turismo

Domingo, 6 de agosto de 2006

SAN LUIS > SIERRA DE LAS QUIJADAS

El parque jurásico puntano

Imponentes paredones de piedra rojiza se levantan en el noroeste puntano. Allí, donde la aridez del desierto se funde con el monte, el Parque Nacional Sierra de las Quijadas invita a descubrir en su multifacético relieve las huellas de la historia de la tierra y sus primeras formas de vida.

 Por Ignacio Rodriguez

Rocas talladas por la erosión, extraños fósiles y antiguos hornos de cerámica incrustados en el suelo fueron motivo de interés para los primeros geólogos, paleontólogos y arqueólogos que se acercaron al lugar. Hoy son algunas de las curiosidades que ofrece el Parque Nacional Sierra de las Quijadas, ubicado al nordeste de la provincia de San Luis, en el límite con San Juan y Mendoza. Se trata de un escenario de incomparable belleza que abarca 150.000 hectáreas y es, junto al Valle de la Luna y Talampaya, uno de los mejores exponentes del ecosistema desértico en Argentina.

Erase una vez...

Cuesta creerlo pero Quijadas no siempre fue un desierto. Se estima que hace 120 millones de años este lugar estaba cubierto por inmensas lagunas y pantanos. Era una cuenca que recibía sedimentos de los ríos que la atravesaban y los médanos que la rodeaban. Gracias a este ambiente húmedo se desarrolló un verdadero “parque jurásico” del cual se conservan en la actualidad gran cantidad de restos fósiles. La mayoría corresponde a una especie de reptil volador denominada Pterodaustro. Sólidamente adaptada al ambiente acuático, esta especie de ave primitiva poseía un pico dentado capaz de filtrar microorganismos de la superficie de las lagunas. Su capacidad anatómica para el vuelo se habría originado en una deformación de las patas delanteras, que terminaron transformándose en alas. Así lo atestigua la fisonomía de su esqueleto que, para fortuna de los paleontólogos, se conservó impresa en el suelo arcilloso.

Hace 25 millones de años, cuando la corteza terrestre sudamericana colisionó e inició su plegamiento sobre la base del océano Pacífico, el desierto comenzó a instalarse. De este proceso emergieron los Andes y con ellos se elevaron, hasta formar macizos rocosos de gran altura, los terrenos fangosos que cubrían las lagunas de Quijadas. El viento y la lluvia tallaron estos bloques y dejaron al desnudo las capas de sedimento acumuladas una sobre otra durante millones de años. Este fenómeno erosivo, que da a las fachadas de piedra el aspecto de una masa de hojaldre, es uno de los rastros desde donde los geólogos pueden leer la trama evolutiva de la tierra.

Huarpes y bandidos

Creado en 1991, el parque Sierra de las Quijadas tuvo que esperar hasta 1996 la llegada de su primer guardaparque. El puesto de control de ingreso se encuentra en Hualtarán, un pequeño caserío al costado de la Ruta Nacional Nº 147. Unos 120 kilómetros separan este lugar de la capital de San Luis. Aquí la civilización parece haber quedado atrás: no hay agua corriente, electricidad ni señal de telefonía celular. Es recomendable viajar con suficiente combustible, agua y alimento debido a que el pueblo más próximo está a 20 kilómetros.

A pocos metros de la entrada un modesto yacimiento arqueológico recuerda la presencia de los huarpes, pobladores originarios del lugar. Un conjunto de “tinajas” que cumplirían la función de hornos de cerámica se distribuyen en dos sectores ubicados al costado del camino. Más delante, luego de pasar una curva, se llega a la zona de acampe. Este paraje desolado supo dar refugio a los “gauchos de las quijadas”, antiguos bandoleros que a mediados del siglo XIX asolaban la ruta que unía Buenos Aires con San Juan. Según cuentan los baquianos, estos “antiguos piratas del asfalto” acostumbraban asar reses y dejar las “quijadas” o maxilares esparcidas en el suelo. De allí provendría el nombre con el que hoy se conoce la región.

Por los senderos del parque

En el sector denominado Los Miradores se puede contratar el servicio de guías, que resulta indispensable para no perderse en los intrincados senderos del parque. La travesía más completa es la que recorre el Potrero de la Aguada, una suerte de cañón laberíntico formado por arroyos estacionales. Si bien la senda no ofrece mayores dificultades, demanda cinco horas de caminata a través de los paredones depiedra. En el camino es frecuente encontrar ejemplares de “chica”, un árbol autóctono de escasa estatura y madera maciza, que llama la atención por la silueta deformada y retorcida de su tronco. Sobre sus ramas anida el yal, un gorrión de plumaje azul y dorado que se muestra escurridizo ante la presencia de los visitantes.

En Los Farallones comienza a verse el monte natural de la región puntana.

Al final del recorrido se llega a Los Farallones, un conjunto de gigantescos acantilados que superan los 200 metros de altura. Estos paredones superpuestos, como una antigua ciudadela de piedra rojiza, recortan el horizonte azul donde planean esporádicamente las águilas coronadas. Llama la atención la variedad de formas que el viento y la lluvia esculpieron en sus frentes a lo largo de millones de años. Con un poco de imaginación se puede reconocer, entre otras figuras verticales, la forma de una botella.

Como el clima se caracteriza por una notable amplitud térmica, es necesario emprender el regreso antes de que caiga el sol. El atardecer es el momento ideal para observar a las maras (o liebres patagónicas) que eligen ese momento del día para alimentarse. Otras especies, como guanacos y pumas, son más difíciles de avistar debido a que se encuentran amenazadas de extinción y sus poblaciones son muy reducidas. Cuando el paseo termina en el camping, durante la temporada de invierno, la noche ya domina el cielo. El escenario invita a quedarse contemplando el firmamento, limpio de nubes, que rápidamente se va poblando de estrellas centellantes. Si se tiene la suerte de contar con luna llena, sólo queda ajustar la cámara y capturar para el recuerdo la postal de los cerros plateados.

DATOS UTILES

Intendencia del Parque Nacional S. de las Quijadas: San Martín 874, Galería Sananes, local Nº 2 - San Luis. Teléfono (02652) 445-141. Correo electrónico: [email protected]

Horarios de apertura del parque: de 8 a 21

Tarifas de ingreso: $ 12 (argentinos 50% de descuento, menores de 14 años con DNI gratis)

Camping: El parque cuenta con un camping ubicado a pocos pasos del sector Los Miradores, donde hay una proveeduría.

Recomendaciones: En primavera y verano evitar los horarios de mayor insolación (de 11 a 13). Llevar gorro, pantalla solar y calzado cómodo y cerrado. Es necesario cargar combustible para un viaje de ida y vuelta porque en el camino no hay estaciones de servicio. Si se tiene intención de acampar, llevar calentador. No se puede hacer fuego a leña. Realizar las excursiones en compañía de un guía.

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Uno de los notables muros naturales del parque nacional, que está entre los menos conocidos del país.
Imagen: Aníbal Rodríguez
 
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