UNIVERSIDAD › OPINION

La crisis de Ingeniería

Por Hugo Sirkin *

La verdadera crisis de la Facultad de Ingeniería (UBA) se debe a que el decano, Dr. Bruno Cernuschi Frías, elegido por 11 de los 16 miembros del consejo directivo (CD) en marzo de 2002, una vez asumido el cargo comenzó a dirigir la facultad de manera autoritaria e inconsulta, en una alianza táctica con un sector estudiantil. Entendió erróneamente que esa función le otorgaba poderes absolutos y confundió el rol de un decano con el de un dirigente político. El desconocimiento de las resoluciones del CD, el ocultamiento de informaciones vitales, y el trato arbitrario y discriminatorio contra aquellos que no coincidían con sus posiciones llevó a que el 27 de marzo de 2003 una delegación de profesores representando a todo el claustro le pidiera la renuncia, solicitud que fue rechazada. La intervención del Sr. rector sugiriendo una tregua evitó que en ese entonces se tratara su separación. El decano interpretó esta postergación como un signo de debilidad y acentuó su comportamiento autoritario, arbitrario y provocativo. Ello condujo a que varios consejeros decidiéramos solicitar su remoción. El 2 de septiembre se presentó el pedido de separación del decano en base a los siguientes cargos: extralimitación en sus atribuciones, interferencia permanente en las decisiones del CD, autoritarismo, discrecionalidad, inconducta e incompetencia.En la sesión del CD del 3 de octubre, se realizó la votación con los siguientes resultados: 10 votos por la separación (siete profesores, dos graduados y un estudiante) y 5 en contra (tres estudiantes, un graduado y el vicedecano). El voto de este último se basó en razones personales, ya que alegó que “desde el punto de vista ético y profesional debía apoyar la separación del Dr. Cernuschi Frías de su cargo”. Al no haberse alcanzado la mayoría calificada que establece el estatuto universitario para remover al decano (11 votos), la crisis institucional sigue presente, ya que lo que realmente está en juego no son posiciones personales ni intereses de grupos, sino necesidades reales de una mejora sustancial en la formación de ingenieros y en la creación de conocimiento en ciencia y tecnología, objetivos difíciles de lograr con comportamientos como los que cuestionamos. Por último, y ante interpretaciones antojadizas sobre nuestro proceder, aclaramos que quienes hemos impulsado este proceso estamos comprometidos desde siempre con la defensa de la universidad pública, autónoma, cogobernada y no arancelada, y con la búsqueda de una alta calidad académica al servicio de un desarrollo independiente que parecería que hemos comenzado a transitar.
* Profesor titular y consejero directivo de Ingeniería (UBA).

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