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LANZAMIENTOS

Mystery Train,
de Jim Jarmusch. Con Steve Buscemi, Joe Strummer y Screaming Jay Hawkins.
1989, 113 min. RNS.

Sorpresivamente se edita este eslabón perdido, que Jim Jarmusch dirigió a fines de los ’80. Inmediatamente posterior a Extraños en el paraíso y Down By Law, jamás estrenada aquí, Mystery Train representa la primera manifestación del gusto de Jarmusch por lo fragmentario (o simple fiaca creativa), que luego daría por resultado las episódicas Una noche sobre la Tierra y Coffee and Cigarettes. Aquí se trata de tres historias –fotografiadas por el gran Robby Müller– cuyo punto en común es que, en algún momento, todas van a parar a un hotelucho de Memphis. Quien dice Memphis habla del fantasma de Elvis y el primer rock and roll, homenajeados aquí por las presencias de Joe Strummer y un fatigado Screaming Jay Hawkins. Fatigada y simpática es la película toda.


Alicia en el país de las maravillas,
de Clyde Geronimi, H. Luske y Wilfred Jackson. 1951,
75 min. Disney Argentina.

Acaba de editarse, en VHS y DVD, la versión Disney del clásico de Lewis Carroll, que no había ocasión de ver desde hace un rato largo. Tratándose del viejo Walt, no es raro que se haya puesto el acento en coreografías y canciones, descuidando el tono onírico-pesadillesco que el trip carrolliano debería tener. Forzosamente episódica –y con unos fondos que por la época resultaban ya mucho menos dinámicos y trabajados que en los dorados tiempos de Blancanieves, Dumbo & Cía.–, esta Alicia de dirección tripartita no carece de aciertos, pudiendo registrarse entre ellos los furores geométricos del baile de cartas de póquer y guardias de la Reina de Corazones. Igual, las definitivas Alicias del cine siguen siendo esas versiones libérrimas que son El mago de Oz y El viaje de Chihiro.


Carta a tres esposas,
de J. L. Mankiewicz. Con Jeanne Crain, Linda Darnell y Ann Sothern.
1949, 103 min. B & N. Epoca.

El arte sofisticado y sibilino del gran Joseph L. Mankiewicz aparece en plenitud aquí, justo antes de esa masterpiece definitiva que es La malvada. Curiosamente, ésta podría haberse llamado igual que aquélla: la soltera de más arrastre de la ciudad les envía una carta a tres de sus vecinas, anunciándoles que se fue con el marido de una de ellas. ¿De cuál? Inoculado el veneno, de allí en más todo consiste en ver sus efectos, con las tres esposas comprendiendo, a través de sendos flashbacks, que cualquiera de sus maridos puede haber sido el fugado. En el camino van cayendo todos los pilares de la sociedad estadounidense, empezando por los primordiales: el dinero y el matrimonio. Lástima el complaciente final, que intenta borrar en minutos lo que se construyó durante una hora y media.


El grito,
de Takashi Shimizu. Con Sarah Michelle Gellar, Clea Du Vall, Bill Pullman y G. Zabriskie.
2004, 92 min. Plus Video.

Luego del fenómeno de The Ring, el gran suceso de lo que se conoce como jterror (terror japonés) fue Ju-On, que ya tuvo una secuela y otra en camino. El grito (título estadounidense: The Grudge) es su remake hollywoodense y el hecho de que el director sea el mismo de la original (el nipón Takashi Shimizu) demuestra hasta qué punto la Meca del cine se rinde de rodillas ante aquel fenómeno asiático. Pero nunca se rinden del todo: El grito lo prueba. Mientras que en la original la estructura episódica permitía disimular lo reiterativo de la premisa (alguien llega a una casa y allí se le aparecen fantasmas), aquí la intención de darle un desarrollo más convencional termina dejando esa debilidad más a la vista. Igual, los sustos están construidos con fineza, cálculo y una
sugestión que Hollywood no suele tener.

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