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El mundo|Jueves, 4 de septiembre de 2008
El premier salió ileso a tres días de la elección

Atentado en Pakistán

Los talibán se adjudicaron la responsabilidad del ataque al convoy en el que supuestamente viajaba Yousaf Raza Gilani. Pero el premier no estaba en el auto que fue baleado.

Por Omar Waraich *
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Ayer las autoridades de Pakistán buscaban a los responsables del ataque al primer ministro.

Desde Islamabad

A tres días de las elecciones presidenciales, la caravana de automóviles del primer ministro Yousaf Raza Gilani fue el blanco de los disparos de hombres armados del grupo talibán en un aparente intento de asesinato. Nadie resultó lastimado, pero el ataque pone de manifiesto las ambiciones de los militantes islámicos en el volátil país.

Los hombres armados dispararon repetidamente a los autos que se dirigían al aeropuerto para recoger al primer ministro. Gilani y su personal no estaban en el auto. Las imágenes televisivas mostraban las marcas de las balas, dos de las cuales rompieron la ventana del conductor. El ministro de Interior, Rehman Malik, ordenó una investigación del “ataque cobarde”.

El movimiento talibán se adjudicó la responsabilidad del ataque, que se cree fue montado por tiradores profesionales desde una colina a un lado de la principal autopista de Islamabad. “Continuaremos con estos ataques sobre los funcionarios del gobierno y sobre las instalaciones”, dijo el vocero talibán Muslin Khan.

No resulta claro si sabían que Gilani no estaba en el auto, borrando la diferencia entre una advertencia amenazadora y un intento de asesinato. Mientras los asesores de Gilani, del gobernante Partido Popular Pakistaní (PPP), estaban aliviados porque nadie resultó herido, uno reconoció que era una “amenaza aterradora”. El PPP perdió a su líder, Benazir Bhutto, cuando fue asesinada en Rawalpindi en diciembre en un ataque por el que se ha culpado al comandante talibán Baitullah Mehsud.

Prominentes políticos paquistaníes han escapado por escaso margen a intentos de asesinatos en los recientes años. Shaukat Azia, el chofer del predecesor de Gilani, fue muerto en 2004, cuando un terrorista suicida atacó su vehículo. El ex presidente Pervez Musharraf sobrevivió a tres intentos de asesinato en 2002 y 2003. Y su ministro de Interior, Aftab Sherpao, fue atacado dos veces.

Con el cambio de gobierno en Islamabad y la salida de Musharraf como jefe de Estado hace casi un mes, el objetivo de los militantes parece haber girado hacia los nuevos políticos, dirigiendo la campaña contra ellos. Asif Ali Zardari, el viudo de Bhutto y el favorito en la elección presidencial de esta semana, se fue de su casa en un tranquilo barrio de Islamabad en medio de crecientes preocupaciones por su seguridad.

Los ataques con bombas se han intensificado en las últimas semanas. En uno de los ataques más mortíferos de la historia de Pakistán, dos terroristas suicidas mataron a más de 70 personas e hirieron a más de 100 en una fábrica de municiones en la ciudad de Wah, en el noroeste de Islamabad, hace quince días.

Durante la visita a Islamabad, el líder de la oposición, David Cameron, dijo que el ataque a Gilani era “otro recordatorio de la permanente amenaza que instala el terrorismo”. En un discurso, ayer, Cameron le pidió a Pakistán que haga más por “aniquilar” las madrasas extremistas y negarles a los militantes un “refugio seguro” en las áreas tribales a lo largo de la frontera afgana. “La reputación internacional de Pakistán dependerá en su compromiso para obtener estos objetivos”, advirtió.

La impaciencia occidental con la titubeante campaña de Pakistán contra la militancia dio un giro peligroso ayer, cuando las fuerzas de la OTAN fueron acusadas de matar a civiles en un pueblo pakistaní cerca de la frontera. Antes del amanecer, cuando los habitantes de Masanika, un pueblo fronterizo, terminaban su última comida antes de empezar el ayuno diario en este principio del Ramadán, cuatro helicópteros de combate aparecieron en el cielo desde Afganistán. De los helicópteros desembarcaron soldados que disparaban contra los vecinos mientras requisaban las casas. Al menos veinte civiles inocentes murieron, entre éstos mujeres y niños.

Es la primera vez que soldados estadounidenses han montado una operación con “las botas en la tierra”, prefiriendo el uso de aviones teledirigidos operados por la CIA en el pasado en las zonas tribales pakistaníes fronterizas con Afganistán. Washington está convencido de que los talibanes afganos y Al Qaida han reconstituido sus fuerzas gracias al apoyo de los talibanes paquistaníes. El canciller de Pakistán denunció la incursión como una “flagrante violación al territorio de Pakistán”. Solamente las fuerzas estadounidenses operan del otro lado de la frontera en esta zona y cuentan con ese tipo de aparatos. Un vocero añadió que se había interpuesto una “fuerte protesta” por la inmensa pérdida de vidas civiles”.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para PáginaI12.

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