaciona con el desempleo y su justificación por la ley del mercado. Un hombre con la mano tullida representa al desempleado al que no se le permite trabajar. En la escultura aparece un Domingo Cavallo sin ojos, enfrentando al desocupado con la ley del mercado en la mano. El artista explica la parábola de su obra sin rodeos: “Los grandes popes de la economía liberal sacan a colación que, a pesar de la terrible desocupación, las leyes del mercado y de la globalización deben seguirse a rajatabla, aunque haya costos humanos; tomé a Cavallo, pero podría haber sido Alsogaray, Alemann o tantos otros que quedaron como iconos de una manera de pensar y gobernar”.

POR LA MONTAÑA La visita continúa por un bosque de pinos y mantiene la misma tónica de la Teología de la Liberación, con dieciséis estaciones con esculturas, mosaicos representando motivos indígenas y placas de hormigón en bajorrelieve. La mayor parte de las obras de este parque temático pertenece a Alejandro Santana, pero hay muchas de otros artistas con quienes sigue trabajando en la actualidad para extender el ya de por sí largo parque temático sobre la ladera montañosa.

Una de las estaciones más llamativas de este Via Christi –que cuenta episodios de toda la vida de Jesús y por eso no es un Vía Crucis–, es aquella donde Jesús es flagelado en la cruz por orden de Pilatos. Pero en la obra en lugar de una cruz hay un misil, que según Santana representa “uno de los flagelos de la humanidad: la carrera armamentista, tan vieja como el hombre”. La escultura se relaciona al mismo tiempo con un relieve ubicado en la misma estación, que muestra a los indios mapuches siendo secuestrados a fuerza de látigo para llevarlos a las minas de Las Malocas en Potosí, donde murieron 8 millones de indígenas.

La referencia a la relación entre el indigenismo y el despojo de su cultura son constantes a lo largo del paseo. Una de las obras más originales –ubicada junto a un precipicio– muestra a Jesús siendo despojado de sus vestiduras en la cruz todavía en el suelo. En la imagen están los soldados que según la Biblia se repartieron los despojos del moribundo como un botín. Para Santana, “ese mismo despojo es el que ocurrió en América con los indios. En la obra utilizamos a tres personajes históricos: Pizarro –quien martilla los clavos en la muñeca de Jesús–, el General Roca –despojando a Jesús de su poncho indígena con guardas mapuches– y un Cristo sin barba porque es indio”.

En otra de las estaciones está Cristo con su tradicional gesto de lavarles los pies a sus discípulos como gesto de humildad. Pero en este caso a quien le lava los pies es a la imagen de la abuela Rosa Cañicul, una habitante actual del pueblo mapuche de Pullán Pullán. Esta sacerdotisa estuvo de acuerdo en posar mientras se hacía la escultura, aunque en realidad lo que hacía era cebarle mate al escultor. Para la inauguración de esta obra vinieron representantes de siete comunidades indígenas de los alrededores e hicieron una rogativa pidiéndoles permiso a sus dioses para que Rosa estuviera en esa imagen. Junto a la escultura hay un sobrerrelieve del obispo Jaime de Nevares –quien trabajó muchos años en Neuquén–, acompañado por otros actores sociales como las Madres de Plaza de Mayo, los obreros muertos en la represa de El Chocón y los chicos que duermen en la calle.

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Un Jesús indígena alza sus brazos frente a los bosques de pinos del paisaje neuquino.
 
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