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Sociedad|Lunes, 11 de agosto de 2003
UNA CONSECUENCIA DEL CALENTAMIENTO GLOBAL

Europa, continente al spiedo

La ola de calor bate record y no para de causar estragos. Decenas de muertos, incendios, sequía y crisis energética.

Por Eduardo Febbro
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La ola de calor en Europa continuará al menos hasta el jueves.
“Hay que remontarse hasta 1949 para encontrar una situación igual.”
Página/12
en Francia
Desde París

Cuarenta grados a la sombra en la capital francesa a las seis de la tarde, sequías, picos altísimos de ozono, incendios forestales gigantescos, cientos de miles de animales y especies vegetales arrasados y decenas de muertos, la ola de calor que azota a Europa desde hace varias semanas aparece ya como un desastre ecológico de múltiples consecuencias. Sólo en París, en los últimos cuatro días, habría provocado la muerte de 50 personas, según el titular de la Asociación de Médicos de Urgencias Hospitalarias, Patrick Pelloux. Las temperaturas han aumentado tanto en los ríos y en el mar –la temperatura del Mediterráneo ascendió a 32 grados– que los peces no pueden sobrevivir. En Alemania, donde ayer se registró el record de 40,4 grados –la más alta desde 1730–, las anguilas del río Rhin desaparecieron a raíz del calor mientras que en Francia algunas regiones no dan abasto con la tarea de enterrar las aves de corral y eliminar las carcazas de ganado muerto. También Londres tuvo ayer su marca histórica: 37,9 grados centígrados, un registro que hizo perder 400 mil dólares a una casa de apuestas, que había arriesgado 25 contra 1 a que el termómetro no superaría los 100 grados Farenheit (37,8 C).
Algunas zonas paradisíacas de la Costa Azul francesa parecen paisajes lunares con miles de hectáreas calcinadas por los incendios. En las últimas semanas, 67.000 hectáreas de bosques se incendiaron en Portugal, 30.000 en Francia, 27.000 en España, 4400 en Croacia y 800 en Italia. El fenómeno provocó graves perjuicios al campo: los agricultores alemanes perdieron el 80 por ciento de sus ingresos. Otro de los sectores afectados es el energético. El calor y la sequía, sumados al nivel extremadamente bajo de ríos y lagos y al incremento masivo del consumo (aire acondicionado), provocaron una crisis energética de considerables dimensiones. En España, el consumo creció en casi un 17 por ciento desde principios de agosto, Serbia se ve ahora obligada a importar electricidad mientras que en Francia una de las centrales nucleares más importantes, la de Fassenheim (al este), tuvo que ser “regada” preventivamente durante cuatro días para enfriar el hormigón. Las autoridades contemplan incluso la posibilidad de detener el reactor para no violar las normas mínimas de seguridad.
Las secuelas del sol se extienden también a las finanzas. El incendio de las cosechas, las pérdidas de ganado y el crecimiento del consumo eléctrico cambian igualmente los datos de la economía. Los analistas prevén un aumento de la inflación debido al costo suplementario de ciertos productos alimentarios y a las perturbaciones sufridas por las industrias de suministros eléctricos.
La producción nuclear, que garantiza una tercera parte del suministro europeo, paga las consecuencias de la falta de agua necesaria para enfriar los reactores. Ello acarreó un descenso de la producción y el alza de los costos del kilowatt/hora. Asimismo, como los ríos europeos bajaron a niveles alarmantes, el transporte fluvial quedó prácticamente paralizado, lo cual incrementa el costo de cada tonelada transportada. Los consumidores asumirán también el precio del pan, aumentado debido a la pérdida masiva de las cosechas de trigo. El rey sol llega hasta a ocasionar atrasos en los trenes y, por consiguiente, un drástico incremento del ausentismo laboral. Los únicos beneficiados son los fabricantes de cerveza: según un estudio, el consumo de esa bebida crece en 5,2 por ciento en el sur y 1,2 por ciento en el norte cada vez que el mercurio sube un grado suplementario.
Las previsiones para las próximas semanas aumentan la inquietud con respecto al impacto que el calor seguirá teniendo en el medio ambiente. Eliane Ducasse, una científica de los servicios franceses de lameteorología nacional, señala que “las temperaturas no van a bajar al menos hasta el 14 de agosto. La situación meteorológica es muy estable y excepcional. Hay que remontar al año 1949 para encontrar una situación como la de hoy”. En Italia, Giampiero Marachi, director del Instituto de Biometeorología de Florencia, asegura que el calor seguirá azotando hasta septiembre.
Para muchos expertos, la ola de calor demuestra la necesidad de actuar rápidamente contra los gases contaminantes y de adaptar el planeta a una vida que, en el futuro, estará transformada por las temperaturas elevadas. “Hay cada vez más pruebas de que esas temperaturas no se deben a variaciones naturales del clima y de que las actividades humanas influyen en ellas”, dijo el presidente del Grupo de Expertos de la ONU sobre el clima, Rajendra Pachauri. Jean Louis Plazy, miembro de la Agencia del Medio Ambiente y del Control del Clima, Ademe, evoca la posibilidad de una “renuncia voluntaria” a muchos de los sistemas que hacen la vida más placentera.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) constata que los “fenómenos meteorológicos y climáticos alcanzan niveles nunca igualados”. El organismo admite abiertamente que el planeta ha entrado en una fase “de desarreglo y agresión climática constante y caracterizada”. Sir John Houghton, ex presidente de la Oficina británica de Meteorología, califica al recalentamiento del planeta como “un arma de destrucción masiva, tan peligrosa como las armas químicas, biológicas o nucleares”. Según Houghton, los desarreglos climáticos son “como el terrorismo, no conocen fronteras”.

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