turismo

Domingo, 4 de febrero de 2007

CHOLILA > UN PUEBLO ESCONDIDO ENTRE LAS MONTAñAS DE CHUBUT

Historias del Lejano Sur

Rodeada por altas montañas y frondosos bosques, Cholila alberga a poco más de 2400 habitantes y es la puerta de entrada al Parque Nacional Los Alerces. Su paisaje singular fue el refugio de una historia propia de una película de vaqueros, cuando los asaltantes de bancos Butch Cassidy y Sundance Kid llegaron a principios del siglo XX desde el Far West al Lejano Sur.

 Por Marina Combis

Los viajeros que recorren por primera vez la Patagonia argentina, descubren que sus infinitos lagos no tienen igual en otra parte del planeta. Como si fuera poco, el marco insuperable de la Cordillera de los Andes convierte a esta región de la provincia de Chubut en un insospechado paraíso terrenal. Los pequeños poblados y las ciudades que se van haciendo al ritmo del turismo se integran con el paisaje y con la memoria. Nacidos hace poco más de cien años, conservan historias que se remontan a la llegada de los pobladores originarios, a los primeros tiempos de la colonización, al nacimiento de los grandes latifundios. Cada uno de estos lugares tiene algo para contar, relatos que se transmiten de padres a hijos, historias secretas y misteriosas de la Patagonia. Todavía a principios del siglo XX, Argentina y Chile se disputaban esos territorios prometedores y sus habitantes tuvieron una presencia destacada en el desarrollo político del sur. En 1902 se reunieron en la Escuela rural Nº18, del pintoresco pueblo de Trevelín, inmigrantes y criollos de toda la región y decidieron que esas tierras donde estaban construyendo su futuro debía formar parte de la Argentina. Así nació la provincia de Chubut, entre aguas azules y nieves blancas.

El lago Cholila, junto con el Rivadavia, el Pellegrini y el Lezama, forman parte del Corredor de los Lagos andinos.

NACE UNA COLONIA RURAL

A pocos kilómetros de El Maitén, donde termina su recorrido ese trencito de trocha angosta y viejas estufas de hierro que todos conocen como La Trochita, el pequeño pueblo de Cholila es la puerta de entrada al Parque Nacional Los Alerces y a un paisaje de ensueño.

En el año 1900, Cholila era un sencillo caserío disperso. Los primeros habitantes tehuelches, araucanos y mapuches que habían habitado la región hace un milenio, le habían puesto su nombre indígena, que en español significaba Valle Hermoso. Esos valles fértiles y de pastos generosos que nacían entre las montañas comenzaron a atraer a los colonos galeses, a los pastores chilenos, a los inmigrantes libaneses, a pequeños ganaderos norteamericanos y a unos pocos aventureros. Todavía no habían llegado el telégrafo ni el ferrocarril, no había policía, ni siquiera algo que pudiera llamarse pueblo.

Los primeros habitantes de esa incipiente colonia rural se radicaron en 1897, cuando un hombre dedicado al pastoreo, don Ventura Solís, puso sus pies en esas tierras. Después fueron llegando, poco a poco, David Orellana, Patricio Noriega, Sixto Gerez, Eduardo Colihueque, Juan Bonansea y Vicente Calderón, quienes entendieron que la abundancia de buenos pastizales les permitía soñar con un futuro próspero para la incipiente industria ganadera.

Ya radicado en Cholila, Ventura Solís fue el guía y baqueano de las primeras expediciones para fijar los límites con Chile que por entonces realizaba el Perito Francisco Pascasio Moreno. Recién en 1904 se habrían de fundar la primera escuela y la primera institución policial, pero hasta entonces apenas catorce familias constituían su población dispersa. Tierra de aventureros, buscadores de oro y colonos que llegaron a principios del siglo XX, Cholila esconde una vieja historia que parece salida de una película de vaqueros.

HISTORIAS DE VAQUEROS

A miles de kilómetros de Cholila, el Lejano Oeste norteamericano todavía era tierra de nadie. La Guerra de Secesión había terminado, y allá por 1870 algunos vaqueros comenzaban a trazar horizontes de leyenda que, un siglo más tarde, habrían de apasionar a la industria cinematográfica. Admirados por el pueblo y perseguidos por la burguesía, estos hombres capaces de asaltar los bancos y trenes que llevaban a las grandes ciudades el oro de California, parecían relatar una versión local de Robin Hood.

Al mismo tiempo que estos personajes se iban haciendo famosos, sus rostros comenzaban a empapelar las paredes de esos pueblos casi salvajes con los característicos carteles que incluían la palabra Buscado, un dibujo o una fotografía borrosa y una tentadora recompensa por su captura. En los pasquines populares, en cambio, muchos de ellos eran retratados como héroes que desafiaban al sistema. Henry McCarty, más conocido como Billy the Kid, era uno de los más famosos bandidos hasta que fue atrapado por el legendario alguacil Pat Garret. El no menos conocido Jesse James asaltaba trenes a caballo y dinamitaba bancos, pero para el pueblo su estatura mítica aumentaba con cada una de sus hazañas imposibles.

Hacia fines de siglo, otra banda comenzó a asolar los territorios del Oeste. Harry Longabaugh, quien utilizaba el seudónimo de Sundance Kid, Robert Leroy Parker, más conocido como Butch Cassidy y sus secuaces Will Carver, Ben Kilpatrick y Harvey Logan integraban la Pandilla Salvaje. Desafiantes, se hacían fotografiar en impecables trajes en la localidad texana de Fort Worth, y hasta eran capaces de enviar una copia al gerente del banco de Winnemucca, Nevada, poco después de haberse llevado de allí un botín de casi 32.000 dólares. El 13 de agosto de 1896 asaltan otro banco en Idaho, alzándose con 7000 dólares sin disparar un solo tiro.

En 1901 asaltan cerca del límite con Canadá un tren que transportaba los caudales del Oeste, el Great Express en Montana, huyendo con 50.000 dólares en oro. A pesar de que la mayoría de los seguidores de las andadas de Butch Cassidy aseguran que jamás mató a nadie, otros apuntan que luego del asalto al tren, éste dio muerte a tres hombres de la Agencia de Detectives Pinkerton que los perseguía, en un hotel de Louisiana. Como la agencia de detectives no les da tregua, la banda se disuelve y Butch Cassidy y el Sundance Kid huyen a Nueva York, en companía de Etta Place, una mujer de belleza deslumbrante y singular coraje. Las calles se empapelan de carteles que ofrecen la suculenta suma de 10.000 dólares como recompensa por cada uno de ellos, pero los tres desaparecen sin dejar rastro.

BUENOS MUCHACHOS

En el otoño de 1901 llega al puerto de Buenos Aires el vapor “Soldia Price”. Trae a bordo a inversores y ganaderos norteamericanos, inmigrantes que buscan sumarse al mundo rural, aventureros y algún pasajero de historia desconocida, como es el caso de dos hombres y una mujer que se hospedan en el hotel Europa, en la porteña Avenida de Mayo. Los recién llegados depositan treinta mil dólares en oro en un banco de la calle Florida, visitan a pasos de su hospedaje al director de Tierras y obtienen la concesión de seis mil hectáreas en la lejana localidad de Cholila, donde permanecerán hasta 1907. Dicen llamarse Santiago Ryan, Henry Place y Etta Place, ganaderos del norte, pero en realidad se trata de Butch Cassidy, Sundance Kid y su bella y peligrosa compañera.

La Pandilla Salvaje de Butch Cassidy y Sundance Kid.

A caballo se adentran en la Patagonia hasta que Cholila les señala el final de la jornada. El pueblo, con sus cardales adustos y el viento que levanta oleadas de arena les recuerda a su Utah natal. Allí levantan un rancho al estilo del Oeste y con el dinero robado del Banco de Nevada comienzan a adquirir ganado y construyen una gran caballeriza y cuatro establos que bordean el arroyo que atraviesa sus tierras. Hacia 1905 llegan a ser dueños de seis mil hectáreas. Tengo trescientas cabezas de vacunos –escribía Butch Cassidy a una amiga que estaba presa en una cárcel de Ashley en los Estados Unidos–, mil quinientas ovejas, veintiocho caballos de silla, dos peones que trabajan para mí y una casa de cuatro habitaciones y galpones, establo y algunas gallinas. Lo único que me falta es una cocinera, ya que todavía sigo en estado de amarga soltería.

El ahora ganadero Ryan es un hombre inquieto y levanta un almacén que pasa a ser el centro social de los hombres del pueblo, donde sólo se habla del acontecer cotidiano, de los animales, de negocios y de las mujeres del lugar, que entrecruzan su belleza con el manejo de las armas, adoctrinadas en ese arte por Etta Place. Dicen que ella era muy respetada en Cholila no sólo por las dos pistolas que lucía al cinto, sino porque afirmaba que una mujer del Oeste “tenía que estar preparada para criar hijos, para cocinar y para defender su tierra, su persona y su hombre”. También cuentan que solía colocar un par de botellas vacías sobre los dos pilares de la tranquera, y que galopando sin detenerse, con la rienda entre sus dientes y un revólver en cada mano, las destruía de un solo disparo.

En 1907, los incansables detectives de la agencia Pinkerton les dan alcance, y Butch Cassidy y Sundance Kid huyen hacia la provincia de San Luis, donde asaltan el Banco Nación de Villa Mercedes, pasan a Chile y de allí siguen a Bolivia. Cuentan que unos cincuenta policías los rodearon en el pueblito boliviano de San Vicente, que Sundance estaba herido y que Butch se suicidó. Hay quienes aseguran que este personaje de leyenda murió de viejo en un hospital de los Estados Unidos, pero la verdadera historia del famoso trío todavía permanece en el misterio. Así son las leyendas.

CHOLILA, UN PUEBLO TRANQUILO

Bajo la mirada del cerro Tres Picos, cuya cumbre nevada alcanza los 2500 metros de altura, el pequeño y hermoso pueblo de Cholila señala el encuentro de los valles Blanco, Cajón, Rincón y Rivadavia, interrumpidos por magníficos lagos que, como el Rivadavia, el Pellegrini, el Cholila y el Lezama, forman parte del Corredor de los Lagos andinos. Dos son las vías de acceso a este pueblo ganadero oculto entre las montañas. Desde Esquel, pasando por Trevelín con sus molinos harineros y sus museos galeses, se llega al departamento de Cushamen, en Chubut, en un extenso recorrido que los mapuches supieron habitar desde hace siglos. Allí, las tejedoras traman su memoria en grandes mantas de lana que trabajan pacientemente en sus arcaicos telares verticales, y los artistas de la madera ponen su experiencia para construir las viviendas y recortar con sabiduría las tejuelas de alerce y lenga con que cubrirán las casas para preservarlas de las inclemencias del invierno.

Hoy, el lago Cholila atrae a pescadores de todo el mundo. Ayer, al Far West.

Desde el norte, Bariloche es el primer paso para adentrarse en Cholila, luego de atravesar las localidades de El Bolsón y El Maitén, a pocos kilómetros de allí. El tren La Trochita, también conocido como el Viejo Expreso Patagónico, recorre por sus vías angostas la estepa tapizada de flores silvestres hasta llegar a la sencilla estación de Nahuel Pan, a pasos de Trevelín. Hacia el norte, otro ramal desemboca en El Maitén, muy cerca de donde se levanta el Museo Leleque, que conserva entre sus paredes trece mil años de historia patagónica, desde los testimonios de los pueblos originarios hasta los documentos que registran la presencia de los aventureros, buscadores de oro y colonos que habitaron estas tierras por entonces desoladas.

Del rancho donde vivieron aquellos bandoleros de principios de siglo sólo quedan en pie unas pocas casas de madera casi derruidas. Las demás edificaciones que una vez llegaron hasta las orillas del río y que fueron ocupadas parcialmente hasta 1998, habían caído en el olvido. En la actualidad pueden ser visitadas, y un proyecto de conservación ha convocado a los hábiles artesanos de la madera que habitan en la región, para convertir esas sencillas construcciones en un museo que guarde esa historia que supo unir, una vez, al Lejano Oeste con la distante Patagonia.

DATOS UTILES

Ubicación: Cholila se encuentra en el noroeste de la provincia de Chubut, enmarcada por las nacientes del río Carrileufú y el río Pedregoso. Está a pocos pasos del Parque Nacional Los Alerces, a 150 km de la ciudad de Esquel, 70 km de El Bolsón, 150 km de San Carlos de Bariloche y a 2000 km de Buenos Aires.

Cómo llegar: Por avión: hasta Bariloche por Aerolíneas Argentinas-Austral (0810-222- 86527). Desde el sur, por la Ruta Provincial Nº 71 que une la localidad de Esquel con El Bolsón, son 200 km en total y la ruta está parcialmente asfaltada. Esta ruta permite conocer y recorrer el Parque Nacional Los Alerces y es el acceso al pueblo de Cholila.

Más información: www.chubutur.gov.ar / [email protected] 0 (02945) 498-040

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