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Domingo, 26 de diciembre de 2004
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El baúl de Manuel

Cómo nos ven

Los argentinos somos excepcionales, pero no deja de carcomernos la duda sobre cómo nos ven en el exterior. Nos halaga que Alfred Marshall sugiriese estudiar el caso argentino. ¿Somos también excepcionales en lo económico? Silvio Gesell, que había vivido los terribles días de la crisis de 1890, refutó esa creencia tan difundida, en La cuestión monetaria argentina. Otro que nos halló fuera de serie fue el Nobel Kuznets, que encontró en el mundo cuatro tipos de países: desarrollados, subdesarrollados, Japón y Argentina. El tercero por crecer demasiado, el último por hacerlo demasiado poco. Como quiera que sea, en todo el siglo veinte el mundo le ha dedicado a la economía argentina una veintena de obras de cierta importancia, por contar sólo las escritas en inglés: The International Economic Position of Argentina, de Vernon Phelps (1938); Yankee Diplomacy: U.S. Intervention in Argentina, de O. Edmund Smith, Jr. (1953); The United States and Argentina, de Arthur Whitaker (1954); The Gold Standard, 1880-1914: Britain and Argentina, de A. G. Ford (1962); Argentina-A City and a Nation, de James Scobie (1964); Exchange-Rate Devaluation in a Semi-Industrialized Country: The experience of Argentina, 1955-61, de Carlos Díaz Alejandro (1965); Politics and Beef in Argentina: Patterns of Conflict and Change, de Peter Smith (1969); British-Owned Railways in Argentina: Their Effect on the Growth of Economic Nationalism, 1854-1948, de Winthrop Wright (1974); Argentina in the Twentieth Century, editado por David Rock (1975); Dependent Industrialization in Latin America: The Automotive Industry in Argentina, Chile, and Mexico, de Rhys Owen Jenkins (1977); An Economic History of Argentina in the Twentieth Century, de Laura Randall (1978); A Socioeconomic History of Argentina, 1776-1860, de Jonathan Brown (1979); Argentina in the Postwar Era: Politics and Economic Policy Making in a Society, de Gary Wynia (1978); The Prairies and the Pampas: Agrarian Policy in Canada and Argentina, 1880-1930, de Carl Solberg (1987); South America and the First World War: The Impact of the War on Brazil, Argentina, Peru and Chile, de Bill Albert (1988); Frondizi and the Politics of Developmentalism in Argentina, 19551962, de Celia Szusterman (1993); y Frontier Development: Land, Labour, and Capital on The Wheatlands of Argentina, de Jeremy Adelman (1994).

Para leer el balance de pagos

Uno es diabético, y va al médico. Este le encarga un análisis. Usted lo hace y vuelve con el resultado. El médico no lo examinará con una lupa. En realidad, ni necesita mirarlo y menos tocarlo. Le basta leer el informe del laboratorio. De ahí sale el diagnóstico y el tratamiento. De igual modo, ningún analista económico, para saber si se exporta, va a mirar la “realidad” –o sea, qué producen los campos y las fábricas–. Sentado mullidamente en una oficina con aire acondicionado, lee una hojita que no huele a bosta de vaca ni a sudor de obrero y que, escuetamente, bajo unas columnas llamadas “debe” y “haber”, consigna una serie de cifras, y debajo de la columna “concepto” indica el motivo de esas cifras. Debe aclararse que, pese a su nombre, no se trata de un “balance” (en los balances se registran existencias en un momento dado) sino algo semejante a un cuadro de “ganancias y pérdidas” (corrientes o flujos producidos durante cierto período, comprendido entre dos momentos del tiempo). Lo de semejante se acota porque tampoco es un estado contable, sino un cuadro estadístico. Aunque opera con reglas contables. Una de ellas: las pérdidas se debitan (se registran en el debe) y las ganancias se acreditan (íd. en el haber). “Pérdidas” es un modo de llamar a operaciones que insumen divisas: importar mercancías, pagos de transportes, turismo en el exterior, donativos al exterior, pagos de servicios financieros. Y las “ganancias” hacen ingresar divisas: exportaciones, gastos de turistas en el país, donaciones recibidas, cobro de servicios financieros. También debeaclararse que las transacciones incluidas en el balance de pagos son sólo las verificadas entre residentes del país y residentes extranjeros. Un balance de pagos consta de una cuenta corriente (operaciones con productos y servicios) y una cuenta de capital (operaciones con títulos financieros, incluidas las divisas) y siempre el total del haber coincide con el total del debe. Como es un cuadro estadístico, y las cifras son estimaciones, si dichos totales no coinciden se imputa la diferencia a “errores u omisiones”. Pero sí puede haber diferencia entre el total del debe en productos y servicios y el total del haber. Si el total de partidas del debe supera al total del haber (un “déficit” en cuenta corriente), ello indica que la economía pasa por una fase alta de actividad, y viceversa en el caso contrario.

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