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El país|Domingo, 23 de julio de 2006

El fastidio de Fidel

Por M. P.
Desde Córdoba

Durante tres días, el segundo piso del hotel Holyday Inn fue la base de la delegación cubana. Habían alquilado 26 habitaciones, aunque nunca se pudo saber cuál ocupaba Fidel Castro. Sí se lo podía ver a la mañana trotando y haciendo ejercicios en el pasillo de forma circular. Desde el lobby de la planta baja se alcanzaba el pasillo de los primeros pisos, por lo que el hobby de los empleados del hotel se convirtió en espiar para arriba. Por los movimientos, adivinaban si venía Fidel, si se dirigía al ascensor. Mientras los empleados se concentraban en los pisos superiores, los periodistas observaban con atención las mesas y los sillones del lobby. Allí los funcionarios cubanos debatían con cierta discreción las novedades del contrapunto con Argentina por el caso de la neurocirujana Hilda Molina.

Con mucha reserva, importantes miembros de la delegación de la isla expresaban su desazón y no podían disimular su enojo por la decisión argentina de invitar formalmente a Fidel a Córdoba y luego hacerle un reclamo oficial por carta. Los argumentos de los cubanos llegaron a oídos de unos cuantos miembros del gobierno argentino. Algunos de ellos conversaron con el ex embajador de Cuba en la Argentina y actual vicecanciller y encargado para América Latina, Alejandro González Galiano. Otro interlocutor fue el canciller cubano Felipe Pérez Roque. El motivo principal del enojo de los cubanos era que Fidel se había enterado de la decisión de Kirchner de entregarle una carta protocolar por el caso Molina ya cuando se encontraba en pleno vuelo.

En el primer piso de la Casa Rosada explicaron que recién se enteró en esa situación porque los cubanos no avisaron en qué momento había partido el vuelo, por una cuestión de seguridad. Desde otros sectores del Ejecutivo, en cambio, dijeron entender las razones de Cuba y confiaron a este diario que la forma y el momento en que se comunicó el pedido fueron bastantes desprolijos. “No se respetaron los usos y costumbres diplomáticos y el tema de Molina terminó opacando un hecho político fundamental, como fue la Cumbre”, aseguró un funcionario acostumbrado a hablar con representantes de otros países.

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