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El mundo|Martes, 27 de junio de 2006
RECHAZAN LA REFORMA CONSTITUCIONAL DE LA CENTRO-DERECHA ITALIANA

Tercer revés de Berlusconi ante Prodi

Ganó el “no” en el referéndum sobre los cambios a la Carta Magna propuestos durante el gobierno de Silvio Berlusconi. El actual premier, Romano Prodi, le ganó a su rival en las legislativas, en las regionales y ahora en la consulta popular. La participación fue relativamente alta.

Por Enric Gonzalez *
Desde Roma
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El ganador de la consulta de ayer, Romano Prodi, aseveró que reanudará el debate sobre la Constitución.

Italia rechazó de forma tajante la nueva Constitución federalista propuesta por el centroderecha. Los resultados del referéndum fueron esta vez muy claros: el “no” venció con el 61,7 por ciento de las boletas, frente al 38,3 por ciento del “sí”. El ex primer ministro Silvio Berlusconi y sus aliados de la Liga Norte vivieron una derrota sin paliativos. Es la tercera humillación sufrida por el magnate de los medios después de las elecciones generales de abril y las regionales del mes pasado, con lo que se abrió el interrogante sobre la capacidad de Berlusconi de mantener unida la coalición. A partir de ayer, la reforma constitucional volvió al punto de partida. El triunfador de la jornada, el jefe del Ejecutivo, Romano Prodi, anunció que tras el verano comenzaría un nuevo debate para reiniciar el proceso, esta vez sobre la base del consenso.

La reforma constitucional es, desde hace casi tres décadas, la piedra de Sísifo de la política italiana. Sólo funcionan los retoques modestos, como el realizado por el centroizquierda en 2001. Las modernizaciones ambiciosas y la intentada por el centroderecha en la pasada Legislatura acaban fracasando. El gran error de Berlusconi y los suyos consistió en introducir el federalismo y en reforzar los poderes del Gobierno a golpes de mayoría parlamentaria: el proceso suscitó muchos rencores en el centroizquierda y mucha desconfianza en las regiones del centro y del sur. La participación durante la primera jornada, la del domingo, fue baja. Tan sólo del 35,6 por ciento de los 47 millones de italianos llamados a las urnas acudieron a votar. Sin embargo, si se tienen en cuenta las dos jornadas de votación, la participación total fue relativamente alta, del 53,6 por ciento. Las regiones del norte votaron más que las del sur y en dos de ellas, Lombardía y Véneto, las más ricas de Italia, venció el sí. Umberto Bossi, que antes del cierre de las urnas había comentado que se exiliaría en Suiza si fracasaba la reforma, se mostró luego casi resignado: “En las zonas más avanzadas del país se ha impuesto el ‘sí’”, dijo, “mientras ha votado ‘no’ la parte que sigue creyendo en el asistencialismo. Pero habrá que seguir adelante. También los escoceses, los galeses y los catalanes necesitaron varios intentos. Volveremos a intentarlo, quizá la gente debe madurar”.

En el futuro próximo se vislumbraba, en efecto, el enésimo intento de actualizar la Constitución de 1948, envuelta con el aura romántica e idealista del antifascismo pero culpable de la fragilidad crónica de los gobiernos italianos y de un sistema centralista poco eficaz. Bossi insinuó su disponibilidad a sumarse a las negociaciones propuestas por el primer ministro Romano Prodi para otoño próximo, lo cual no sólo parecía garantizar unos cuantos años más de arduas discusiones constitucionales: también acercaba los escaños de la Liga Norte a la mayoría del centroizquierda y ofrecía a la coalición prodiana un cierto respiro.

El fracaso del “sí” provocó algunas reacciones destempladas entre quienes habían luchado por la reforma. “Los italianos dan asco e Italia da asco, han ganado los que quieren vivir a cuenta de otros”, declaró Francesco Speroni, eurodiputado de la Liga Norte. Sandro Bondi, coordinador nacional de Forza Italia, repitió los argumentos de las pasadas elecciones y atribuyó el resultado a supuestos fraudes: “Ya se han detectado las primeras irregularidades gravísimas en las operaciones preliminares al recuento en el colegio de Castelnuovo di Porto, dedicado a los votos de los italianos en el extranjero”, dijo.

El vicecoordinador de Forza Italia, Fabrizio Cicchitto, se declaró alarmado: “De estos resultados emerge una ruptura entre el norte y el centro-sur que plantea problemas muy serios”. Las dos regiones cuya población deseaba con más intensidad el federalismo, Lombardía y Véneto,vieron frustradas sus expectativas, pero la victoria del “no” en otras zonas del norte, como Piamonte, Friuli y Liguria, y la absoluta tranquilidad con que se desarrollaron las dos jornadas de votación no sugerían ni rupturas ni grandes tensiones inmediatas.

Así como devolver el poder a las regiones, la reforma constitucional de Berlusconi también consideraba fortalecer el rol del primer ministro. En el sistema italiano, el primer ministro no tiene el poder de nombrar ministros o de disolver el Parlamento y está debajo del pulgar del presidente, que gobierna durante siete años. Si se hubiera aprobado la reforma, un primer ministro italiano tendría poderes comparables a los de su contraparte británico. Esto tendría el mérito de hacer del gobierno italiano algo más decisivo y audaz –pero muchos italianos temen que prepararía el terreno para un líder con inclinaciones despóticas–. Fue la experiencia de 20 años del reinado de Mussolini lo que llevó a los que prepararon los borradores de la Constitución de Italia a darle al primer ministro poderes tan limitados.

* De El País de Madrid. Especial para Página/12.

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