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El mundo|Lunes, 16 de mayo de 2005
CIENTOS DE CUERPOS ESPARCIDOS EN LA CIUDAD UZBEKA DE ANDIJAN

Tensa calma tras la operación masacre

Por Peter Boehm y Daniel Howden *
Desde el valle de Ferghana

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Uzbekos rezan durante los funerales de las víctimas de la masacre.
Ayer, cuando Uzbekistán tomó conciencia de la dimensión de la masacre de Andijan, la frondosa ciudad en el valle de Ferghana quedó encerrada por un cordón de acero, con bloqueos de la calles con blindados y camiones militares asegurando que nadie entrara o saliera del escenario del día más sangriento del país en la era postsoviética. La calma fue interrumpida sólo por el ladrido de órdenes y las baterías esporádicas de disparos. En la ciudad –fuera del alcance de los observadores internacionales– los sobrevivientes enterraron a las víctimas de lo que el régimen del presidente Islam Karimov llamaba una victoria sobre los insurgentes islámicos.
Los testigos lo describieron como una masacre de civiles. Karimov declaró que ayer diez soldados y muchos más rebeldes murieron. Los enfrentamientos han inducido a miles a escapar a la cercana frontera con Kirgistán. “Había alrededor de mil personas en la columna entre la que caminaba hacia la frontera”, aseguró uno de los refugiados a la agencia de noticias rusa Interfax. “Las tropas uzbekas nos dispararon repetidas veces, a pesar de que gritamos que éramos civiles”, denunció. “La última vez que estuvimos bajo fuego fue cuando estábamos llegando a Kirgistán. Hubo heridos y, hasta donde sé, cuatro personas murieron.” Las cercanías del sur de Kirgistán, también parte del valle de Ferghana, son el hogar de muchas personas de etnia uzbeka y fue el punto inicial, a principios de este año, de las protestas violentas que llevaron a la caída del presidente Askar Akayev.
Gulboxior Turajewa, una trabajadora humanitaria, estaba entre los pocos testigos que accedieron a la escuela y vieron la peor batalla el viernes, luego de que los manifestantes huyeran de la plaza, afuera de las oficinas gubernamentales. Charcos de una mezcla de sangre fresca, agua y tierra podían ser observados en las alcantarillas bloqueadas, aseguró ella. Una gorra de baseball ensangrentada quedó tirada en los arbustos. La mujer describió la escena dentro de las paredes acribilladas de la escuela técnica Nº 15, donde cientos de cuerpos estaban tirados en filas. “Al principio los guardias no me dejaban entrar; también pararon a los demás que venían a buscar a sus parientes entre los muertos.” Ella estimó que al menos unos 500 cuerpos yacían en los pisos, pero los guardias la previnieron de que no haga un conteo detallado. “Sólo tres o cuatro de los cuerpos tenían uniformes. Todos los demás acribillados a balazos tenían ropa de civiles”, aseguró. Hubo decenas de heridos, estimables en dos mil. La aproximación de Turajewa fue verificada por un respetado doctor local que no quiso dar su nombre. Los testigos dijeron que el número de muertos inicial por los enfrentamientos del viernes aumentó luego de que los soldados comenzaron a recoger los cuerpos el sábado.
“Aquellos heridos que intentaron escaparse fueron ejecutados con un simple disparo de una Kalashnikov”, aseguró una mujer de negocios que fue testigo. “Tres o cuatro soldados fueron asignados para matar a los heridos.” Un residente de Andijan declaró por teléfono que sonaron disparos brevemente cerca del mercado de la ciudad en la tarde de ayer, sin embargo, no hubo reportes de nuevos enfrentamientos. El residente aseguró que una multitud de tropas apoyadas por vehículos blindados fue desplegada alrededor de las avenidas centrales de la ciudad, y que las autoridades habían empezado a detener a los familiares de los sospechosos de participar en los disturbios.
The Independent intentó dos veces pasar los puntos de control alrededor de la ciudad pero a uno de nuestros periodistas lo amenazaron brevemente con detenerlo y luego lo escoltaron a la cercana ciudad de Namangan, bajo la custodia de un hombre que se identificó como un coronel de la policía. En las calles de Namangan, los pocos locales que había rechazaban la afirmación del gobierno de que los enfrentamientos habían sido iniciados por extremistas islámicos. “Fue un levantamiento de la gente local”, explicó un residente de la ciudad.
En Andijan, una ciudad de 300 mil habitantes, los manifestantes habían dicho que la crisis estalló por el proceso judicial iniciado a 23 hombres de negocios locales por los cargos de haber armado un grupo radical islámico con el objetivo de destituir al gobierno. Muchos creen que los cargos fueron inventados por los funcionarios para quedarse con las propiedades de los acusados. El conflicto comenzó el viernes cuando un grupo de rebeldes armados liberó a los hombres de negocios y a cientos de otros presos de la prisión, tomó un edificio del gobierno en el centro y se acuarteló allí con diez policías como rehenes.
Miles de simpatizantes se movilizaron a la plaza central durante varias horas hasta que las tropas irrumpieron la protesta y recuperaron el control del edificio tomado. El presidente Karimov había dicho que los rebeldes eran parte del grupo islámico ilegal Hizb ut Tahrir. Este movimiento negó cualquier participación. La pobreza y el desempleo también echaron fuego al descontento.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.
Traducción: Laura Carpineta.

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