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Domingo, 15 de noviembre de 2015
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A LOS 70 AÑOS, MURIO HEBER HUGO CARAMBULA, EL INOLVIDABLE “BERUGO”

El adiós al comediante que guitarreaba

Era un pibe cuando debutó en Telecataplum junto a la troupe de “Los uruguayos” y desde entonces se hizo un lugar propio. Brilló como comediante y animador y dejó un único disco que da sobradas muestras de su talento musical.

Por Eduardo Fabregat
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En su última aparición televisiva, Berugo no ahorró chistes negros sobre el mal de Parkinson que lo aquejaba.

“Berugo, Berugo”, decía un botija de la familia, y así Heber Hugo, ese nombre tan uruguayo, se ganó el mote con el que se convertiría en leyenda televisiva. ¿Exageración? Casi 30 años después de Atrévase a soñar, todavía una coincidencia cualquiera se celebra con aquello de “Alcoyana-Alcoyana”. Las caras del payador Gabino están fijadas en la memoria popular. No es ningún secreto que era un guitarrista extraordinario, aunque haya grabado un solo disco. Y más de uno no teme ponerse cursi e imaginar un gran reencuentro de la inolvidable troupe de los uruguayos. Ayer, a los 70 años y tras lidiar durante una década con el Mal de Parkinson, murió Heber Hugo Carámbula. Murió Berugo, dejando la pena que produce la partida de esos tipos que no se conocen personalmente pero se hacen querer.

Nacido en Las Piedras, Canelones, el 31 de octubre de 1945, Berugo tuvo una vida que fue inseparable de la vida artística. Es que era apenas un pibe cuando pisó por primera vez los estudios de televisión: en 1962 formaba parte de Los Chicago Stompers, la banda que musicalizaba el primer impacto de un grupo de cómicos que haría historia grande. Desde el Canal 12 de Montevideo, Telecataplum hizo conocidos a Quique Almada, Ricardo Espalter, Raimundo Soto, Eduardo D’Angelo, Andrés Redondo, Henny Trayles, Gabriela Acher y Julio Frade (y otros que se sumarían con el tiempo), pero también fue la plataforma para que el joven músico se revelara como comediante: fueron los cómicos los que advirtieron el poder de esos ojos pícaros y esa capacidad para generar risas con módicas intervenciones verbales, y lo sumaron al equipo.

El éxito del programa lo convirtió en producto de exportación, y pronto los uruguayos fueron de consumo masivo en la televisión argentina. En Comicolor, en Hupumorpo y en Hiperhumor, Berugo encontró su lugar entre comediantes excepcionales, reservando siempre un lugar para la música: antes de las payadas de final censurado de Gabino, Carámbula ya se había mostrado tocando el serrucho con smoking y zapatillas, y siempre buscó alguna excusa para darse el gusto con la guitarra. Pero más allá de los sketches en equipo, Berugo brilló de manera solista como animador de ciclos de concurso en los que lograba una empatía inmediata con los participantes, la tribuna y el espectador. Ese estilo de bromear con el concursante sin sobrarlo nunca que asomó en Atrévase a soñar le deparó un Martín Fierro, y abrió la puerta a programas como Todo al 9, Amo a Berugo, Clink caja y Jugar por jugar. Los juegos podían variar, pero los productores sabían que la mera presencia de Berugo garantizaba el encendido.

Pero el universo del uruguayo no se limitó a la pantalla chica. Desde su debut en Joven, viuda y estanciera (Julio Saraceni, 1970), sus participaciones en cine fueron tan diversas como Señora de nadie (María Luisa Bemberg), Los bañeros más locos del mundo (donde, en una trama por demás leve, desataba carcajadas con su sátira de He Man), la comedia western Los Irrompibles y Cantaniño cuenta un cuento, expresión cinematográfica de su participación en programas infantiles como Supershow infantil. Esa faceta provocó el llamado de Hugo Midón para varios espectáculos teatrales, incluyendo el emblemático La vuelta manzana.

Quizá la única gran deuda que le haya quedado a Berugo es la música: Solo de guitarra, el disco que editó EMI en 1976, es un notable recorrido por obras de Atahualpa Yupanqui, Astor Piazzolla (a quien además homenajeó con un tema propio, “Piazzollex”), Baden Powell y Eduardo Arolas. “Puedo asegurarles que salió como si realmente hubiera tocado frente a ustedes. Creo que este disco es una buena adquisición, yo ya me lo compré”, decía en la contratapa. Pudo darse el gusto de tocar a dúo con su hijo Gabriel en La Cueva, el programa que conducía Antonio Birabent en Telefe; pero es una pena que, siendo semejante guitarrista, Berugo no haya dejado más registros.

Su última aparición televisiva fue en un reportaje de Chiche Gelblung en 2008, donde relató su enfermedad descerrajando un chiste negro detrás de otro (“No hay que tomarlo como una cosa espantosa, sirve para hacer el amor y ponerle azúcar a los churros... pero recomiendo no dedicarse a francotirador”, tiró sin inmutarse). Así, su despedida pública fue similar a su debut: despertando una sonrisa, ese difícil arte que se traduce en afecto popular. Heber Hugo Carámbula se fue ayer. Berugo se queda para siempre.

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