La distribuci贸n funcional del ingreso revela la participaci贸n de la masa salarial y beneficios empresarios en el PIB. Las mediciones realizadas por diversos institutos, en la Argentina, presentan diferencias significativas. La participaci贸n de los trabajadores alcanza el 39 por ciento para el Centro de Investigaci贸n y Formaci贸n de la Rep煤blica Argentina (Cifra) de la CTA, el 42,4 por ciento para el Centro de Poblaci贸n, Econom铆a y Desarrollo de la UBA (Ceped), dirigido por Javier Lindenboim, el 42,9 por ciento en el caso del Instituto Pensamiento y Pol铆ticas P煤blicas de la Unidad Popular (Claudio Lozano) y el 51 por ciento para el desacreditado Indec. Las diferencias residen en la metodolog铆a y/o datos utilizados. Sin perjuicio de eso, el factor com煤n es que se produjo un crecimiento 鈥揺n mayor o menor medida鈥 de la participaci贸n asalariada en el ingreso durante la etapa kirchnerista.
La estrategia econ贸mica macrista apunta a fijar un nuevo estadio distributivo. El objetivo central es reducir la incidencia salarial en el costo empresario. El reacomodamiento de precios relativos, en perjuicio de los trabajadores, depender谩 del resultado de las negociaciones paritarias vis a vis la din谩mica inflacionaria.
Por lo pronto, el ministro Alfonso Prat-Gay declar贸 que la 鈥減aritaria discute lo que puede discutir, pero no es s贸lo la dimensi贸n del salario sino cuidar el empleo...cada sindicato sabr谩 d贸nde le aprieta el zapato y hasta qu茅 punto puede arriesgar salarios a cambio de empleos鈥.
Los sindicatos alzaron la guardia ante la advertencia ministerial. Por ejemplo, el l铆der camionero Hugo Moyano respondi贸 que 鈥渘o nos van a asustar diciendo que se van a perder puestos de trabajo鈥.
La pretensi贸n de la conducci贸n econ贸mica es que las negociaciones colectivas cierren en un n煤mero cercano al 25 por ciento. Por el contrario, Moyano plante贸 que 鈥渟i fueron generosos con los empresarios, tambi茅n tienen que serlo con los trabajadores鈥.
La idea de que puede haber un gobierno 鈥済eneroso鈥 con todos los sectores es equivocada. La visi贸n de un escenario donde todos salen ganando (win-win) es m谩s cercano a las pel铆culas de ciencia ficci贸n que al mundo real. Las pol铆ticas econ贸micas nunca son neutrales e implican transferencias intersectoriales de recursos. Las apelaciones al 鈥渄i谩logo y consenso鈥 no eliminan la puja distributiva. En todo caso, la implementaci贸n de una eficaz pol铆tica de ingresos puede apaciguar la carrera de precios y salarios.
La l贸gica de funcionamiento del sistema capitalista es que los trabajadores pretendan mejoras salariales y que, como contrapartida, los empresarios pujen por beneficios m谩s elevados.
El grado de intensidad de esa puja distributiva es variable y depende de elementos institucionales e hist贸ricos: combatividad de los trabajadores, niveles de sindicalizaci贸n, existencia (o no) de negociaciones paritarias, tasa de desempleo.
Adam Smith dec铆a que el empleador 鈥減retende pagar lo menos posible por el trabajo que contrata鈥. En esa l铆nea, el presidente de la C谩mara Argentina de Comercio, Carlos De la Vega, consider贸 que los dirigentes sindicales que reclaman aumentos desmedidos 鈥渘o contribuyen a la paz social ni a bajar las expectativas inflacionarias鈥.
El periodista econ贸mico Enrique Silberstein dec铆a que 鈥渘os pasamos la vida hablando contra la inflaci贸n, todo gobierno y todo ministro de Econom铆a (hoy pol铆ticos de la oposici贸n con sus economistas de la city) lo primero que promete es combatir la inflaci贸n. Y, si uno se fija bien, el ataque a la inflaci贸n va dirigido al incremento de los costos, o sea al aumento de salarios. Jam谩s se ha combatido la inflaci贸n diciendo que se debe al crecimiento de las ganancias... Nadie se ha preguntado si las ganancias ten铆an sentido y si eran econ贸micas鈥. La puja distributiva no es otra cosa que la disputa por el excedente econ贸mico entre empresarios y trabajadores. El resultado de 2016 todav铆a est谩 abierto.
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