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El país|Jueves, 25 de agosto de 2016
El vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, recibió el premio Rodolfo Walsh

“La militancia se prueba en la derrota”

“Entiendo el premio como una convocatoria a la militancia y al compromiso, hoy más necesario que nunca”, dijo Alvaro García Linera al recibir la distinción de la Facultad de Periodismo de la Universidad Nacional de La Plata.

Por Ailín Bullentini
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Los padres de Emilia Uscamayta, la estudiante que murió en una fiesta clandestina, le dieron el premio a García Linera.

El vicepresidente de Bolivia, Alvaro García Linera, se quedó mirando largo rato el premio Rodolfo Walsh con el que la Facultad de Periodismo y Comunicación de la Universidad Nacional de La Plata lo distinguió ayer a la tarde. “De verdad, estoy muy conmovido”, les confesó a la decana Florencia Saintout y al dirigente de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) Hugo Yasky, encargados de la entrega de la distinción, y explicó por qué: “Estoy conmovido porque entiendo el premio como una convocatoria a la militancia y al compromiso, hoy más necesario que nunca. El compromiso y la militancia de las personas no se prueban en la victoria, sino en la derrota, y acá estamos, para probarlo”. El hall central del edificio Néstor Carlos Kirchner, sede de esa casa de altos estudios, celebró la conclusión con aplausos.

La ceremonia comenzó de manera oficial con los himnos de Argentina, a los que el público clausuró con un varios “patria sí, colonia no”, y Bolivia. La espera por García Linera fue mitigada con unas exhibiciones de danzas originarias del Altiplano y la presentación de los “invitados especiales”, que ocuparon las primeras filas del hall. Junto a las Madres de Plaza de Mayo, dirigentes sociales, periodistas y docentes de la casa se ubicaron el ex vicepresidente Amado Boudou, el ex titular del Sistema Nacional de Medios Tristán Bauer; el ex jefe de Gabinete bonaerense Alberto Pérez, el ex vice gobernador Gabriel Mariotto, el ex titular de la extinta Autoridad de Servicios de Comunicación Audiovisual Martín Sabbatella; el ex embajador argentino en Bolivia Ariel Basteiro y el titular de Suteba, Roberto Baradel. Antes de recibir el premio Rodolfo Walsh, organizaciones estudiantiles y de trabajadores distinguieron a García Linera con remeras y camisetas de fútbol, compilaciones de revistas y libros. El más especial de esos obsequios fue la carta de la dirigente social Milagro Sala, que la hizo llegar el coordinador de la organización Tupac Amaru. “Que la Pachamama nos dé la sabiduría y el amor necesarios para resistir en la unidad de los pueblos”, le dedicó Sala, desde la cárcel de Alto Comedero. También se aprovechó la atención del público numeroso para proyectar un pequeño documental que informa sobre la muerte de Emilia Uscamayta, una joven boliviana de 26 años que estudiaba Periodismo en La Plata y que falleció en la fiesta clandestina La Frontera, en enero pasado, y solicitar la colaboración “de todos los que estuvieron aquella noche” en la causa judicial que lleva la investigación sobre lo sucedido.

De los padres de Emilia, García Linera recibió la estatuilla Rodolfo Walsh “por su compromiso con los procesos de emancipación de nuestro pueblo, por su aporte como intelectual orgánico para los pueblos de América Latina, por su trabajo en la redefinición del Estado que en lugar de opresor, sea liberador”, explicaron desde la institución. Saintout definió la distinción como “un abrazo radicalmente comprometido, un premio que toma posición” para un dirigente que “sabe protagonizar en el frente pero también estar atrás, acompañando el paso del más lento; protagonista de un proceso revolucionario y multicultural que no solo se parece al pueblo que representa, sino que es parte de ese pueblo”. “Estos años tocamos el cielo con las manos. No fueron fáciles, pero sí felices e irreversibles en nuestros pueblos”, continuó, en relación a la década en la que coincidieron los gobiernos del matrimonio Kirchner en Argentina, de Evo Morales y García Linera en Bolivia, de Hugo Chávez en Venezuela, de Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil, de Rafael Correa en Ecuador. Luego, continuó: “Hemos sufrido una derrota electoral que nos pone ante un gobierno de tremenda crueldad para los más humildes, pero no nos han vencido, acá estamos de puertas abiertas en una universidad del pueblo”.

A su turno, Yasky destacó la figura de Walsh como “uno de los símbolos que siguen viviendo en la lucha popular”, razón por la que agradeció “estar entregando un premio con su nombre en un día como hoy, cuando se supo que en ocho meses de gobierno creció la desocupación”. Por último, reafirmó la postura de Saintout en torno del “no nos han vencido”, y sumó la idea de “la vuelta”: “Siempre estamos volviendo, siempre estamos levantando la imagen de Milagro Sala, presa de la oligarquía en jujuy; de las Madres de Plaza de Mayo y de Walsh”.

Para Yasky, el autor de Operación Masacre, es símbolo. Para García Linera, Paradigma de militancia, lucha y entrega por los otros”. Como corolario de la ceremonia, unificó en la figura del periodista y montonero los conceptos de vida, muerte y “entrega por el bienestar de otros”. Tomó la Carta Abierta a la Junta Militar, que Walsh estaba repartiendo en la ciudad de Buenos Aires el día en que una patota de la última dictadura cívico militar lo cruzó en Entre Ríos y San Juan como “un ejemplo actual de entrega”. “¿Qué haces tú por los demás, por quienes no tienen trabajo? ¿Qué haces tú, desde tu casa, por los que sufren la carencia y el abandono? Desentenderse de ellos es una forma de vivir, pero poco humana. La de Rodolfo fue una manera de vivir eternamente”, disparó, y concluyó: “De tanto en tanto hay gente que no huye de la muerte. Rodolfo fue de esas personas que escogen el riesgo de muerte para garantizar y proteger la vida de los demás. A él, por eso, mi homenaje personal, político y ético”.

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