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El país|Viernes, 21 de junio de 2013
LIDIA PAPALEO HABLA SOBRE EL AVANCE EN LA CAUSA DE LA VENTA DE PAPEL PRENSA

“Hoy, de verdad, ya no hay marcha atrás”

“No hay duda posible acerca de que se trata de un crimen de lesa humanidad: hay amenaza de muerte, hay secuestro, hay tortura”, dice la mujer que la semana pasada declaró ante el juez Julián Ercolini.

Por Ailín Bullentini
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“Son 38 años dedicados a mantenerme en pie para ver a esta gente frente a la Justicia”, dijo Lidia Papaleo.

La viuda de David Graiver –el último dueño de Papel Prensa antes de que cayera en manos de Clarín, La Nación y La Razón–, Lidia Papaleo, no tiene dudas de que la causa que investiga si la compra “a precio vil” de esa compañía por las empresas de medios gráficos fue un delito de lesa humanidad va a seguir camino hacia el juicio oral. A poco menos de una semana de haber declarado ante el nuevo juez que dirige el expediente, Julián Ercolini, aseguró ante Página/12 que dijo “lo mismo que en 1985. Yo no cambié lo que dije nunca”.

–¿En qué se diferencia su última declaración ante la Justicia de las que realizó anteriormente?

–Vengo declarando desde 1985, cuando conté absolutamente todo esto al doctor Molinas (Ricardo, fiscal de Investigaciones Administrativas durante el gobierno de Ricardo Alfonsín), quien estaba a cargo de analizar los delitos económicos relacionados con la última dictadura. Fue en octubre de 1985 la primera vez que conté lo que había ocurrido con Papel Prensa. Seguí en los años siguientes, pero en otras instancias de la Justicia. En el ’86 declaré con (León) Arslanian, en la Cámara, tres días seguidos. Allí también conté todo esto. En aquel momento, la causa estaba referida a un todo: la desaparición, las torturas y demás. Yo ahora quiero que hablemos desde el momento en que matan a David, el 7 de agosto del ’76, hasta el 14 de marzo (de 1977), cuando yo de-saparezco. Primero, porque no quiero entrar en la victimización y hablar todo el tiempo de la tortura. Quiero hablar de lo que llevó a mi firma en noviembre de 1976 en La Nación, junto a los padres de David, de la venta de las acciones (de Papel Prensa). Fundamentalmente, la de ahora es una causa que empieza (la Secretaría nacional de) Derechos Humanos, y en la que yo me presento como querellante, contra el señor (el CEO de Clarín, Héctor) Magnetto. Nosotros querellamos a Magnetto en la primera causa en la que se lo acusa de delitos de lesa humanidad.

–¿Por qué considera que la compra de Papel Prensa por los diarios Clarín, La Nación y La Razón constituye un delito de lesa humanidad?

–El motivo principal es obvio: Papel Prensa se vende bajo presión y la amenaza de muerte que el señor Magnetto me hace a mí. Acá no hay duda posible acerca de que se trata de un crimen de lesa humanidad: hay amenaza de muerte, hay secuestro, hay tortura y está todo demostrado. No soy sólo yo quien sostiene esta cuestión (el representante legal de David Graiver, Rafael), Ianover también lo mencionó ante la Justicia. Y además, hay pruebas más que suficientes. No es que yo creo que se trata de esa clase de delitos, no es un acto de fe, sino que es empírica y jurídicamente comprobable que se violaron derechos humanos. Sin ir más lejos, el año pasado en La Plata, en el (juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en el) Circuito Camps, a la semana siguiente de mi declaración, un miembro de la patota de Camps y Etchecolatz rompió el silencio que se mantuvo intacto durante 36 años. Alberto Cozzani reconoció que tenía la orden de torturar a la familia Graiver para que entregara sus bienes. Reconoció que nos vejaron y que todo lo que nos hicieron fue absolutamente necesario. Lo que me importó de todo eso es que reconociera que ellos participaron en secuestrarnos, en torturarnos, que tenía la orden, que esa orden venía de Camps y que a Camps le llegó del Ejército. No habían dicho nada durante 36 años. Ese día, Cozzani terminó su declaración diciendo: “Espero que esta noche me cierren la puerta de la celda”.

–¿Cuál considera que fue el móvil del delito?

–Apoderarse de Papel Prensa. En este país no había papel. Se traía de los países escandinavos, lo importaba el dueño del diario La Prensa y lo repartía. Los delitos de lesa humanidad de los que estamos hablando se cometieron sobre personas que estaban desprotegidas; fueron preparados y organizados para que un bien quedara en las manos tres diarios: La Razón, La Nación y Clarín.

–Usted dice que viene contando a la Justicia lo ocurrido con la venta de Papel Prensa desde 1985. ¿Por qué considera que la causa no avanzaba?

–Tenemos que contar a partir de 2010, que es cuando públicamente el tema se restablece, con el informe de la Secretaría de Comercio sobre el asunto (Papel Prensa: La verdad). Todo ese año fue de movimiento para la causa. El trabajo de la Secretaría en sí continuó, porque no pararon de tratar de ingresar en la asamblea (de Papel Prensa). Sin embargo, eso no quiere decir que la Justicia avanzara. En la Justicia no pasaba nada más que vueltas: por distintos motivos se postergaba la definición, se cambiaba de juez. Ahora finalmente hay uno en Buenos Aires que sí tomó la causa (se refiere a Julián Ercolini, quien le tomó declaración el jueves pasado). El diario Clarín, el señor Magnetto, el diario La Nación son los que trataron, lo han hecho durante los últimos 35 años, de que este tema no avanzara. No quiero decir que todos los jueces son corruptos, que todos tienen precio. Pero la corrupción ha llegado a muchos lugares, y a la Justicia también. Lo importante es que hoy hemos alcanzado un punto en el que de verdad ya no hay marcha atrás.

–¿El único señalado como responsable del delito de lesa humanidad es Magnetto?

–Fue el señor Magnetto quien me amenazó de muerte, pero el título de la causa es “Héctor Magnetto y otros”. No hay duda de que van a tener que declarar esos otros: la señora (directora de Clarín, Ernestina Herrera) de Noble; el director de La Nación (Bartolomé), Mitre.

–¿Qué implica para usted que la Justicia investigue este hecho y, de realizarse, se lleve a cabo el juicio?

–Para mí es mucho más que una satisfacción. Es haber podido realizar la tarea que me propuse a partir de la muerte de David. Son 38 años de mi vida dedicados a mantenerme en pie sólo para poder ver a esta gente llegar hasta acá, frente a la Justicia. Estos 37 años de espera, de lucha, lo que a mí me mantuvo íntegra a pesar de todo lo que pasó, es que se hiciera Justicia. Lo importante es lo que implica que se haga justicia: que todos los diarios del país van a tener la posibilidad de tener papel de diario libremente, que Papel Prensa sea finalmente una empresa de la Argentina. Hasta ahora, y desde hace casi 37 años, el uso de papel que hizo esta empresa fue discriminatorio. Una vez que se haga justicia, finalmente se logrará que sea una empresa para todos.

–El hermano de Graiver cambió su declaración con el correr de los años. ¿Sospecha de otros elementos que puedan darse vuelta?

–El hermano de David fue a (el diario) Tiempo Argentino, donde no sólo lo filmaron sino también lo grabaron. En esa entrevista certificó los apremios ilegales, lo que significaba para él como judío que le hicieran propagandas en los diarios basándose fundamentalmente en su condición de judío, su denuncia a Magnetto. ¿Por qué modificó su historia? No lo sé, pero es una desgracia para él y para no-sotros también, porque a mí me duele como si su hermano estuviera vivo y lo estuviese viendo.

–Hay quienes señalan que la investigación sobre Papel Prensa comenzó a avanzar por la pelea entre Clarín y el gobierno nacional, ¿duda de que la Justicia hubiera avanzado de no haber existido ese conflicto?

–La semana pasada declaré lo mismo que dije en 1985. En la cárcel, todas las compañeras que tuve, porque estuve con presos comunes y con presos políticos, me escucharon decir que a David le costó la vida Papel Prensa, que su muerte fue provocada. No cambié lo que dije nunca. En el ’85, sin gobiernos kirchneristas, ante Molinas dije exactamente lo mismo que ahora. No he sido militante política ni lo soy. Sólo agradezco la posibilidad de haber podido seguir la causa ahora. Durante todos estos años recurrí a diversos estudios de abogados para que me dijeran qué podíamos hacer y nunca nadie se quiso hacer cargo de esta situación porque temía por la suya.

–¿Considera que este proceso continuará?

–No tengo la menor duda.

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