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Domingo, 25 de marzo de 2012
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El rechazo de la Derecha empresaria

La disputa por el Estado

Por Ricardo Aronskind *

La prensa conservadora publicó recientemente un artículo que catalogó al viceministro de Economía Axel Kicillof de dogmático y marxista. Interesa el artículo por los conceptos de fondo que deja traslucir sobre los funcionarios, el Estado y la economía, ya que refleja la perspectiva de un influyente sector social en el país.

El artículo señala que “la incorporación de estos economistas (de similar perfil a Kicillof) entraña un cambio significativo en las relaciones del Gobierno con el mercado”. Es importante entender en qué consistiría, según el artículo, esa transformación. Aunque dichos economistas “son propensos a la abstracción” (sic) y “carecen de experiencia administrativa y empresarial”, “dicen y hacen lo que piensan”. Más adelante la nota sostiene: “Kirchner mantuvo siempre una cautelosa distancia entre el ala más ideológica de su grupo y quienes, con la única religión del pragmatismo, debían lidiar con el mundo material: De Vido, Uberti, Jaime, también Moreno”. Según el artículo, Kirchner habría navegado entre esas dos aguas. Pragmatismo, en el diccionario de la derecha autóctona, es sinónimo de dogmatismo neoliberal, si se trata del ministro de Economía, y de sumisión incondicional al poder económico, si se trata del presidente. Luego de largos años de denostar a una serie de funcionarios, la prensa conservadora descubre que en realidad eran el ala pragmática del kirchnerismo. Y que puede haber algo peor: el ala ideológica. El artículo lo explica: la Presidenta ha puesto “aspectos centrales de la relación con las empresas en manos de Kicillof, quien no renuncia a la lucha de clases como categoría explicativa de la vida pública”. ¿Qué proyectos marxistas, dogmáticos y embebidos de lucha de clases tiene entre manos el viceministro de Economía? El artículo lo aclara: “Desde su panel de control, el nuevo numen imagina una política más planificada, que estimule a tal o cual sector a través de tipos de cambio múltiples, diseñados con subsidios y protecciones oficiales”.

La derecha argentina no se enteró de que en todo el mundo desarrollado se realizan planificaciones a largo plazo en los sectores relevantes de la economía. Ningún país soberano del planeta deja de proyectar escenarios y realizar programas de largo aliento para garantizarse un lugar privilegiado en la división internacional del trabajo.

Pero el problema de los conservadores no es ése. El peligro es cuando en la cabeza del Estado aparecen ideas propias y políticas propias. El problema de la derecha empresarial es la autonomía del Estado, la capacidad que éste pueda tener para generar políticas e intentar liderar un rumbo económico y social propio. Se entiende mejor este rechazo a los académicos provenientes de universidades públicas, si se lo compara con el reclutamiento sistemático de cuadros que todos los gobiernos neoliberales –militares y civiles– hicieron en universidades privadas, think tanks de derecha, o directamente directorios de empresas. Hoy puede que molesten el “marxista” Kicillof o el “nacionalista” Moreno. Pero podría ser un liberal que se tome en serio el liberalismo y ataque a los monopolios o destruya los privilegios empresarios obtenidos mediante la captura del Estado. También ese émulo de Adam Smith sería denostado por “dogmático”, de-subicado y falto de trato con “el mundo material”.

Claro que en la Argentina tales especímenes liberales “dogmáticos” nunca existieron: existió el liberalismo de la dictadura militar y del menemismo, que favorecía las ganancias de ciertos grupos a costa del resto de la sociedad. Esa gente sí que era “pragmática”.

Demasiado tiempo de personal político subordinado a los sectores dominantes, “maleable” a los mandatos corporativos, los ha llevado a reaccionar con furia cuando aparecen figuras con convicciones sólidas, lo que en el manual neoliberal se denomina “dogmatismo”. La satanización de funcionarios con ideas propias confirma que para la derecha local el Estado es un espacio de disputa, en el cual cada cabeza colonizada es una victoria propia

* Economista UNGS-UBA.

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