Las retenciones son un arancel, no un impuesto. La principal diferencia de los aranceles en relaci贸n con los impuestos reside en que, si bien comparten una contrapartida de ingresos, no persiguen objetivos recaudatorios, sino macroecon贸micos, un argumento m谩s que suficiente para desarmar, por ejemplo, todo lo que se escucha en materia de 鈥渋nconstitucionalidad鈥 y 鈥渃onfiscatoriedad鈥. Lo que estar铆a en juego entonces no es el cobro de un impuesto, sino la pol铆tica econ贸mica.
Sin embargo, en respuesta a la insaciable protesta campera, el Gobierno introdujo una interminable secuencia de subsidios a los pr贸speros empresarios del campo que limitar谩n la contrapartida recaudatoria. Las concesiones se otorgaron bajo el pol铆ticamente correcto escudo de los 鈥減eque帽os productores鈥, uno de los tantos mensajes confusos, y t茅cnicamente err贸neos, enviados a la parte m谩s desprevenida de la sociedad durante la desigual puja por la renta sojera.
La primera fase de m谩s de 100 d铆as de extorsi贸n del campo dio sus frutos. Aunque el Gobierno nunca abandon贸 el tono beligerante s铆 otorg贸 una seguidilla de concesiones, lo que justifica la prepotente retoma del apriete corporativo. Las concesiones transformaron el esquema inicial de retenciones m贸viles en otro de retenciones m煤ltiples. El problema del nuevo esquema no reside en la p茅rdida de recaudaci贸n, que nunca fue el punto, sino en la licuaci贸n de los objetivos macroecon贸micos del arancel.
Las concesiones sectoriales se produjeron en dos etapas. La primera fue por la Resoluci贸n 284 del pasado abril, que compens贸 a los productores de hasta 500 toneladas de soja y girasol con la diferencia entre la retenci贸n m贸vil y una del 35 por ciento. Luego, la C谩mara de Diputados ampli贸 la base de beneficiarios hasta las 1500 toneladas. El resultado final es que quienes produzcan hasta 300 toneladas ser谩n compensados como si pagasen retenciones del 30 por ciento, quienes produzcan hasta 750, como si pagasen una del 35. Finalmente, quienes produzcan hasta 1500 toneladas recibir谩n compensaciones por las primeras 750 toneladas (al 35 por ciento). A ello se suman tambi茅n, para quienes producen fuera de la zona n煤cleo (a la que Diputados dej贸 m谩s reducida), las compensaciones por el transporte, que discriminan regionalmente, no por tama帽o.
Si se toma la cotizaci贸n del precio declarado promedio de exportaci贸n (FOB) del pasado 7 de julio para la soja, 573 d贸lares, se obtiene un esquema de retenciones m煤ltiples de acuerdo con la siguiente escala: 30 por ciento para quienes producen hasta 300 toneladas, 35 para quien produce hasta 750, 41,4 para quien llega hasta 1500 y 47,8 por ciento para el resto.
Dicho de otra manera: la mejora conseguida por los 鈥減eque帽os y medianos鈥 productores luego de la resoluci贸n 125 oscila, siguiendo la rese帽a presentada en el 煤ltimo informe semanal del Ieral-Fundaci贸n Mediterr谩nea, entre el 12,9 y el 35,9 por ciento.
El mantenimiento del esquema m贸vil, entonces, solo regir谩 ahora para quienes producen m谩s de 1500 toneladas, es decir para quienes venden soja por cerca de medio mill贸n de d贸lares (FAS, neto las retenciones). Puede comprenderse la necesidad pol铆tica de neutralizar la medida de marzo sin dar marcha atr谩s en el tema de fondo. M谩s complicado es que los cambios afectan uno de los principales objetivos declarados de la suba del arancel: desalentar el cultivo de las oleaginosas en favor del resto de la producci贸n agropecuaria, como cereales, ganader铆a y lecher铆a; productos todos con problemas de oferta frente a una demanda creciente. Con los precios actuales un productor de ma铆z paga, cualquiera sea su tama帽o, una retenci贸n del 33 por ciento; lo que para los 鈥減eque帽os productores鈥 significa un incentivo para plantar soja.
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