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El mundo|Miércoles, 26 de noviembre de 2008
Dos días después de proponer un paquetazo, dijo que habrá que ser austeros y hacer recortes presupuestarios

Obama muestra que también es fiscalista

Ante la gravedad de la crisis, ayer el presidente electo volvió a hablar para calmar a los mercados. Esta vez presentó a su director de Presupuesto y prometió eliminar programas que no funcionan para achicar el gasto público.

Por Antonio Caño *
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Obama sigue dando la cara para calmar a los mercados con anuncios de su plan de rescate.

Desde Washington

Cuando el país afronta un gasto superior a los dos billones de dólares entre los distintos paquetes de rescate y estímulos económicos ya aprobados, anunciados el martes o pendientes de anunciar, el presidente electo, Barack Obama, comunicó a los ciudadanos que será necesario ajustarse seriamente el cinturón y eliminar varios proyectos públicos espurios o no prioritarios con el objetivo de ir consiguiendo paulatinamente el equilibrio presupuestario. Una de las áreas que más crecieron durante los últimos ocho años fue Defensa. Anoche las cadenas CNN, ABC y el portal Politico.com confirmaron al unísono que no habrá cambios al frente de la Secretaría de Defensa. Robert Gates, el hombre que dio un nuevo rumbo a la estrategia militar en Irak, habría aceptado seguir en el cargo. Además, Obama nombraría al ex comandante de la OTAN James Jones, como asesor de Seguridad Nacional.

Obama compareció ayer de nuevo ante los periodistas, sólo un día después de su anterior conferencia de prensa, para ofrecer la otra cara de la moneda de su política económica. Fuertes inversiones públicas, sí, había dicho el lunes, en aquellas áreas en las que sean necesarias para resucitar la actividad económica. Pero recortes también, añadió ayer, en todos esos programas de gobierno que se mantienen por la inercia política, para pagar favores o para hacer méritos en determinadas regiones o entre determinados grupos de votantes. Se refirió a esos programas que salen adelante por la presión de los lobbies o por los cálculos electorales de la clase política.

“Si invertimos en lo que necesitamos, como la renovación de las fuentes de energía o la tecnología, tenemos que dejar de derrochar en aquello que no necesitamos”, adelantó Obama en el acto de presentación de otra de las figuras de su equipo económico, Peter Orszag, próximo director de la Oficina de Presupuesto de la Casa Blanca. Con sólo 40 años, Orszag es actualmente el director de la Oficina de Presupuesto del Congreso, por lo que ya tiene experiencia en meter la tijera en los programas estatales. Ahora tendrá que hacer lo mismo pero desde el otro lado del mostrador.

La segunda comparecencia de Obama en 48 horas, probablemente seguida de otra aparición hoy, se explica en el contexto de extraordinaria turbulencia y agitación que viven la economía y la política norteamericanas en estos tiempos. Obama habló dos horas después de que lo hiciera el secretario del Tesoro, Henry Paulson, una hora después del presidente George Bush y una antes del senador republicano John McCain, por citar sólo a las primeras espadas. Y eso, estando en vísperas de una de las fiesta más importantes del año, el Día de Acción de Gracias.

Obama aseguró que el incremento de su visibilidad pública no contradice el principio –que ayer repitió– de que sólo hay un presidente. Dijo que se dirigía de nuevo a la nación “no sólo para restaurar la confianza de los mercados sino para restaurar la confianza en las familias norteamericanas de que el Gobierno está a su lado”. Quiso dejar claro que “hay un nuevo presidente, listo para actuar y para actuar rápidamente”.

Hoy todo parece pasar por una cuestión de confianza. Los planes de rescate son para recuperar la confianza de los inversores, los paquetes de estímulo para recuperar la confianza de los consumidores, y la presencia de Obama para recuperar la confianza de todos a la vez, aquí y en el resto del mundo.

Por esa razón, Obama repitió que va a tomar riesgos considerables para echar de nuevo a andar la máquina del consumo, pero aseguró que no va a presidir una administración derrochadora, como han sido antes otras administraciones demócratas. “Las reformas presupuestarias no son una opción, son una necesidad”, dijo. “Tenemos que estar seguros de que no desperdiciamos dinero en ningún terreno. Eso puede exigir tomar algunas decisiones difíciles, pero hay programas que simplemente no funcionan y que hay que eliminar.”

El segundo mensaje que Obama quiso enviar en su comparecencia de ayer fue el de insistir en que su administración será bipartidista. “No sólo queremos su ayuda, queremos sus ideas”, declaró, en relación a los contactos que su jefe de Gabinete, Rahm Emanuel, ha iniciado ya con los congresistas republicanos. “No hay duda de que ganamos holgadamente las elecciones y de que tenemos un mandato para encaminarnos en una nueva dirección. Pero eso no justifica el monopolio de un partido. El pueblo norteamericano no quiere ideología, quiere sentido común y eficacia”, manifestó.

La realidad de la lucha partidista probablemente será después tan dura como de costumbre, pero no hay duda de que el recorte de cierto gasto público puede serenar los ánimos de algunos republicanos que ya han criticado duramente el propósito de Obama de estrenarse, a lo Roosevelt, con un fuerte paquete de inversión pública en infraestructura y ayudas sociales. Obama no quiere imponer ese paquete de estímulo. Intenta que, en la medida de lo posible y ante la situación de urgencia nacional, sea una iniciativa que el Congreso apruebe con una mayoría cercana a la unanimidad. Lo que sería otro gran mensaje de confianza a los mercados.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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