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El mundo|Sábado, 25 de febrero de 2006

Qué buena oportunidad de callarse la boca perdió el alcalde de Londres

Ken “el Rojo” Livingstone, el popular alcalde de Londres, fue suspendido ayer cuatro semanas de su cargo por insultar a un periodista judío, comparándolo con un guardia de un campo nazi.

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Ken Livingstone, con un ómnibus de dos pisos en miniatura en la Plaza Trafalgar.

“El silencio es oro”, dice un refrán, al cual el popular pero controvertido alcalde de Londres, Ken Livingstone, tendría que haber hecho caso. El funcionario fue suspendido ayer cuatro semanas de su cargo, tras ser hallado culpable por un tribunal disciplinario por haber comparado a un reportero judío con un guardia de un campo de concentración nazi. El laborista de 60 años, que ahora debe estar pensando por qué no se calló la boca, reaccionó con indignación a la decisión de esa comisión disciplinaria, afirmando que “asesta un golpe al corazón de la democracia”. “Políticos electos deberían solamente ser separados de sus cargos por los electores o por haber quebrado la ley”, dijo el alcalde.

El caso contra Livingstone empezó a raíz de una queja presentada por el Centro Judío británico, que lo acusó de antisemitismo. El año pasado, el alcalde se peleó con el periodista Oliver Finegold, del diario Evening Standard, quien lo interpeló a la madrugada a su salida de una fiesta para celebrar los 20 años desde que el ex ministro de Cultura Chris Smith se declarara abiertamente parlamentario homosexual. Livingstone, apodado “Ken el Rojo” por sus ideas de izquierda, afirmó que Finegold lo “acosó”, y dijo al periodista: “¿Fuiste un criminal de guerra alemán?” Cuando le dijeron que Finegold era judío, agregó: “Puede ser que lo seas, pero en este momento eres justo como un guardián de campo de concentración, simplemente lo haces porque te pagan, ¿o no?”.

Conocido por su carácter empecinado, Livingstone se resistió a presentar disculpas a pesar de que se lo pidieron numerosos correligionarios, entre ellos el primer ministro, Tony Blair, y los líderes de la comunidad judía. Eso no fue todo sino que agudizó la polémica recordando que “toda su vida había sido mal educado con los reporteros” y que no pensaba “cambiar su conducta”. Livingstone afirmó luego que sus comentarios se debieron a su disgusto con la firma Associated Newspaper, propietaria del diario Evening Standard y del Daily Mail, a la que acusó de tener una historia de racismo y antisemitismo. Tras conocer la condena, la responsable del Evening Standard, Veronica Wadley, afirmó que Finegold se portó de forma “impecable” y acusó al alcalde de ser un cabezota por no pedir perdón.

El jurado de tres personas –que forma parte del tribunal independiente que supervisa la conducta de autoridades locales– falló por unanimidad que Livingstone “trató con insensibilidad y fue ofensivo” hacia Finegold, perjudicando la reputación de su cargo público. El tribunal tenía tres opciones tras hallar al alcalde culpable: suspenderlo de su cargo, dictar una amonestación demandándole pedir disculpas al periodista o incluso prohibirle ocupar un cargo público durante cinco años. El presidente del jurado, David Laverick, afirmó que “la sanción apropiada es que sea suspendido por un período de cuatro semanas, desde el 1º de marzo”. Durante ese tiempo sería reemplazado por el intendente interino Nicky Gavron, según la BBC. Pero el equipo defensor, que basó su caso en “la libertad de expresión y en la Convención Europea”, tildó la decisión de “muy decepcionante” y considerará apelar ante el Tribunal Superior de Londres.

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