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Sábado, 20 de febrero de 2010
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Recital de Emir Kusturica y la No Smoking Orchestra

Un gran circo de los Balcanes

La banda volvió a desplegar su festivo cóctel hecho de punk, rock, ska y los más diversos folklores europeos, preferentemente del Este. El carisma de su cantante, Dr Nelle, y el fervor del público contribuyeron para que el show se convirtiera en un curioso ritual colectivo.

Por Karina Micheletto
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La No Smoking Orchestra cerró ante seis mil fans la gira argentina que había iniciado en el Cosquín Rock.

Calor húmedo hasta el pegote en Buenos Aires, vapor y humo dulce adentro de un Luna Park lleno de cuerpos ya brillantes, mojados, antes de que empiece el show. La previa del concierto de Emir Kusturica y su No Smoking Orchestra luce dividida según franjas y actitudes etarias a su manera organizadas: en el campo, el colorido de los preparativos para un encuentro rockero de estadio; el público de más de treinta distribuido algo más cómodamente en las plateas. Apenas hace su ingreso la banda balcánica más argentina, la fiesta que se desata unifica la consigna del Luna al ritmo de ese himno-manifiesto que es “Unza unza time”: es hora de bailar, de agitar o de poguear, según a cada uno le den las tabas. Aquí, señoras y señores, no alcanza con escuchar.

Eso es lo que queda claro apenas Nelle Karajilic, el carismático vocalista de la banda, lanza el “Buenas noches, Buenos Aires” de rigor, enfundado en su disfraz de super héroe tercermundista. Lo que siguen son dos horas que vuelven a mostrar lo que podría calificarse como un fenómeno, si no fuera porque el término no termina de encajar del todo ante un hecho, al fin y al cabo, artístico: una banda de desharrapados serbios y bosnios, con agite de fútbol de ascenso, disfraces de corso pobre y panzas de bombisto santiagueño (los sustantivos y adjetivos bien pueden intercambiarse), que fascinan a un público local que los siente absolutamente propios. Que logra que una multitud grite con entusiasmo “¡¡fuck you MTV!!”, y con la misma ardorosa convicción se declare admiradora no ya de Boca o de River, sino de ¡Excursionistas!, vivando la camiseta verde y blanca –no cualquiera, la del centenario del club– en los bises. Y después, que no digan que el sistema no admite fisuras.

En eso anduvieron Emir Kusturica, Dr. Nelle y los otros siete miembros de la No Smoking Orchestra, el jueves pasado, ante unas seis mil personas en el Luna Park, como parte de la gira que comenzaron en el Cosquín Rock. Volvieron a desplegar un festivo cóctel propio hecho de punk, rock, ska y folklore balcánico –que incluye, a su vez, otro cóctel de influencias árabes, turcas, rusas, griegas, italianas, indias, que hacen implosión en las comunidades gitanas de Serbia, Bosnia, Macedonia, Albania, Hungría, Rumania–. Y también una efectiva puesta circense en la que Nelle Karajilic –sobre el final, en calzoncillos y medias tres cuartos, confirmado como el cantante menos sexy de la historia– fue amo y señor.

Así, sonaron canciones de películas como Gato negro, gato blanco y La vida es un milagro, temas como “Was Romeo really a jerk?” o el más rockero “Devil in the business class”, música de bodas y funerales mezclada con puteadas a MTV y Estados Unidos. Y en el medio, riffs de himnos como “Shine on you crazy diamond” de Pink Floyd, “Smoke on the water” de Deep Purple o la música de la Pantera Rosa de Henry Mancini. Pero además –y sobre todo– los nueve grandotes serbios pilotearon un circo en el que hubo números de acrobacia y equilibrio (el violinista Dejan Sparavalo y el mismo Kusturica frotando sus instrumentos contra un arco gigante; la clásica guitarra giratoria con lucecitas de colectivero de Ivan Maksimovic), salto en largo (Dr. Nelle tirándose en palomita sobre la masa poguera), participación del público sobre el escenario y payasos toda la noche.

En la conferencia de prensa previa al concierto, Kusturica se encargó de repetir que el público de este país es el que mejor le sienta a la banda, que la Argentina es el lugar que elegiría para vivir. ¿Demagogia? Tal vez. Pero no cuesta mucho imaginar a cualquiera de estos nueve grandotes adaptado como el vecino lumpen de la cuadra, ese que sale a la esquina en camiseta, a tomar fresco y cerveza con la barra.

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