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Domingo, 14 de mayo de 2006
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BRASIL

En la edición del Cash del 23 de abril pasado, como siempre, nos hace ver una realidad dura y de la cual no aprendemos. Brasil crece y crece. Octava o novena potencia industrial del mundo, junto con China, India y Rusia, una de las potencias del futuro según los analistas del Primer Mundo. Un ejemplo de su poder: más de 800 empresas alemanas de primer nivel tienen sus fábricas en San Pablo. Y son tan vivos: ¡cómo nos cuesta aprender de ellos! Hace un tiempo había problemas por cuotas de importación, producción, etc, pero hace un tiempo no se escucha más de esto, ¿por qué? Por la política hábil de inversión en la Argentina, por ejemplo en la industria siderúrgica: en el momento en que surge la fabricación de una pieza para Toyota y somos competitivos, los brasileños suben el precio del metal acá, e inmediatamente dejamos de ser competitivos y los puestos de trabajo se van a San Pablo. Simple pero efectivo. Producimos lo que ellos nos dejan o no les interesa. Pero no desesperemos, si la tendencia de integración continúa y pese a los berrinches de nuestro Presidente no nos queda más remedio que negociar, quizá bajo la dirección de algún dirigente brasileño en el Mercosur podamos crecer de verdad.

Andrés Alarcón

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URUGUAY

Los problemas con Uruguay revelan una vez más que los intereses primordiales de una nación pueden coincidir con otros, pero nunca supeditarse a ellos. Así queda patente la insensatez del puente Punta Lara-Colonia, mero proyecto inmobiliario y para facilitar el acceso a Punta del Este. La diferencia entre los hombres y los grandes intereses nacionales consiste en que aquellos mueren y éstos sobreviven indefinidamente. Por eso los recursos, de por sí escasos, deben aplicarse avaramente a lo más positivo, como lograr en el río Paraná una profundidad permanente de 42 pies hasta Rosario y de 36 hasta Santa Fe; la construcción de un puerto de aguas profundas a la altura de La Plata o en la desembocadura del Río de la Plata para completar la carga de los enormes graneleros del inmediato futuro, y procurar los 10 pies en el río Paraguay hasta Bolivia. Los beneficios serían incalculables. Y aun quedarían fondos para comenzar con el proyecto sobre el río Bermejo, que cambiaría la geografía del gran norte argentino y hasta de zonas de Bolivia, mitigando, y hasta eliminando, las grandes sequías e inundaciones, que la realidad presente reactualiza y que debiéramos tener siempre presente. Las riquezas por la incorporación de no menos de diez millones de hectáreas a la producción regular (nada menos que una nueva provincia) siguen aguardando el término de esta tan irracional como imperdonable desidia nacional.

Raimundo L. Rodríguez

DNI 3.358.121

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