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Domingo, 2 de octubre de 2011
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Opinión. Crisis global y la perspectiva conservadora

Liberalismo crepuscular

Por Ricardo Aronskind *

El lunes 26 de setiembre el columnista Carlos Pagni escribió en el diario La Nación una columna titulada “No está claro que el país podrá resistir un colapso global”. El artículo presenta apretadamente varios tópicos de la visón político-económica de la derecha argentina. Allí se cuenta que “Los cuatro (presidentes latinoamericanos) que dirigen economías investment grade... fueron saludados (en ocasión de la Asamblea de Naciones Unidas) como estrellas por banqueros y empresarios”. Cómo no van a ser festejados por las corporaciones, si las multinacionales giraron desde Chile en los últimos cuatro años casi 100.000 millones de dólares en regalías, pudieron extraer sin límites y con bajos impuestos la riqueza minera del Perú, embolsaron parte de los 6 puntos anuales del PBI que el estado brasileño les está pagando a los tenedores de deuda pública, y Colombia se ofreció como una base militar para la superpotencia norteamericana. Dados esos parámetros, es bastante razonable que Argentina haya descendido en la valoración de tan exitosos “banqueros y empresarios”, ya que nuestro país se ha resistido en la última década a jugar su destino en el casino financiero global.

El artículo justifica que dada “la colección de rarezas” de la política oficial, Morgan Stanley “haya anunciado, como informó la agencia Dow Jones, que seguirá excluyendo a la Argentina de su índice bursátil de mercados emergentes, por considerarla un mercado fronterizo, como Jamaica, Serbia y Kenya”. Llama la atención la pobre calidad de los servicios que presta Morgan Stanley: sólo argumentos francamente bizarros y una inocultable hostilidad política pueden llevar colocar a la Argentina en un bloque tan incongruente. Sin embargo, estos desatinos encuentran siempre difusión en las tribunas de doctrina conservadoras.

Pero que haya una crisis grave en el capitalismo desregulado y financierizado no debe desviar del objeto fóbico. Dice el artículo: “A los enigmas del contexto, se agrega la incertidumbre que siembra Cristina Kirchner”. Esta afirmación es cierta y es falsa al mismo tiempo. Es verdad que Cristina Kirchner no siembra la certidumbre que podían ofrecer Menem o De la Rúa a Morgan Stanley y a la derecha local. Pero la Presidenta ofrece otras certidumbres, que se derivan del comportamiento de su gobierno en la crisis de 2009. La certidumbre de que se si se profundiza la crisis global el Gobierno va a volver a actuar decididamente, y de que lo hará buscando preservar a los sectores sociales más vulnerables. Pero la incertidumbre de sectores del establishment reside en otro precedente que les resulta traumático: que frente a una nueva crisis se sacrifique alguna otra vaca sagrada del neoliberalismo, como fue la estatización del escandaloso negocio de las jubilaciones.

Volvamos al título de la nota: “No está claro que el país podrá resistir un colapso global”. La Nación pasó parte de la última década advirtiendo a sus lectores que el país estaba al borde del colapso energético. Luego acarició la posibilidad, hacia fines de la década pasada, de un colapso financiero que nos llevara a otro default, evento que tampoco ocurrió. Pero ahora, mercado mundial mediante, quizá se cumplan los deseos, y finalmente Argentina colapse.

¿Quién resistiría un colapso global? Precisamente un colapso sería global porque colapsarían las economías centrales. ¿Cómo resistiría la sociedad norteamericana un colapso, luego de décadas de prosperidad, que el “sueño americano” se haga trizas? ¿Y la sociedad europea, que tan rápido desenfunda el racismo y el chauvinismo? ¿Y los países petroleros? ¿Y China?

Formular la pregunta aislada, referida exclusivamente a la Argentina, no apunta a pensar estrategias nacionales, sino a alimentar en los lectores miedos y fantasías catastróficas.

A diferencia de esta crepuscular mirada del neoliberalismo, en el hipotético caso de producirse un colapso global, en América del Sur siempre quedará la posibilidad de sacrificar unas cuantas vacas sagradas neoliberales de las que aún subsisten. Seguro que no vamos a estar solos en el mundo: el banquete de vacas sagradas va a ser universal

* Economista UNGS-UBA.

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