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El país|Viernes, 18 de abril de 2003
ENTREVISTA A RODRIGUEZ SAA

“Los que quieran represión que voten a Carlos Menem”

En su terruño, “el Adolfo” explicó por qué se considera el mejor candidato. Les pegó muy duro a Duhalde, a Lavagna, a Menem, al establishment. Dio rienda suelta a algunas broncas. Y profetiza el resultado que espera para el 27 de abril.

Por Martín Piqué
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Adolfo Rodríguez Saá cruza la sala y desaparece en una oficina pequeña de la Fundación Investigación Social de América latina (FISAL), uno de sus centros de operaciones cuando se encuentra en la capital de su provincia. Luego la puerta se abre y el candidato recibe a Página/12 con una sonrisa –la misma de siempre– escoltado por su vocero, Gustavo Valenzuela, que se mantiene en silencio. En las paredes se ven fotos que exhiben casi toda su carrera política (se lo ve con empresarios, con embajadores, en reuniones de trabajo) y también aparecen algunos de sus herederos, como la gobernadora Alicia Lemme. Se acomoda en un sofá, y la confianza se le dispara en cada respuesta, en cada gesto. Habla como un hecho de su inclusión en el ballottage y dice que su rival será Carlos Menem. A Eduardo Duhalde, en cambio, le reserva un “retiro de la vida pública” y le aconseja un “llamado a silencio”.
–Alguna gente piensa que “el Adolfo” se parece al Menem del ‘89.
–En el sentido de que todos los diarios dijeron que (Menem) perdía y que ganaba Angeloz, y finalmente ganó Menem, va a pasar lo mismo. En otro aspecto no tengo ningún parecido con Menem. Mi personalidad es absolutamente diferente a la de Menem.
–¿Y cumplir con las promesas de campaña o lo principal del discurso?
–Está la trayectoria. He sido 18 años gobernador de San Luis y cumplí siempre mi palabra empeñada. Fui presidente de la Nación y en los 7 días cumplí con todo lo que dije en el mensaje. En siete días, imagínese si me hubieran dejado gobernar cincuenta. Si la Argentina hubiera podido elegir un presidente en aquella oportunidad, cómo hubiera cambiado la Argentina y cuánto tiempo hubiésemos ganado. Tal vez no hubiese sido yo el elegido, tal vez hubiese sido otro. Pero no es lo mismo tener una Argentina profundamente democrática con un presidente electo por el pueblo, que con un presidente designado por el Parlamento.
–¿Por qué lo critica tanto a Lavagna?
–Porque no tiene proyecto. Porque está haciéndole perder tiempo a la Argentina, y una comparsa de obsecuentes dice que es un buen ministro.
–¿Usted prefiere la gestión de Remes Lenicov a la gestión de Lavagna?
–No, discrepo totalmente con Remes, pero por lo menos tomó decisiones. Equivocadas, pero tomó decisiones. Lavagna flota, no toma ninguna decisión. Tiene que explicarle al pueblo argentino las cláusulas secretas que firmó el Fondo Monetario Internacional.
–Hablando de Lavagna, ¿le va a aportar algo a la campaña de Kirchner?
–Sí, votos en contra.
–¿Por qué? ¿No va a traccionar votos entre los sectores medios?
–No va a traccionar votos, escúchelo hablar, por favor. Véale la imagen.
–¿Qué piensa de la gestión de George Bush? Si fuera electo, ¿cómo conviviría con esta gestión estadounidense?
–Yo no opino sobre los presidentes de los otros pueblos. Yo, si soy elegido, tendré la obligación de mantener cordiales y respetuosas relaciones con todos los presidentes de todos los países del mundo. Mis opiniones personales tendrán poco que ver con la defensa del interés nacional.
–¿Eso significa mantener el acercamiento estratégico a Brasil?
–Nosotros tenemos que profundizar enormemente el Mercosur. Y si yo soy presidente le voy a aceptar al presidente de Brasil el desafío que Duhalde no se animó a hacer que es implementar la moneda única. Porque dicen una cosa y hacen otra cosa. ¿Qué es lo que hizo Duhalde con Brasil? Hablar por teléfono... Lula propuso una moneda única y estableció un mecanismo...
–¿Cómo se imagina el futuro de Duhalde?
–...(Hace silencio.) Deben retirarse. Deben dejar que la Argentina cambie, tienen que emprender el retiro de la vida pública y acompañar la reconstrucción de la Argentina. El mejor favor que le pueden hacer a la Argentina es el silencio.
–¿Cómo imagina los primeros tiempos del nuevo gobierno? ¿Va a haber problemas de gobernabilidad, como hacen prever los porcentajes que obtienen los candidatos?
–Creo que ustedes están equivocados. Yo le voy a aclarar que el nuevo presidente de la Argentina tiene que tener por lo menos el 40 por ciento de los votos y una diferencia de 10 puntos, o un porcentaje de 45 por ciento. Si no, tiene que ir al ballottage, entonces va a tener respaldo popular, inexorablemente.
–Ahí la elección se polariza. Pero igual no es el mismo respaldo el que vota en segunda vuelta por descarte...
–¿Por qué usted no juzga igual a Lula que tuvo que ir a la segunda vuelta? Juzguen con la misma vara a Lula que al presidente que van a elegir en este país. Hasta ahora, parecería un escenario de mucha paridad. Por eso la Constitución prevé un ballottage en ese caso. Los integrantes del establishment argentino aplauden que Lula tiene mucho apoyo. ¿Por qué no tienen la misma coherencia con el candidato que asuma en la Argentina? Tenemos que tener coherencia. ¿Pero sabe por qué no son coherentes? Porque están en contra de Menem pero están trabajando para que sea Menem.
–¿Quiénes están trabajando para que Menem sea presidente?
–Los que siembran la discordia. El Pacto de Olivos, el establishment.
–¿Qué les diría a los argentinos que piensan que si usted renunció a los siete días de su gobierno podría hacer lo mismo ahora, si es electo?
–Recién acabo de tener una discusión con un periodista que me preguntó si yo me pienso quedar cinco períodos como lo hice en San Luis. Entonces, pónganse de acuerdo para ver cómo ridiculizarme.
–No es para ridiculizarlo: hay sectores que concuerdan ideológicamente con su programa pero tienen cierta desconfianza. Algunos hablan de su personalidad, como dijo hace poco Kirchner, que usted pasa de la euforia a la depresión.
–¿Dónde fue publicado eso?
–En un reportaje en Página/12.
–Soy el candidato con mejores condiciones físicas, espirituales, intelectuales que está afrontando esta campaña electoral. Tengo la madurez, la experiencia enorme de haber gobernado exitosamente durante 18 años San Luis, y exitosamente los 7 días de la Argentina. Y los poderosos del establishment me pidieron que reprimiera, devaluara, pesificara... Había que tomar decisiones, yo decidí por el pueblo argentino no reprimir.
–¿Quién le pidió que reprimiera?
–Distintos sectores, el establishment.
–Pero diga algún nombre propio, algún dirigente...
–No tengo por qué darlo. Me lo reservo. Pero el establishment. Los sectores representativos del establishment pedían represión. Son los mismos que ahora les llenan los oídos de algunos candidatos.
–Ya que hablamos de represión, hay dos candidatos que dicen abiertamente que reprimirían para terminar con los cortes de ruta. ¿Cuál es su solución?
–Hay que solucionar los problemas. Los piqueteros, su justificación social, es que no tienen trabajo. Piden trabajo, hay que darles trabajo.
–¿Mantendrá los planes sociales en manos de las organizaciones piqueteras, como hace el actual gobierno?
–Se van a modificar totalmente los planes sociales, económicos, políticos y culturales de la Argentina. Van a ser otras políticas.
–Usted habla de “Pacto de Olivos”, del “establishment”. El enemigo que usted nombra parece muy difuso. Entonces, le voy a preguntar lo siguiente: Menem o Duhalde, ¿cuál es hoy su peor enemigo?
–No, enemigos no. Por lo menos, yo no soy el enemigo de ellos, no se sí ellos pensarán eso de mí. Mire: hay una política corrupta en la Argentina, la corrupción es mi enemigo. También hay una política mafiosa, las mafias son mis enemigas. Yo voy a luchar como argentino para que el país vuelva a ser digno. No como lo ha llevado hoy el establishment argentino y el Pacto de Olivos a ser el país más corrupto del mundo. Voy a luchar contra eso y no me importa cuántos votos me suma o me resta decir estas cosas.
–Usted ya se imagina en el ballottage, ¿ha incorporado dirigentes para ampliar su movimiento?
–Voy a sostener mi programa. Y como se van a confrontar dos programas, los que quieren más de lo mismo votarán por Menem: los que quieren pena de muerte, represión, votarán por Menem. Los que quieren libertad, trabajo, producción, votarán por Rodríguez Saá.
–En una de sus últimas entrevistas, usted dijo que Menem es un “líder”. ¿Qué méritos le reconoce a Menem?
–Lo que pasa es que el periodismo porteño pone en boca ajena lo que piensan ustedes. Yo no sostuve que era un líder, me preguntaron si era un líder y yo dije que sí. Y ahora me ponen que yo sostengo que él es un líder. Entonces yo le pregunto, ¿Menem es un líder? ¿Le reconoce virtudes? Todo líder tiene virtudes. Si yo le digo alguna sola virtud ustedes lo ponen en la tapa, ¿no?
–Cada candidato tiene sus frases hechas, sus slogans. Hay uno al que usted recurre cada vez que tiene que explicar cómo va a hacer para llevar adelante su plan de 125 medidas, la “corrupción estructural”.
–Mi discurso les genera desconfianza a los economistas y a los intelectuales, a los que les pongo en evidencia cuando explico: Autopista Illia, Autopista San Luis. Estadio Juan Gilberto Funes, Estadio único de La Plata. Hasta el más humilde de los argentinos entiende de qué se trata. Si eliminamos todos los fondos con los que se financiaba Bercún, los fondos con los que se financia toda la corrupción, Argentina cambia definitivamente. Como ellos no lo quieren hacer, por eso me tienen que votar. Déjenme hacerlo a mí. Es para bien de todos los argentinos. ¿Toda la Argentina no quiere eliminar la corrupción? Bueno, yo sé cómo hacerlo.
–¿Cómo?
–Como se hizo en San Luis, que construyó una autopista de 212 kilómetros por 120 millones de pesos. En cambio, los economistas del establishment construyen autopistas de 3 kilómetros que cuestan 450 millones de dólares.

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