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Domingo, 26 de diciembre de 2010
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D茅ficit de viviendas y corrientes inmigratorias

El derecho a la ciudad

El Censo inform贸 que hay una vivienda cada tres habitantes, lo que refleja el d茅ficit en esa materia. No s贸lo se vive en la ciudad, sino que se la vive. Y parte de ese vivir significa producirla, gozarla, sufrirla y lucharla.

Por Ariel Gravano *

La ciudad es un hecho y un derecho. Es una de las consumaciones m谩s notorias de la producci贸n material y simb贸lica, en un proceso de transformaci贸n y socializaci贸n permanente. No se reduce al mero espacio f铆sico de aglomeraci贸n, sino que adquiere valores, identidades e imaginarios construidos hist贸ricamente. Por lo tanto, no s贸lo se vive en la ciudad sino que se vive la ciudad. Y parte de ese vivir significa producirla, gozarla, sufrirla, reivindicarla y lucharla.

La ciudad tambi茅n implica una cuesti贸n de derecho que, por las mismas razones, trasciende su mera realidad como espacio f铆sico y adquiere valor de uso concreto y p煤blico. Si se la define como parte del sistema de servicios y consumos colectivos concentrados que hacen posible la producci贸n y reproducci贸n de la vida social, la cuesti贸n del derecho aparece n铆tida cuando se detecta que hay quienes quedan 鈥渁l margen鈥 del efecto de los satisfactores de esos consumos necesarios. 驴Cu谩les son los derechos de la ciudad? Precisamente los que se derivan del hecho de vivir en ella, produci茅ndola y consumi茅ndola, cuyo valor asociado es el ejercicio de la ciudadan铆a: el derecho a la vivienda, a una vida digna, a usar los servicios que la ciudad brinda o debe brindar para todos, como 谩mbito p煤blico socializado de la producci贸n humana.

Como esto no se da, ese derecho es reivindicado y se lucha por 茅l, en t茅rminos de legitimar hasta acciones que son ilegales, como la usurpaci贸n del espacio p煤blico o privado desocupado, pero que en el fondo implica una lucha por el derecho al uso de la ciudad misma. Estas situaciones se dan de hecho, en principio por la relaci贸n de dominio que implica la apropiaci贸n del excedente urbano, cuando 茅ste se distribuye por el valor de cambio de la ciudad, transformada en mercanc铆a. Es as铆 que la m谩xima socializaci贸n p煤blica de la producci贸n cultural humana deviene en apropiaci贸n privada, cuyo indicador es la fragmentaci贸n y segregaci贸n urbana, sobre la base del valor del espacio.

Seg煤n el flamante censo, hay en nuestro pa铆s una vivienda cada tres habitantes. Lo que implica pensar que quien no tiene acceso a ella es porque ha sido despojado del derecho a tenerla, ni m谩s ni menos. Y esto tiene ra铆ces estructurales en el surgimiento hist贸rico de lo urbano y de la ciudad.

En la amurallada ciudad de la Antig眉edad, la protecci贸n y la pertenencia eran garantizadas materialmente por las castas de guerreros, sacerdotes y bur贸cratas, y concebidas como algo dado desde la autoridad sagrada estatal y emanaban como un don del templo central y del palacio, pero no para todos por igual. Los esclavos no eran concebidos como ciudadanos, a pesar de ser quienes hab铆an construido la ciudad y sus muros. Tampoco en la ciudad medieval se conceb铆a que esos sectores estuvieran al margen del goce del derecho a la ciudad misma, pues su situaci贸n de subordinaci贸n se consideraba parte del orden natural.

Es la ciudad de la Modernidad la que universaliz贸 el derecho de todos los ciudadanos a hacer uso de ella, trascendiendo su acotamiento amurallado, y es reci茅n a partir de esta premisa que el 鈥渜uedar al margen鈥 se pudo convertir en un problema a resolver institucionalmente por el Estado. A su vez, es el inter茅s dominante el que necesita estructuralmente de una fuerza de trabajo migrante, a la que 鈥損arad贸jicamente鈥 los imaginarios hegem贸nicos tardar谩n en considerar (o no considerar谩n nunca) leg铆timos destinatarios de la ciudad misma, o sea, ciudadanos al fin.

As铆 que la lucha continuar谩 y el papel del Estado seguir谩 siendo crucial en funci贸n de los intereses que ampare. Seguir谩 谩spera, compleja, con atajos ideol贸gicos enlodados de discriminaci贸n y racismo, de ocultamientos y manipulaciones, con contradicciones e impurezas, para quien pretenda idealizar un equilibrio que, en todo caso, ser谩 siempre un estado provisorio del conflicto

* Antrop贸logo, investigador del Conicet.

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