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El país|Jueves, 4 de abril de 2013
Los Hornos, Villa Garibaldi, Arana, en el Gran La Plata, arrasados por el temporal

“Acá perdieron todos, ricos y pobres”

Por la noche, los vecinos organizaron cortes para reclamar por la falta de electricidad. Cientos de familias se reunían en las veredas.

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En las localidades más alejadas y postergadas del Gran La Plata, los efectos del temporal fueron devastadores, pero la solidaridad empató al malhumor y los reclamos, que se concretaron con una serie de cortes de calles. Los militantes barriales organizaron a propios y ajenos para recorrer las casas más afectadas, censar a los vecinos y sus necesidades y colectar toda la ayuda posible. Pasó en lugares como Los Hornos, Villa Garibaldi, Arana y el barrio San Carlos, donde tuvieron un plus que empeoró lo llovido: el desborde de varios arroyos. Los campos quedaron como esteros y, por la noche, sólo se veían las luces de los autos en medio del apagón, agigantado por el cielo abierto y los matorrales. Los vecinos denunciaron que la ayuda llegó mucho más tarde allí que en Tolosa, la otra localidad platense castigada por la lluvia.

–Buenas tardes, señora, ¿no tiene nada para donar? Estamos juntando ropa, comida, colchones, lo que tenga hasta que llegue más ayuda.

–Sí, chicas. Ya las estaba esperando. Ahora les traigo una bolsas de ropa que separé esta mañana.

–Muchas gracias, señora.

–Por favor, no es nada. Eso sí, les pido que esto llegue rápido a la gente que lo necesita y cuiden bien todo lo que les doy.

–No se preocupe, esto se lo damos a la gente del barrio en la mano, no pasa por ningún depósito.

Las chicas que recorrían Villa Garibaldi, sobre la calle 7 y 630, en las afueras de La Plata, eran seis y tenían entre 4 y 12 años. “Mi papá es referente del barrio y me mandó a buscar alimentos y ropa con este cuaderno. Acá anoto lo que nos entregan y también censamos a los vecinos que están mal. Les tomamos el teléfono para llamarlos”, le explicó a Página/12 una niña de 8 años, hija de un dirigente ligado a La Cámpora. Eran las 18 y el pequeño grupo ya se dirigía a la organización kirchnerista para dejar lo recolectado y salir por más.

En el camino se veían pocos almacenes abiertos y algunos supermercados hacían esperar a la gente afuera, por lo que había que hacer la cola para llevar alimentos y velas, si es que quedaban. Muchas casaquintas continuaban anegadas por la subida de varios brazos del arroyo El Pescado. “Nosotros nos levantamos con el arroyo adentro, la casa de enfrente está peor. Le dijimos al vecino que haga unos agujeritos en el muro para que el agua salga a la calle. Y ahí lo ves. Todavía sigue drenando agua”, contó Gonzalo, quien junto a su pareja, Selene, desinfectaba la casa antes de que cayera la noche y se acabara la luz natural.

“Acá perdieron todos. Ricos y pobres. Quedamos destruidos”, dijo Selene, en la puerta de su chalet, en 640 y 7. Sobre esta última calle había dos cortes mantenidos por los vecinos en reclamo de energía eléctrica. Alrededor de 200 mil personas estaban sin este servicio en La Plata y sus alrededores. “La mayoría tiene bombeadores eléctricos, así que sin luz no hay agua. Esto se puede poner peor”, dijo Gonzalo. Por la ruta, esquivando los cortes, se veían las luces de varios patrulleros. Los vecinos aguardaban al menos la llegada de camiones cisterna con agua.

A los costados de la calle 640, que une Villa Garibaldi con Arana, las banquinas estaban inundadas y los vecinos sorteaban los charcos en bicicleta llevando bidones de agua y alimento. Más adelante, sobre la avenida 137, una de las arterias de Los Hornos, el panorama era desolador. Cientos de familias se reunían en las veredas, junto a los muebles que habían logrado rescatar la noche anterior, y hacían fuego para cocinar la cena bajo el cielo despejado. Los más afortunados tenían garrafitas con hornallas y la preciada radio a pilas.

En los matorrales que preceden a la cárcel de Los Hornos, muchos damnificados desecharon cocinas, heladeras y distintos muebles, además de cientos de bolsas con residuos. Cuando se fue la luz natural se levantaron algunos piquetes de la avenida 137, patrullada también por la Gendarmería. En la zona del Cementerio de La Plata los semáforos estaban apagados y el tránsito fluía con cierto nerviosismo ante la posibilidad de nuevos cortes. “Abrimos hasta la medianoche, después no pongo las manos en el fuego ni por mi vieja”, dijo un comerciante en 137 y 66.

Mientras se hacía la cena y nacían nuevos piquetes cerca del acceso a la autopista La Plata-Buenos Aires, aumentaba la cantidad de móviles policiales que se dirigían a Los Hornos, una zona tan castigada como Tolosa, para evitar robos, saqueos u ocupaciones; también para constatar la presencia o no de personas dentro de las viviendas afectadas. El temor a que haya más gente fallecida seguía flotando en los barrios alejados. Hoy llegarían los hospitales móviles prometidos por el ministro de Salud, Alejandro Collia. Muchos vecinos temían trasladarse a los centros médicos, en medio del apagón y la incertidumbre que genera.

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